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Etiquetas:   Política   ética   -   Sección:   Opinión

Es la ética, Ministro

El ángel del ministro hizo huelga
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 20 de octubre de 2016, 00:19 h (CET)
Esta semana Marcelo, el ángel del Ministro del Interior está de huelga, seguramente harto del trabajo de buscarle aparcamiento al coche oficial de Jorge Fernández Díaz y de que todos los méritos y las medallas se los lleven las Vírgenes condecoradas por su jefe, ha decidido ampararse en esa sagrada Constitución que su jefe tanto esgrime contra sus adversarios políticos y ponerse en huelga. Pero además de buscar aparcamiento al coche ministerial Marcelo también tiene entre sus atribuciones el cuidado de don Jorge y debe velar las veinticuatro horas del día para que a su adorado jefe no le ocurra ningún percance ni físico ni, especialmente, político.

Y la huelga del ángel Marcelo ha dado, metafóricamente, de bruces con los huesos del Ministro del Interior en el parquet del Congreso. Todos los diputados excepto, naturalmente, los del Partido Popular han votado la reprobación de Jorge Fernández Díaz y han solicitado su cese inmediato como Ministro del Interior por sus actitudes antidemocráticas. La espoleta que ha hecho estallar esta bomba y ha unido a todos los grupos políticos del Congreso la encendió el mismo Ministro desde su propio despacho manteniendo actitudes chulescas y barriobajeras en sus conversaciones con el, por aquel entonces, director de la Oficina Antifrau de Catalunya. Alguien, y en el propio despacho del Ministro del Interior, grabó unas conversaciones indignas tanto del Ministro como de su interlocutor, unas conversaciones donde se demuestra que quien debe proteger a los ciudadanos es un vulgar trilero que aprovecha su cargo para obtener pruebas falsas contra los políticos catalanes soberanistas y después hacerlas llegar a sus fieles lacayos de los medios de comunicación de la “Brunete mediática”, como El Mundo, La Razón y el ABC, periódicos que se escriben al dictado del inquilino de la Moncloa o del jefe de los guardias de la porra.

Por las conversaciones entre el Ministro y el director de la Oficina Antifrau sabemos de la buena relación del primero con la fiscalía “eso el fiscal te lo afina” se escucha decir a don Jorge. Y, naturalmente, como los amigos están para las ocasiones la fiscalía ha hecho archivar la querella que el anterior alcalde de Barcelona, Trias, y su partido habían instado contra el Ministro y sus mentiras. Es la ética, señor ministro, una cosa que, al parecer, usted ignora y si la conoce la arrastra por los suelos con sus diversos comportamientos poco éticos. En esa España con la que usted se llena la boca y por la que saca pecho hay un refrán que afirma que “la cabra siempre tira al monte” y tanto usted como su partido también tiran al monte, pero al monte antidemocrático, son ustedes herederos de un pasado dictatorial, en algunos casos, como el suyo, incluso un pasado dictatorial vivido desde la más tierna infancia dentro del hogar con un padre militar franquista. Ustedes, la muchachada de la gaviota, siguen creyendo que España es su feudo, su cortijo y su chalet particular, y la verdad es que a veces tienen razón para pensarlo, contra más latrocinios perpetran y contra más huele a corrupción a su alrededor más españoles les votan. Pero son muchos más los que, hartos, no se rinden ante ustedes y votan a otros partidos a los que algún día los ciudadanos españoles tendrán que pedirles explicaciones de su actuación durante los más de trescientos días en que España, esa España que tanto aman, está sin Gobierno, en manos de un gobierno provisional que la ha llevado al desastre y que amenaza con cuatro años más de recortes, penurias y privaciones para las clases más desfavorecidas.

Es la ética, Ministro, esa ética que a usted, a todos ustedes, les falta. Usted se cree que el independentismo catalán le ve como su bestia negra, pero no es así, el independentismo y cualquier demócrata les ve a usted como lo que es, como un personaje siniestro y cuya única misión es la de andar imponiendo medallas a imágenes, simples trozos de madera, y tener como aparcacoches a un ser inexistente, un ángel, seguramente por aquello de que no tienen sexo. Es la ética, Ministro, esa ética que usted dejó enterrada y encerrada, también metafóricamente, en cualquier miserable celda mientras se dedica a perseguir a los que defienden la democracia sacando las urnas a la calle, a los que quieren dejar hablar al pueblo para que con libertad se manifieste sobre con quien quiere estar. Y para ello utiliza alevosamente los medios públicos a su alcance lanzando sobre sus adversarios políticos toda la fuerza de esa “Brunete Mediática” y de la “Brigada Aranzadi”, jueces y fiscales afines, como el Presidente del Tribunal Constitucional, antiguo militante de su partido, que le afinaran las falsedades que hace su policía política.

Es la ética, Ministro. Franco ni la conocía. Es la ética, Ministro, una ética que si la tuviera ya le hubiera empujado a dimitir, pero usted sigue, està visto que la ética le importa un carajo, y perdone el lenguaje cuartelero al que debe estar acostumbrado a pesar de sus rezos en la Abadia del Valle de los Caídos, muy cerquita de los restos del dictador Franco.
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