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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · Robert J. Samuelson
Bernanke 2.0: Reconstruir la confianza


Robert J. Samuelson


Robert J. Samuelson Robert J. Samuelson
lunes, 1 de febrero de 2010, 09:32
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WASHINGTON - Ahora que el Senado ha confirmado su segundo mandato como gobernador de la Reserva Federal, Ben Bernanke tiene, o debería tener, un programa muy simple: mejorar la confianza. Esto no depende únicamente de él, por supuesto. Tampoco es que el Presidente Obama o el Secretario del Tesoro Timothy Geithner sean actores secundarios del reparto. Pero lo que haga y diga Bernanke - la imagen que proyecte de sí mismo y de la Reserva - tiene un enorme impacto, y se enfrenta a un reto exigente.

Existe la teoría entre los economistas académicos (la tribu de la que viene Bernanke) de que "la legislación política económica" consiste en tomar decisiones relativas a tipos de interés, tipos tributarios y gasto público, y que los reglamentos se traducen, casi mecánicamente, en hechos a través de empresas y consumidores que contratan o despiden, gastan o ahorran, invierten o recogen beneficios. Tal como está el patio, Bernanke sin duda reconocerá que este modelo económico es en el mejor de los casos una mezcla entre realidad y ficción.

El famoso economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) acuñó la frase "instintos animales". Menos elegantemente, nosotros hablamos de "emociones". Cualquiera que sea el vocablo, la lección es la misma: la psicología pesa. Los ciclos de expansión se originan a partir de un exceso de confianza; las contracciones suscitan gran temor. Las recuperaciones requieren un creciente optimismo. De lo contrario, el abatido consumidor limita el consumo a las necesidades imprescindibles y las empresas aplazan la expansión y las contrataciones.

Según múltiples indicadores, la confianza ha mejorado. En mitad de la crisis en octubre de 2008, el 73 por ciento de los estadounidenses calificaba la situación económica de "mala" y el 84 por ciento pensaba que estaba "empeorando", según las encuestas Gallup; las recientes respuestas de mediados de enero apuntan un 47 por ciento y un 58 por ciento -- triste, pero mejor. Los tipos de interés de muchos títulos de deuda pública han descendido acusadamente. En octubre de 2008, la deuda privada corporativa de la máxima calificación crediticia brincaba el 9,5 por ciento; ahora ronda el 6.2 por ciento. Los agentes de crédito se han vuelto menos remisos; los mercados de crédito, aunque escaldados, registran mayor actividad.

Sin embargo, la confianza sigue siendo frágil, por razones obvias. El desempleo supera el 10 por ciento y puede permanecer elevado durante años. Las últimas perspectivas dadas a conocer por la Oficina Presupuestaria del Congreso proyectan un 10,1 por ciento de paro para este año, 9,5 por ciento el que viene y un 8 por ciento para 2012. En ese contexto, la misión de consolidación de la confianza que tiene Bernanke se enfrenta a dos problemas.

Uno de ellos es que gran parte de Washington conspira para erosionar la confianza. ¿Cómo puede ser eso teniendo presente la importancia de la psicología? Simple.

Una crisis en general despierta unidad política ( "todos estamos juntos en esto") o bien astucia ( "es culpa de ellos, no mía"). Esta crisis ha producido más de la segunda que de la primera. Por supuesto, la búsqueda de culpables y las medidas de corrección son inevitables y deseables. Pero la mayoría de lo que vemos ahora mismo es la política grandilocuente de toda la vida. Desde luego, Bernanke no vio venir la crisis, pero su respuesta agresiva contuvo los daños. Tacharles a él y a la Reserva Federal de herramientas del sector financiero da rienda suelta a las iras populistas, pero no explica lo que pasó. Las propuestas desaconsejables de restringir las competencias de la Reserva - limitar sus competencias a la regulación de las grandes instituciones financieras y someterla a "auditorias" como las actuales - han ganado adeptos.

Revisten riesgos. Uno de los pilares de la confianza es la creencia en que la Reserva puede actuar rápida y decisivamente en una crisis; sin duda, eso es lo que nos libró de una recesión más acusada. Pero ahora el Congreso podría limitar esas competencias o vilipendiar a la Reserva hasta intimidarla. Rematando estos motivos de incertidumbre se suman cuestiones legislativas pendientes relativas a la sanidad y la "reforma" financiera. La decisión de la administración de sacar adelante la legislación sanitaria como fuera fue un error de manual. Sembró el conflicto y consumió tanto tiempo que paralizó la adopción de medidas en otros terrenos. La estrategia empresarial y las proyecciones de crecimiento han salido perjudicadas, porque las empresas tienen dificultades para predecir sus gastos y su rentabilidad.

El segundo problema, aunque técnico, es también crucial. Durante la crisis, la Reserva Federal se convirtió en "el agente de crédito de emergencia" de gran parte de la economía. Creó entidades de préstamo extraordinarias para apuntalar bancos, mercados de fondos monetarios y el mercado de títulos a corto plazo no garantizados. El crédito de la Reserva registró un aumento superior al billón de dólares. Estas entidades atajaron de raíz el pánico financiero, y la entrada de crédito privado se reanudó. La Reserva empezará a disolver la mayoría de las entidades a partir del 1 de febrero. Pero a medida que este préstamo cedía terreno, la Reserva ampliaba el resto de préstamos. En concreto, se ha comprometido a adquirir letras de deuda pública y títulos de respaldo hipotecario por valor de 1,75 billones de dólares. El objetivo era reducir los tipos de interés a largo plazo. Según algunos estudios, los tipos podrían haber cedido un punto porcentual en el caso de algunos valores hipotecarios y medio punto en las letras de deuda pública a 10 años.

La pregunta es cuándo y cómo poner fin a esta política de crédito a tipos inferiores, que se ve agravada por los tipos de interés en torno al cero de los créditos a corto plazo expendidos a la banca comercial. Las adquisiciones de títulos de deuda ya se han detenido; la compra de valores de respaldo hipotecario está prevista que desaparezca en marzo. La Reserva Federal se enfrenta a un dilema clásico. Si retira demasiado rápido el crédito a tipos inferiores al mercado, los tipos más altos pueden sabotear la recuperación. Pero mantener la política de crédito a tipos inferiores demasiado tiempo puede salir por la culata si elevan las expectativas inflacionarias y provocan la pérdida de confianza en el dólar.

Bernanke sin duda saborea su confirmación, pero que inspire confianza depende de sus respuestas a enormes problemas políticos y económicos, tanto conocidos como por conocer.

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