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Conspiraciones

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 28 de enero de 2010, 09:22 h (CET)
Puede ser que sean ciertos sus aparentes delirios, o puede que no; pero nadie puede negar el imprescindible papel de los conspiranoicos en la claridad del Sistema, quienes arrojan muchas más luces que sombras. Todo Sistema que pretenda ser ecuánime o transparente precisa de árbitros y, hasta en la mayoría de las ocasiones, detractores de lo que a todas luces da la impresión de honesto. Abogados del diablo, si se quiere, que son quienes dudan, investigan y enfrentan la realidad supuestamente inocua a otra realidad perversa.

En la mayoría de los casos que han provocado al mismo tiempo efectos devastadores en el concierto nacional o internacional y enormes fortunas o ganancias políticas o para algunas multinacionales, nadie en su sano juicio puede negar que entre bambalinas, por más que no se pueda demostrar en un tribunal, hay gato encerrado. Incluyo desde los atentados del 11-S a los asuntos nada claros de la increíble crisis económica que nos desemplea y de la Gripe-A. Demasiado dinero hay por medio, demasiados intereses políticos, demasiados poderes absolutos, etcétera. El pánico es un excelente método para recortar libertades, como muy bien hemos visto en todos estos y otros casos, y la disminución de éstas no ha redundado en absoluto en una mayor seguridad o en un mayor bienestar, digan lo que digan los voceros oficiales, e incluso se puede afirmar que han sido utilizados para someter a los derechos civiles a un saqueo impune y, tal vez, imposible sin estos artificios.

Por lo pronto, con la cosa ésta de la Gripe-A, verbigracia, se ha legalizado el uso presente y futuro de vacunas –obligatorias por disposición gubernamental, si llegara el caso- que ni han sido ensayadas ni repercuten en un demostrado beneficio social, pero que sí suponen una consideración de recua, rebaño o manada de ganado para la población civil. Algo atroz y que, sin embargo, no ha levantado la menor suspicacia entre los opinadores habituales que se hacen eco con sus artículos diarios de la realidad social de sus países. Son los conspiranoicos los que han levantado las voces de alarma en cada caso, y los que, curiosamente una vez que ha corrido el tiempo, tienen todas las papeletas para estar en lo cierto. La Gripe-A tiene toda la pinta de haber sido, o un negocio de las farmacéuticas –y el genocidio que ello ha supuesto-, o un artificio de poderes oscuros para aumentar su control sobre la población paganini, o ambas cosas a la vez.

Pero es que si consideramos el daño sufrido por el Imperio con el 11-S y el que él ha perpetrado impunemente invadiendo países y consiguiendo en base a mentiras demostradas –armas de destrucción masiva, terrorismo internacional y todo eso-, creo que no hay color, aunque bien se ha visto que nadie, salvo los conspiranoicos, estaban en lo cierto. Y otro tanto podríamos decir de los diferentes sucesos que han ido arrinconando derechos, tales como el manejo interesado de la inmigración –hoy beatificado y luego demonizado-, de esa crisis de la que sólo y exclusivamente se han beneficiado los bancos y las grandes empresas y se ha perjudicado al ciudadano y sus intereses, y todos esos desquicios del terrorismo internacional que parece más inocuo que el resfriado común, a tenor de las víctimas reales que produce.

Al mismo tiempo, sin embargo, salvo legislaciones coercitivas con los mismos tontos de siempre –el pueblo llano-, ningún poder ha hecho la guerra a esa sangría que son las muertes por el tráfico –cientos de miles de muertos en todo el planeta cada año-, al desquicio medioambiental y económico que supone el que pocos, muy pocos, trabajen en la ciudad en la que viven, o que los sindicatos se comporten como guardias jurados a sueldo de quienes esquilman los derechos de los trabajadores.

Un concierto que, en el mejor de los casos, desafina, y que en el peor de los casos parece orquestado para producir exactamente los resultados que todos vemos cada día. Siendo como es que la realidad oficial ha caído en unas pocas manos, y todas ellas partidarias del mismo control social por cuanto los medios de difusión pertenecer a unos cuantos miembros de Trilaterales o Clubes Bielderberges o a los poderes políticos de las estrellas flamígeras, queda claro que cada vez más dependemos de los conspiranoicos para poder respirar cierta transparencia e intuir qué se encuentra detrás de la farsa noticiera política, económica o social.

A la fuerza, ahorcan. A la vista está que el negocio se ha globalizado y a la vista que las corporaciones tienen cualquier cosa menos conciencia y bondad, sino intereses, y el meollo de donde los obtienen es del rebaño, de nosotros los ciudadanos. Pocos, muy pocos asuntos de cuantos nos preocupan hoy en día no son susceptibles de ser considerados como maniobras espurias, tal y como sucede en estos días con la cosa de los residuos nucleares, por ejemplo. Se busca el caso extremo que justifique lo inmoral, se le da cierto matiz humano y se legisla o actúa por la excepción, no por lo normal. Y algunos se hacen ricos, claro. Ahí tiene la realidad. Benditos sean los abogados del diablo.

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