|
Bienvenido Mr. Obama
Mario López
No viene Obama. Vaya, qué contrariedad. Así que, como no viene Obama, cerramos el chiringuito y nos quedamos sin Cumbre. Pues sí que estamos buenos ¿Qué hubiera pasado si Pepe Isbert hubiera hecho lo mismo en “Bienvenido Mr. Marshall”? Pues que nos hubieramos quedado sin película. Estoy profundamente decepcionado con nosotros mismos. Cada vez este país se parece menos a sí mismo ¿No es ésta la patria de “El quimérico inquilino”, “El licenciado vidríera”, “La ilustre fregona”, “La venganza de don Mendo”, “El optimista antropológico” o “La lideresa imposible”? A ver, ¿qué pasaba en el cole cuando tu profesor se disponía a iniciar el dictado y tú levantabas tu temerosa mano y con un hilillo de voz te atrevías a decir: “don Antolín, que no tengo lápiz”? A ver, ¿cómo reaccionaba tu autoridad encarnada en profesor de primaria? Se detenía de sopetón y rígido como una estatua de bronce ser giraba lentamente sobre su centro de gravedad (que era grave de cojones) hasta hacer coincidir su acerada mirada con tu párbulo rostro. Con una ceja arqueada a lo Fernán Gómez (que en paz descanse), conteniendo una ira infinita y regodeándose en cada sílaba te replicaba: “pues lo pin-tas”. Pues ya está, coño. Que no tienes Obama... pues lo pintas. Cogemos a Alberto Ruíz Gallardón –que es lo más parecido que tenemos en cabellera y complexión al carismático líder- se le da una mano de betún y a correr. Ya tenemos Cumbre. En la Guerra Civil, teníamos un ejército tan paupérrimo que en el frente de Aragón se podían tirar, ateridos de frío, trinchera contra trinchera, semanas enteras sin pegarse un solo tiro (y es que, como diría Marx, el ahorro es la base del capital). Contaba Georges Orwell que, como no podían matar al enemigo, intentaban convencerle para que se pasara a su bando.
- ¡Pan caliente con mantequilla! –decía el facundo miliciano, y su voz retumbaba por el valle solitario-. ¡Aquí estamos sentados y untando mantequilla en pan calentito! ¡Deliciosas rebanadas de pan con mantequilla!
Claro que Orwell contaba esto antes de conocer los terribles desastres de la guerra que más adelante se produjeron. Pero esa es otra historia. El caso es que estamos perdiendo nuestro talento natural para sobreponernos a la adversidad. Y no me extraña nada, teniendo como tenemos a este par de líderes que aburren a las cabras y a los cabreros.
|