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Adictos sexuales
Octavi Pereña
Tiger Woods, el célebre campeón de golf, ha pasado a ocupar los titulares de los medios de comunicación, no por sus éxitos deportivos, sino por el accidente que ha tenido yendo acompañado de una de al menos catorce amantes que dice ha tenido. La noticia ha sido una buena advertencia para los millones de maridos infieles a sus esposas al ver como uno de los más grandes ídolos deportivos de los norteamericanos perdía crédito social en cuestión de días. Cuando las barbas del vecino ves pelar, echa las tuyas a remojar.
Ahora, el ídolo caído ha ingresado en una prestigiosa clínica de rehabilitación de adictos sexuales en donde ha sido atendido por Patrick Carmes, especialista de renombre en inclinaciones eróticas desviadas, con la esperanza de que con la ayuda de fármacos y una psicoterapia bien administrada le puedan curar de su comportamiento sexual compulsivo.
Hoy, ya no se dan comportamientos morales equivocados, para decirlo más claramente: pecados. Actualmente los comportamientos desviados se incluyen en un paquete que se llama enfermedad. Se dan enfermedades físicas y síquicas. Quien sufre una enfermedad mental que le impulsa a hacer acciones equivocadas, no es responsable de sus actos. La responsabilidad recae en la enfermedad, no en el enfermo. Desde el punto de vista clínico el comportamiento sexual desviado se ha convertido en una pandèmia.
Es cierto que no todos los adictos sexuales llegan al nivel de Tiger Woods. Esto depende del poder adquisitivo del adicto. La mayoría debe conformarse con revistas pornográficas, páginas eróticas digitales o de los servicios de prostitutas, que los hay de todos los precios. Fíjese el lector de que manera tan gráfica describe el profeta Jeremías el comportamiento sexual de su tiempo: “Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto? , dijo el Señor. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma?” (5:8,9). Una cosa está bien clara: la sexualidad fuera del matrimonio siempre conlleva problemas de pareja y de familia.
El Antiguo Testamento se cierra con el libro del profeta Malaquías, que trata de la fe cínica de los judíos que creían que no importaba lo que hiciesen en tanto conservasen las formas externas de la religión. ¿No es esta una situación parecida a la que se da en nuestros días? El resultado de esta hipocresía se hace evidente.
Quien siembra vientos recoge tempestades. El resultado del fariseísmo religioso afectó a las relaciones conyugales. Según la Biblia la adicción al sexo no es una enfermedad que se pueda curar con técnicas sicoanalíticas y fármacos, es la consecuencia de que el hombre se ha apartado del Dios único y verdadero. Este Dios airado con los judíos hipócritas no puede aceptar las ofrendas que ponen sobre el altar. El rechazo de Dios les mueve a preguntarle. “Por qué?” La respuesta que reciben de Dios es: “Porque el Señor ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto…Vigilad, pues, vuestro espíritu, y no seáis desleales con la mujer de vuestra juventud. Porque el Señor Dios de Israel ha dicho que aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo el Señor de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu y no seáis desleales” (2:14-16). Cubrir con un vestido es una expresión bíblica que significa que una persona se pone bajo la protección de otra. Al ser Dios quien cubre la violencia que se le hace a la mujer quiere decir que pone bajo su protección a la repudiada. La pregunta es: ¿Desea la mujer injuriada ponerse bajo la protección divina?
Por alguna razón la Biblia ordena “no deseará a la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20:17). Se celebra que médicos prestigiosos procuren curar a los enfermos adictos al sexo porque están afectados por una dolencia que los perjudica a ellos y a sus familias, pero los pro – médicos se ponen por las nubes cuando se les dice que la Biblia prohíbe desear a la mujer del prójimo porque es un atentado contra la libertad. ¿Verdad que no se protesta contra las leyes que limitan nuestra capacidad de movimiento al perseguir el bien común? Nos puede desagradar que se sancione al conductor que tiene enajenadas sus facultades mentales debido al exceso de alcohol o de drogas porque supone un peligro para otros conductores, pero se acepta porque ello es un bien común. Para nuestro bienestar personal y familiar Dios prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Se manifiesta sentido común cuando se acata dicha prohibición y se la obedece.
“No desearás a la mujer de tu prójimo” o “no cometerás adulterio” señalan la existencia de una infección espiritual que impulsa a hacer aquello que desagrada a Dios, pero no capacitan al hombre a ser fiel a su esposa ni a la mujer serlo para con su esposo. Tiger Woods, el golfista famoso y otros adictos al sexo de la jet-set necesitan médicos como Patrick Carmes para que los curen de su adicción. La curación, si se produce, no es total porque la psicoterapia y las drogas no alcanzan al alma que es donde se engendra el deseo sexual desordenado. “No desearás” o “no codiciarás” no tienen la finalidad de apagar el deseo sexual que se ha desbordado, sino que señalan a Cristo que cura el pecado. Jesús no se interesa por las personas buenas (?) que han tenido la mala suerte de que les haya salido un tumor que diagnosticado como “adicción sexual”.
Jesús lo deja bien claro cuando dice: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos…Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores al arrepentimiento” (Mateo 9:12,13). Si la compulsión sexual es una enfermedad como lo es el cáncer, médicos como Patrick Carmes la curarán si es que tiene remedio, pero si es un pecado como afirma la Biblia, entonces sólo Jesús lo puede hacer. De manera parecida a la de aquella mujer del evangelio que había gastado todo lo que tenía en médicos que no le curaron su pérdida de sangre, al final confía en Jesús y su fe la salvó así deben hacerlo quienes lo han probado todo para poner fin a su adicción sexual y no lo han conseguido.
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