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España en quiebra
Almudena Negro
Tocata y fuga. El régimen del consenso socialdemócrata pergeñado contra los ciudadanos está dando sus últimos y terribles coletazos. En todos los ámbitos. Del económico al moral. Lo que vendrá después es incierto, aunque todo apunta, viendo también el panorama europeo que nos rodea, que la cosa podría terminar en populismo. Dependerá de la reacción de la sociedad civil. Yo, desde luego, soy pesimista. Ahí tienen a Rubalcaba y el chivatazo del Faisán, escándalo indigno de colaboración con banda armada que en cualquier sociedad abierta hubiera provocado la caída de todo el gobierno y que en la España en ruinas cuya preocupación es si la independentista catalana, hija de militar franquista, Karmele Marchante, irá a Eurovisión, está pasando prácticamente desapercibido.
España, se mire como se mire, está en quiebra. Quiebra moral y quiebra económica que se retroalimentan la una a la otra. Empero, se acabó la gran mentira instalada gracias a 25 años de LOGSE, o sea, de demolición moral e intelectual y asesinato de decenas de miles infantiles, que reza que “el Estado no puede quebrar”. España, aunque las víctimas de Marchesi y Maravall no lo sepan, es campeona mundial de la quiebra. Trece veces en los últimos siglos. Sin embargo, en la España liquidada por la mentalidad estatista, los hay que quieren seguir disparando, en forma de subvenciones y déficit, cohetes. Con pólvora ajena. Les estallará en las manos y se los llevará por delante.
En realidad, después de la caída del Muro de Berlín que sustentaba al socialismo real sólo era cuestión de tiempo que su teoría más moderada pero, como acertadamente señalaba Ludwig von Mises, igualmente liberticida, la socialdemocracia, se viniera abajo arrastrando consigo el mal llamado Estado del Bienestar, que es en realidad un Estado omnipotente que no cesa de meter la mano en carteras y vidas ajenas. De los impuestos a la imposición de las costumbres sexuales en los dormitorios. Y el cibersexo, penúltima ocurrencia de las insolventes intelectuales y feministas radicales Trinidad Jiménez y Bibiana Aído.
El gobierno socialista, posiblemente con la complicidad de la oposición socialdemócrata que representa el Partido Popular, se ha empeñado en aplicar recetas que sólo llevarán a prolongar la agonía. Encarnizamiento terapéutico que provocará un empobrecimiento brutal de las clases medias. Proponen los socialistas retrasar la jubilación –que ellos mismos, con el fin de liquidar a clases intelectuales prestigiosas y colocar a los amiguetes, impusieron en los ochenta- de los trabajadores. Escándalo entre los currantes que saben que a Sus Señorías, sin embargo, les basta con ocupar siete años como culiparlantes un escaño en el Congreso para acceder a la máxima jubilación. Privilegios feudales que en tiempos de crisis no se consienten ni siquiera por parte de los corderos del silencio. En realidad poca o ninguna importancia tiene el asunto. Fundada [en tiempos de Franco; como el sistema laboral que defiende la denominada izquierda] la Seguridad Social sobre base a un sistema piramidal, sólo es cuestión de tiempo y atraco de muchos que la demografía negativa la liquide. Y es que la pirámide hace ya tiempo que se estrecha por la base. Los funcionarios, cada vez más numerosos, que son quienes sostienen, contra los trabajadores, a los socialistas, que no se equivoquen. Llegará el momento en que no se puedan pagar sus sueldos.
El Estado español, señores, está en quiebra. En resumen: la fiesta terminó. Sólo quedan ZP y sus muchachos bailando solos y patéticos en la pista.
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