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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Obama y Haití

Isaac Bigio
Isaac Bigio
miércoles, 27 de enero de 2010, 02:45 h (CET)
Haití tiene un triste destino. En 1804 fue la primera república latinoamericana, caribeña y negra del mundo. Tanta era su prosperidad y poderío que ésta se dio el lujo de financiar varias gestas independentistas de Hispanoamérica.

Desde hace un lustro es, sin embargo, la única nación ocupada por tropas de decenas de países. Antes del sismo allí había entre 10 a 13 mil uniformados de más de 40 naciones.

Ahora, en la segunda quincena después del terremoto se estima que EEUU llegue a tener en el mar o en la tierra de Haití unas 13,000 a18,000 tropas.

Washington argumenta que su labor allí es necesaria, pues el cataclismo ha destruido a la capital y a las estructuras gubernamentales del país más pobre del hemisferio. Sin embargo, París (la otra potencia que compite con ésta, pues dominó a Haití hasta hace dos siglos) ha cuestionado su intervención diciendo que ésta, más bien, ha estado impidiendo que vengan aviones con ayuda.

Los EEUU ocuparon Haití en 1915-34 y luego intervinieron el destino de Arístides, el presidente más popular que haya tenido esa nación. Primero le ayudaron a volver al poder tras el golpe de 1991 y luego colaboraron a que en el 2004 él fuera depuesto (y eso abriese la llegada de tropas foráneas).

La intervención estadounidense ha despertado suspicacias acerca de que para Obama lo más importante es evitar un flujo masivo de refugiados a sus costas o impedir una posible rebelión de desesperados que sacuda a la región, o que luego él quisiera poder establecer allí nuevas bases permanentes que reemplacen a las de Guantánamo o aprovecharse del cataclismo a fin de privatizar varias playas o recursos.

No obstante, el primer presidente afro-americano quiere mostrar que él se interesa en la primera república afro-americana y que él, a diferencia de Bush quien tuvo un desempeño contradictorio ante el ciclón de Nueva Orleans, sí es capaz de mostrar la iniciativa ante el sismo más mortal que hayan conocido las Américas. La imagen que él pretende dar es que las fuerzas militares de EEUU no deben ser vistas como un factor de guerra sino para apoyar a los damnificados en todo el mundo.

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