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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Contrato de compromiso o... improductividad

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
miércoles, 27 de enero de 2010, 04:54 h (CET)
Soy de los que está convencido de que las abultadas cifras del desempleo se utilizan para “meter miedo”. Aunque ello ocurra de manera sigilosa. Y soy de los que piensa, igualmente, que la economía sumergida acoge a un gran número de desempleados víctimas de un bajo salario mientras trabajaban y por ende de una escasa prestación (Andalucía, región predilecta para este menester, pero también todas las demás), pues más de cuatro millones –para muchos más de cinco millones y medio- de parados reales, superior al 20%, sería motivo más que sobrado para dar lugar a un gran conflicto social, aún a pesar de la pasividad sindical que, como todos sabemos, está “silenciada” a base de ayudas y subvenciones salidas –como casi todo- de los bolsillos de los propios trabajadores y de sus familiares. Por cierto que, en la economía sumergida, como en la mayoría de los índices económicos y sociales, estamos los españoles en el pódium, junto a Grecia e Italia, con casi el 20% del PIB y prestos para, en poco tiempo, oír nuestro himno en honor al campeón.

Mas, los que tienen la dicha de “gozar” de un empleo (en el 75% de los casos, precario y temporal –con los extremeños campeones destacados, como no podía ser de otra forma, de esos dos conceptos- y, evidentemente, sin contar entre ellos a los privilegiados deportistas de élite, ejecutivos, banqueros, cineastas, cantantes, toreros, etc., y, desde luego, políticos), se encuentran con el hándicap de que trabajando más horas (1,775 horas, los que más de la UE, por encima de franceses, alemanes e italianos y los cuartos a nivel mundial sólo superados por surcoreanos, estadunidenses y japoneses) son los que tienen los peores salarios y, como consecuencia de ello, una bajísima productividad.

De cómo solucionar la economía sumergida (que no el paro, pero si sus cifras actuales) podemos cualquiera emitir una hipótesis: Una política valiente a nivel provincial y, sobre todo, local de denuncia sin temor a la pérdida de votos es la mía. Aunque, claro que eso no va a ocurrir tal como está estructurada en España la política, pues ésta hace ricos a muchos que de otra forma no serían sino simples y vulgares vividores y el voto que la procura es la coartada del que se esconde.

Pero con los mezquinos salarios -con perdón por lo de mezquinos-, que tienen “atado” el consumo y conformemente la creación de empleo, y la bajísima productividad se cumple lo de la pescadilla que se muerde la cola: Como me pagan un exiguo sueldo, trabajo poco; como trabajas insuficiente, te abono lo mínimo exigible. ¿Solución? Pues, a mi modo de ver, “muy sencilla”: Un contrato de compromiso. Ya que, cuando la gente está condicionada por las circunstancias no son las personas que son; y quizás sea difícil, eso es indudable, pero en lugar de tanto diálogo social (donde las microempresas, las que más empleo dan, no están representadas) con tanta patronal y tanto sindicalismo displicente, había que intentar y articular, ciertamente, un tipo de contrato que comprometa salarialmente (no como ahora) a la empresa y que, del mismo modo, comprometa productivamente al trabajador. Porque pretender que aumente el sacrificio pagando lo mismo (actualmente más bien poco, nuestra media salarial está entre las peores de la UE) es difícil que resulte; y pretender que te paguen más “escaqueándote” (tenemos, reitero, una bajísima productividad) a la mínima tampoco.

Ni que decir tiene que lo dicho nada tiene que ver con el funcionariado y la sinecura sindical y laboral de la Administración que, se haga lo que se haga, siempre tendrá una productividad paupérrima producto de la excelsa seguridad. Y, naturalmente, en Extremadura, líder de estos colectivos, poco se puede hacer, pues “pronto” todo el mundo trabajará para la Administración. Lo que supone, por tanto, que la improductividad está garantizada, ello a pesar de que entre los colectivos citados haya quienes se desviven, aún a pesar de cobrar una malandanza de jornal.

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