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ZP invitado de honor en el Desayuno de la Oración
Mario López
Estoy perplejo. Acabo de leer una noticia que es de esas cosas que decimos nunca vistas: “El escándalo se ceba en el Desayuno de la Oración”. Vamos, digno de figurar en una antología de la literatura surrealista francesa. Resulta que existe una secta católica, conservadora y secreta llamada La Familia –que no sé yo si es del estilo de "La gran familia" de nuestro Fernando Palacios o, más bien, tiene que ver con la Cosa Nostra-.
Resulta que los susodichos herméticos organizan una semana del Desayuno Nacional de la Oración y han invitado a nuestro denostado presidente Zapatero a orar, en calidad de principal orador. Nuestro presidente, de buen rollito como siempre, ha aceptado la invitación amablemente sugerida por el Departamento de Estado norteamericano. Qué cosas. El caso es que dos ugandeses, miembros de la oscurantista organización conservadora, han presentado en el congreso una ley actualmente en tramitación que propone aplicar la pena de muerte a los homosexuales. No sé si con estos precedentes ZP orará sobre el matrimonio gay. Yo que él lo haría, con un par de gametos (o cigotos que es algo más evolucionado). Luego, parece ser que La Familia gestiona la casa de la calle C de Washington que es, a efectros fiscales, una iglesia en la que vivían un senador del Partido Republicano y un ex congresista que protagonizaron grandes escándalos sexuales allá por el 2008. Bueno, hace ya algún tiempo leí “La mujer sentada” de Guillaume Apollinaire y no me impresionó mucho más; y eso que en aquella novela las mujeres se vuelven poliándricas y los soldados se imaginan una religión del honor cuyo rito más notable es el suicidio, los duques rusos fustigan a cortesanas francesas y se escucha un concierto de cámara a cañonazos en las trincheras de Mame y el tumulto de las barricadas de Paris; mientras se asiste a carnavales, bailes de disfraces y orgías. Vamos, una chuminada (claro que antes de sacar alguna conclusión peyorativa habría que someterlo a la consideración de nuestro Rouco Varela, que en perversiones es todo un doctor). Hay veces que leyendo el periódico te asalta la extraña sensación de que te estás enfrentando a un relato de Guillaume Apollinaire. Apetece leerlo repanchingado en la cama con una bolsa de patatas fritas, un bote de leche condensada, unos sandwiches variados (vegetal, ahumados, sobrasada, paté de fua, cangrejo, queso con anchoas, ensaladilla y virutas de ibérico con pasas) y una caja de Mahou (si además te fumas un porro de maría y pones la radio, eso ya puede ser la caña).
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