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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Donde nos percatamos de nuestras carencias

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 29 de enero de 2010, 06:48 h (CET)
El ciudadano se hace cruces cuando, en los tiempos que corremos, surgen personajes, instituciones, políticos y agoreros varios que se empeñan en complicar aquello que por si mismo es sencillo, que, con tal de enriquecerse, venderían a sus propios padres, que anuncian catástrofes con fines espurios y que pretenden confundir a las gentes normales, a los ciudadanos sencillos, a las personas que se preocupan de llegar a final de mes y no quieren que se les complique la vida y a quienes se empeñan en entender las causas de que el Mundo y España den la sensación de estar regidos por una pandilla de orates, que intentan que todos nos convirtamos en una masa maleable, pasada por la trituradora del pensamiento único, doctrinario y sectario; con el fin de subvertir el orden establecido, destruir la libertad de pensamiento y encauzarnos hacia un sistema político regido por poderes ocultos, por personajes siniestros, mentes desquiciadas que, en ocasiones, puede que nos puedan hacer recordar a los villanos de las películas del súper agente secreto 007, el inefable, James Bond.

Lo cierto es que, la España de nuestros días, se ha convertido, en virtud de las nuevas tendencias, del progresismo imperante, de los políticos corruptos, de los medios de comunicación pervertidos y de la progresiva destrucción y aniquilación de la antigua institución familiar; en una especie de vertedero en el que se va vaciando toda la bazofia que una sociedad deshumanizada, desquiciada, carente de valores morales, egoísta, entregada a la carnalidad y encaminada a su propia destrucción y aniquilación por méritos propios; en la que vale todo para hacerse famoso; donde las instituciones hacen dejación de su deberes y los políticos, en lugar de ocuparse de velar por el bienestar de sus representados, han optado por buscar el enriquecimiento o el poder antes de que los cesen en sus cargos. No creo que, tal y como vemos que se comportan algunos sectores de nuestro entorno patrio, podamos encontrar, salvando la del transcurso del tiempo y de su adaptación a la civilización moderna, muchas diferencias con las famosas ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra en las que estaban representados todo los vicios que afectan a la raza humana.

Si nos cuesta entender como, a una ciudadana que, sin otro mérito que haber sido la compañera de una famoso torero, a base de cotilleos, de infundios, de calumnias y de una buena dosis de maldad e hipocresía; haya conseguido subir por la escalera de la fama, se beneficie de un salario completamente escandaloso, dado el poco esfuerzo que le representa el ganarlo, y, sin el menor pudor y recato, se permita esgrimir, como arma de chantaje, para ganarse a los teleadictos, lacrimógenos y morbosos, hacia su causa, a su propia hija, de la que se vale impunemente para criticar a su padre, meterse contra su actual esposa y poner de chupa de dómine a toda su familia; no podemos decir que nos sea más fácil comprender como, de tanto en tanto, cuando a los políticos se les aprietan las costuras y la presión de la ciudadanía se les empieza a hacer insoportable, surja de nuevo el tema de la famosa “cadena perpetua” para determinados delitos, que resultan ser más impactantes para el pueblo que, en ocasiones, se siente tentado de tomarse la justicia por su mano, aunque luego surjan casos –como el de un reciente acusado de haber asesinado y maltratado a una niña que, después de haber pasado por el Vía Crucis de ser expuesto al público como un tarado y un criminal, las pruebas confirmaron que era inocente del crimen que se le achacaba – que demuestran que sin orden, sin apoyo a las leyes y sin un procedimiento que garantice los derechos de la persona, la Justicia se convierta en una verdadera chirigota.

No es necesario romperse los sesos inventando nuevos castigos. Nuestro código penal, excluyendo algunos añadidos en los que se penalizan, con penas mayores, a los hombres por el mismo tipo de delito que a las mujeres que los cometieren, – a mi modesto entender, la ley está en clara contradicción con el Artº 14 de la Constitución – tiene suficiente recursos, junto a la Ley de Procesal Penal, para castigar a quienes delinquieren y sólo sería preciso que se regularan mejor y con menos facilidades para los reos, los sistemas de permisos carcelarios, los segundos y terceros grados, y las redenciones de penas por el trabajo, en los casos en que estuvieren permitidas; para así garantizar el cumplimiento íntegro de las penas. En cualquier caso la pena máxima (30 años), si se cumple en su totalidad, ya constituye, de por si, una cadena perpetua.

Otro de los temas en los que nos confesamos perplejos es el de la educación de nuestros jóvenes. Es evidente que, en España, estamos ante un problema insoluble que, como era de esperar, nos ha llevado a un tipo de enseñanza pública inadecuada, carente de eficacia educativa, obsoleta y de resultados paupérrimos, si nos hemos de dejar guiar por las calificaciones que se nos otorgan desde el extranjero en las que, España, en el aspecto educativo, ocupa un preocupante vigésimo séptimo puesto entre la naciones europeas. Esta carencia se la podemos atribuir, sin temor a equivocarnos, a los partidos mayoritarios del abanico político español; quienes, fuere por presiones de los partidos nacionalistas, fuere por fanatismos ideológicos o fuere por conveniencias electorales, se esmeran en crear dificultades para adoptar un sistema educativo completamente aséptico políticamente y basado en un rigor en las materias a impartir; una modernización de los métodos de enseñanza, una preocupación para dotar de los medios técnicos y de enseñanza precisos; el establecimiento de una disciplina que permita a los docentes disponer de los elementos adecuados para ejercer, con autoridad ,su función, fuere otorgándole la categoría de funcionario público o fuere mediante la posibilidad de expulsar a aquellos alumnos que no rinden debidamente o crean problemas que puedan obstaculizar el rendimiento de sus compañeros.

Pero nuestros políticos, estos que ya en las encuestas son considerados como un problema por una gran parte de los ciudadanos, parece que no se enteran. Ellos van a lo suyo, que es intentar permanecer en el poder; para lo cual, lo primero que les importa es ver la forma de desacreditar a sus adversarios políticos, procurando que no puedan atribuirse ningún mérito en la solución de los problemas de los españoles. Así, es lógico, aunque inaceptable, que no les interese ceder ni un ápice para conseguir un acuerdo con el partido de la oposición, lo que se consigue no llegando a pacto alguno y, si es posible, achacar al contrario de falta de voluntad “negociadora”, de ser intransigente y de pretender que en el trato se recojan todas sus propuestas, con lo cual se les tilda de intransigentes. Y así estamos, señores, el país convertido en un coto cerrado para quienes ostentan el poder, en este caso el PSOE, donde la democracia ha quedado reducida a un simple símbolo, sin contenido alguno, y en la que sólo existe un grupo que ejerce el poder, sin tener en cuenta que el gobernante tiene el deber de hacerlo para todos y que el realizar un buen gobierno significa preocuparse del bienestar de la ciudadanía teniendo en cuenta, no sólo las demandas de aquellos que le votaron, sino también las justas reivindicaciones de los que no le apoyaron en las urnas. El gobernante que no lo entiende así, se convierte, de hecho, en un dictador por mucho que se empeñe en ponerse la piel del cordero para disimularlo. Y así vamos.

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