Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Sistemas educativos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 29 de enero de 2010, 06:51 h (CET)
Una vez y otra, pese a implantar contra toda lógica planes y más planes de Educación –son tan numerosos como irracionales los que nos han hecho rabiar desde la implantación de la Democracia-, seguimos siendo los líderes de Europa en cuanto a fracaso escolar. La cosa no es sólo grave, sino tremenda, porque este hecho desviste nuestro futuro de posibilidades. Y esto es así porque, independientemente de que hayan sido distintos los legisladores, si bien casi siempre del mismo nefasto Partido, los técnicos que los han puesto sobre el papel han sido los mismos. Quienes fracasaron con un Plan, después de echarles la culpa a los chicos e incluso a los padres, han implantado el siguiente, y luego el otro y el otro y el otro, hasta producir este nacional rebuzno social que nos embarga.

Pero no sólo estos políticos y estos técnicos son culpables de este desafuero de brujulear por las ocurrencias progres del momento, sino que han considerado la Educación como algo aislado de todas los demás aspectos que rodean al niño o al joven en formación, como si fuera una isla. Y no lo es. La educación no sólo se recibe en clase, ni la formación del alumno se realiza únicamente en las aulas. El niño y el joven son elementos sociales que absorben todo cuanto les rodea, ya sea en el colegio, en el instituto, en la universidad, en sus propios domicilios o en la sociedad en la que están inmersos.

De poco vale intentar implantar el Sistema de Educación más avanzado en las aulas si, por ejemplo, no se respeta al profesor –o incluso si este profesor no está debidamente cualificado para la enseñanza-, si se resta autoridad a los padres o tutores mediante leyes absurdamente contrarias a toda lógica y razón, si por más que se le invite al alumno al esfuerzo en el bar de la esquina le premian el suspenso con un cubata gratis o si, aunque se le hable de lo importante que es para él formarse como un erudito en cualquier disciplina, en la televisión no dejan de lanzarle mensajes de que cuanto más asno, mejor, o que cuanto más le dé a la entrepierna y piense más en canutos, movidas, videojuegos destructivos, compis tarambanas y horteradas de toda índole, miel sobre hojuelas. Por una parte, en fin, los poderes se rasgan las vestiduras porque los niños y jóvenes fracasan en las escuelas, acusándoles de pasotas o de vagos y a sus padres de incompetentes o de crueles verdugos, mientras que por la otra, desde la televisión, la propaganda, el comercio en que les han convertido y las descerebradas series de moda o los modernismos de los grupos musicales de mucho berrido o mucha guapura y escaso talento, los convierten en un filón de votos estúpidos, en rebaño a ser adoctrinado o simplemente en desorientados.

El niño y el joven, básicamente, aprenden imitando, y los ejemplos que les rodean en la sociedad, vengan éstos de la televisión o de su entorno inmediato, son muy poco instructivos. Son los mismos políticos los que los empujan a convertirse en descerebrados tipo “Gran Hermano” o “Física y Química”, los que los alinean con los estultos parrandeos del producto de márquetin de moda, los que los idiotizan con ipods, consolas y artilugios por el estilo, y los que los adoctrinan con el que se fijen más en sus geometrías púberes y sus recovecos que en el cerebro propio y de sus semejantes como base fundamental de la naturaleza humana. Los políticos son los que pretenden engañar a la sociedad al aislar la cuestión Educativa, cuando ésta está inserta en un conjunto de elementos que sólo sirven para descuartizar al niño o al joven entre una cosa y otra. Y todo esto sin considerar que son los mismos poderes los que suelen premiar a las putas y los delincuentes sobre la gente honrada, al lamedor sobre el capacitado, al estúpido sobre el competente y al friki sobre el bien formado. Y así nos va, claro.

Hubo un tiempo que en mi país se premiaba la capacidad y en que los mayores eran ejemplos de los niños y los jóvenes. Hubo un tiempo en que, aun con enormes carencias, la sociedad en su conjunto tenía fe en el futuro, creía en el sacrificio y se procuraban formar concienzudamente a las generaciones que tomarían el relevo del poder, y todo cuanto rodeaba a los jóvenes procuraba convertirles en modelos de rectitud, honorabilidad y esfuerzo, haciéndoles sentir parte integrante de una sociedad a la que se debían. Incluso en la televisión se promovía una sana competencia de conocimiento que arracimaba a los jóvenes y a los adultos de toda condición alrededor de la pequeña pantalla, o en la que las emisiones televisivas más lúdicas estaban basadas en los autores más capaces y memorables de cualquier país que había dado la Literatura. Hoy, la cosa es otra: los modelos son frikis, las emisiones son horteradas escritas por horteras sin talento y ejecutadas por las criaturas cejilleras de turno, y los jóvenes no son considerados sino como un rebaño de consumidores fácilmente manipulable, para lo cual les entregan modelos perversos de estupidez a los que afiliarse, porque siempre ha sido más fácil y más cómodo manipular a un simplón que obtener el beneplácito de quien está debidamente formado.

No; los niños y los jóvenes no han fracasado en el área educativa por más que suspendan, sino que lo han hecho los políticos y sus Planes de Educación, y sus programaciones televisivas, y su permanente promoción de bichos y frikis por conveniencia política, y su ignominiosa tarea legislativa contra toda suerte de coherencia moral o social, y su incapacidad para ver algo más allá de sus narices, como por ejemplo que la Educación no es una isla que pueda ser considerada de forma no vinculada al resto de la sociedad. Tal vez, el árbol de sus intereses particulares o partidistas no les ha permitido ver el bosque del porvenir. Y, como no puede ser de otro modo, quienes todavía pensamos por nosotros mismos sin talibanismo partidista, se lo reprobamos y se lo reprobaremos: ustedes, los políticos, tienen la culpa del fracaso escolar; ustedes, los políticos, son la ruina de nuestros niños y jóvenes; y ustedes, los políticos, son el problema.

Noticias relacionadas

Thanksgiving’s day

El Black Friday será una marabunta de compradores compulsivos de unas rebajas que no tengo yo muy claro que sean tales

El otro 20N

En la actualidad sigue el mismo partido y otros que mantienen el ideario antidemocrático y fascista

Estrasburgo y la exhumación de Franco. Torra y sus ínfulas

Socialistas y soberanistas catalanes quieren morder un hueso demasiado grande para sus quijadas

En cada niño nace un trozo de cielo

Un privilegio en el ocaso de nuestros andares y una gracia

Por fin

Ya era hora. Por fin han valorado el buen hacer de los malagueños
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris