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Traición en el momento de la verdad
David S. Broder
WASHINGTON - El mismo día de esta semana en que la Oficina Presupuestaria del Congreso advertía de que la sucesión de déficit presupuestarios multibillonarios antes inimaginables puede conducir a la ruina al país, el Senado se enfrentaba al momento de la verdad.
Por primera vez una propuesta verdaderamente bipartidista destinada a evitar semejante calamidad se sometía a votación. Por 53 a 46 votos, los senadores aprobaban la legislación descrita oficialmente como un proyecto de ley de "acción fiscal responsable, encaminado a garantizar la estabilidad fiscal a largo plazo y la seguridad económica del gobierno federal de los Estados Unidos, y ampliar la futura prosperidad y el crecimiento a todos los estadounidenses".
Por supuesto, tratándose del Senado del siglo XXI, significaba la derrota por no reunir la mayoría de 60 votos a prueba de veto legislativo a la que ahora siempre obliga la oposición.
Mientras el Presidente Obama pronunciaba su primer discurso formal del estado de la nación, el cliché periodístico reinante describía al "electorado enfadado y frustrado" al que se enfrenta. Si quiere saber a dónde debería encaminarse realmente su indignación, eche un vistazo al registro de votación del Senado el martes y el énfasis de 22 Demócratas, 23 Republicanos y un independiente que se unieron para hundir lo que uno de los legisladores que presentaban el proyecto llama "la mejor esperanza hasta la fecha de evitar una catástrofe.
Estos son los hombres y mujeres que anteponen la política a las necesidades del país y recompensan a sus propios electorados en lugar de servir al interés nacional.
La medida que el Senado debatió y tumbó salió de la inquietud experimentada por su propio comité presupuestario. El secretario, el Demócrata de Dakota del Norte Kent Conrad, y el ex secretario y representante Republicano de New Hampshire Judd Gregg, habían visto crecer el gasto deficitario a medida que la administración anterior se negaba a subir los impuestos para financiar las guerras de Irak y Afganistán o la ampliación de Medicare y los demás programas nacionales.
Hace dos años, Conrad y Gregg llegaron a la conclusión de que con el Congreso atascado, la vía con mejores probabilidades de éxito era crear una comisión de pequeño tamaño pero grandes competencias - con la facultad de analizar sin límites todo lo relativo al gasto y los ingresos del gobierno. Si 14 de sus 18 miembros, elegidos por los líderes de ambos partidos en el Congreso y por el presidente, se podían poner desacuerdo en una recomendación, ésta saldría adelante - y sin enmiendas - para ser sometida a votación en la Cámara y el Senado.
La aprobación quedaría sujeta a una doble prueba de fuego bipartidista: en primer lugar la propia Comisión, en donde ninguno de los partidos "controla" más de 10 votos, y después el Congreso, donde las mayorías a prueba de veto serían necesarias en la Cámara y el Senado - todo pendiente aún del veto presidencial.
A pesar de todas estas garantías de procedimiento, los líderes de ambas partes se negaron. Hizo falta una delegación del Congreso, reunida con el Vicepresidente Joe Biden, para persuadirle de implorar el Presidente Obama su apoyo - cosa que hizo el sábado nada menos como parte de su pasión recién descubierta por la reducción de algo del gasto público.
La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, se mantuvo firmemente en contra hasta el final. Tanto el secretario de la oposición en el Senado Mitch McConnell como su representante en funciones Jon Kyl lo rechazaron. Esto animó a los grupos de interés de todas las partes a presionar a los distintos senadores para votar en contra.
Fue una coincidencia curiosa, con el blog izquierdista Daily Kos y los sindicatos instando a los Demócratas a "proteger la seguridad social y Medicare" de los cambios, mientras el activista anti-impuestos Grover Norquist y grandes secciones del tejido empresarial advertían a los Republicanos de que su aprobación podría conducir a impuestos más altos.
Conrad me dio los nombres de los seis Republicanos que habían apoyado el proyecto de ley, pero acabaron votando en contra. Gregg, en una entrevista por separado, confirmó la lista diciendo: "No pudimos soportar la presión".
Espero que esta votación sea recordada en noviembre.
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En un momento en que el Senado está demostrando su irresponsabilidad, uno de sus mejores alumnos, el Senador de Maryland Charles McC. Mathias, murió a los 87 años de edad después de una vida larga y productiva. Independiente sin miedo, discretamente valiente, absolutamente encantador, era todo lo que el Senado hoy necesita y de lo que carece, un modelo de lo que deberían buscar los votantes en las elecciones de este año.
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