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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Conocer la fe

Pepita Taboada (Málaga)
Redacción
miércoles, 27 de enero de 2010, 03:54 h (CET)
La recuperación de la cultura católica es un proyecto de gran envergadura que exige un esfuerzo colectivo. Existe una grave carencia en el conocimiento de las verdades doctrinales básicas particularmente entre los jóvenes que se sienten peligrosamente influenciados por conceptos estereotipados, preparados muy certeramente, y que les llevan a poner en duda o a rechazar la fe a la que pertenecen.

En los últimos años la enseñanza de la religión se ha centrado en cuestiones de justicia social en la pobreza y el racismo –cosas todas valiosas sin duda-, pero no se han aprendido las razones por las cuales los cristianos han de tener conciencia social en vez de indiferencia. Y mucho menos se sabe explicar por qué hay que ir a misa o practicar la fe. En otras palabras el estudio de la doctrina católica y cristiana ha sido marginada a favor de otras cuestiones tenidas por más relevantes, y así, palabras como encarnación, redención, iglesia, pueden resultar indiferentes y en no pocos casos se acude al ya común “para mí…”.

Haciendo un breve paréntesis resulta, al menos, curiosa la interpretación tan particular que se hace de la religión frente al aprendizaje de cualquier ciencia humana donde no se cuestiona la autoridad del profesor.

Al hilo de lo que venimos diciendo, un catecismo, como cualquier libro de texto, requiere profesores que sepan dar vida a las palabras que contiene. No resulta eficaz que la enseñanza religiosa quede reducida a psicología o política. Por eso las clases de religión deberían encargarse a los mejores profesores: aquellos que saben descubrir a los estudiantes las consecuencias para la vida de esas ideas y hechos.

Si se está educando generaciones de católicos que no saben distinguir entre encarnación o reencarnación o entre el Credo y la Constitución, se están formando católicos indefensos ante las objeciones de la fe. A este respecto gran razón tenía el autor de la frase: “El mayor enemigo de la fe es la ignorancia” (San Josemaría Escrivá).

También es cierto que ser católico es algo más que sostener opiniones correctas por eso insistiría en la calidad del profesor para que la enseñanza de la religión no resulte formularia y por tanto estéril. La fe es implicarse en la riqueza existencial encerrada en los artículos del Credo. La “superioridad” del catolicismo se demuestra con una atención renovada a la cultura de la fe, es como abrir una ventana por donde ver la verdad de las cosas.

Tener interés por las cuestiones espirituales es propio de la naturaleza humana, los animales no se plantean estos temas. Jesucristo perfecto Dios y perfecto Hombre utiliza una expresión viva que desmorona la autosuficiencia estéril: “No sólo de pan vive el hombre…”

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