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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La solidaridad del mundo taurino

Rafael Ávila y Julio Ortega
Redacción
sábado, 30 de enero de 2010, 22:54 h (CET)
Parece ser que el matador de toros Sebastián Castella, se llevará por delante la vida de seis de estos animales en la Ciudad francesa de Nimes y será con la disculpa de socorrer a los damnificados en Haiti. La escabechina tendrá lugar el 13 de Mayo, así que el dinero destinado a esta causa aparentemente solidaria, si llega a las víctimas, lo hará cuatro meses después del terremoto, pero claro, conviene airearlo ya por eso de ir ganándose la simpatía de los ciudadanos rozándoles la fibra sensible.

Y decíamos que “si llega”, porque cuando hay iniciativas taurinas de esta naturaleza, lo habitual es que se tengan que descontar los gastos, pues cobran los toreros, los ganaderos y todos aquellos cuyo altruismo, comienza una vez que el saldo de su cuenta ha aumentado. Y si no que se lo pregunten a la Diputación de Castellón, a la que la organización de la Corrida de Beneficencia de Junio de 2008 le costó 189.388 euros, destinados entre otras partidas a pagar 89.000 euros a los diestros y 40.000 a los propietarios de los animales. Cuando se hacen esos quiebros y la mascarada no sólo no le resulta onerosa al filántropo, sino que encima le reporta beneficios, da gusto brindarse a ella y por añadidura, quedar ante la opinión pública como un individuo comprometido y generoso.

Es muy curiosa la bondad de todos estos caballeros que viven de la tauromaquia, siempre tan dispuestos a echar una mano allí donde más falta hace y pregonando por doquier su caridad, pero normalmente cobrando por ella. Sin embargo, sobre o no dinero de la recaudación para el supuesto objetivo del acto, la coletilla de “benéfico” ya no se la quita nadie y eso es lo que les importa, pues permanecerá en la memoria de los ciudadanos que lo más probable, es que no pidan explicaciones posteriores sobre el reparto del dinero.

¿Qué hay que torturar y matar animales para decir que se ayuda a seres humanos?, eso parece no atormentarles y es que de paso, les viene muy bien para darle un poco de oxígeno a la tauromaquia, ahora que no pasa por el mejor de sus momentos y es motivo de debate en la Sociedad, una realidad inherente a la evolución del hombre y a su lógico alejamiento de costumbres crueles y salvajes antes autorizadas y que el progreso se va encargando de erradicar.

Leíamos en un Diario la siguiente frase a propósito de la corrida de Nimes: “Sebastián Castella ha dado el paso al frente como voluntario para apuntalar y reconstruir la vida entre tanta muerte: matará seis toros…”. ¿Qué les parece?, han escogido a este torero como podrían haber elegido a cualquier otro. La cuestión es que la industria taurina ha visto en la tragedia del País caribeño una buena oportunidad para lavar su imagen y recabar apoyo social, el mismo que va perdiendo día tras día.

Pero es lo de siempre, que lo único que saben hacer es matar. No curan, no acompañan, no arrancan una sonrisa a las víctimas, tampoco consuelan, construyen o limpian, ellos matan. Y tan convencidos están de que torturar y acabar con la vida de un ser vivo es algo entretenido y encomiable, que no les produce el menor rubor afirmar que “apuntalan y reconstruyen la vida entre tanta muerte”, lo paradójico es que lo logran ensartándole casi 90 cms. de acero a unos cuantos toros, que no han causado el menor daño ni tienen culpa alguna del terremoto.

Nos parece un insulto para médicos, bomberos, militares o voluntarios de todo tipo que están ayudando en Haiti, así como para todas aquellas personas que han realizado la donación que buenamente han podido, que estos matarifes se quieran presentar como espíritus desprendidos y solidarios cuando por una parte, van a provocar un sufrimiento terrible a unos animales inocentes y por la otra, se intuye que su verdadera intención es aparecer ante los ciudadanos como hombres inmaculados dedicados a una actividad sana e imprescindible. Pero lo cierto, es que ninguna escenificación como esta, va a limpiar de sangre ajena sus manos, de ruindad su farsa, ni va a evitar la depravación que su conducta traslada a una sociedad que la tolera y subvenciona. Esto no es generosidad ni sensibilidad, es aprovechar la angustia colectiva ante el padecimiento humano, para intentar consolidar un negocio basado en la tortura de animales, brutal y vergonzoso, pero que ya se tambalea, porque como a todas las atrocidades que se cometen de forma impune, le va llegando su fin.

Que lo ocurrido en Haiti es una tragedia estremecedora no se le escapa a nadie, y que toda la ayuda es tan necesaria como poca, es indudable. Pero el modo más ético y efectivo de contribuir para paliar semejante dolor y destrucción no es comprar una entrada para un espectáculo cruel, sino entregando el dinero a una de tantas ONGs que colaboran en atenuar los efectos de ese drama. De ese modo, no sólo evitaremos generar muerte con la disculpa de salvar vidas, también estaremos seguros de que toda la aportación económica llegará a las víctimas, que son los que más la necesitan.

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