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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La insoportable levedad del Gobierno

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 26 de enero de 2010, 07:54 h (CET)
Si no fuera porque su levedad de ser es absolutamente insoportable, tal vez podríamos establecer alguna clase de paralelismo entre el Gobierno que padecemos y la memorable obra de Milan Kundera; pero ni por ésas, ni siquiera circunscribiéndonos a la insulsa rutina. Un Gobierno que, como los propios partidarios proclaman, no es que no tenga un Norte al que dirigirse, sino que permanentemente juegan a improvisar o a las ocurrencias, un poquitín según se levantan. Desde luego, ni siquiera en los llamados por algunos oscuros años del feudalismo es posible encontrar parangón más risible, ridículo o caprichoso con este Gobierno que encabeza (o lo que sea) Zapatero.

No; no es que haya elegido a lo peor o más incompetente de lo posible para encabezar los distintos ministerios y/o Vicepresidencias, sino que ni siquiera es muy comprensible qué pinta el propio Zapatero en el Gobierno, además de confundir a la población en general, dado el batiburrillo que está armando en todos y cada uno de los sectores de la sociedad. A lo mejor, no es que ministras y vicepresidentas no den pie con bola o brujuleen por prohibiciones y legalizaciones intrusitas, lesivas o absurdas sin saber siquiera argumentarlas (de legislar, ni hablamos), sino que al no tener una línea directora o un maestro de orquesta, cada cual interpreta la música que le viene en gana según su escaso talento y falta de criterio les da a entender, y así sale la cosa como sale: un pan como unas hostias.

Cuando quien encabeza un ministerio aparece en los medios dando explicaciones, verdaderamente uno no puede dar crédito a lo que oye. No es que esperara más de quien ostenta un cargo que nos duele a todos, sino que esperaba algo, simplemente, además de vacuidad, desorientación o justificaciones manidas por haber puesto en marcha despropósito semejante. Me sucedió esto el otro día que escuché a Bibiana Aído, me sucedió cuando presencié la entrevista televisiva a Trinidad Jiménez y me sucede cada vez que la señora Sinde abre la boca. Con los demás no es que sea mejor, sino que lo mismo, comenzando con el propio Presidente. Es admirable, adempero, nuestra capacidad de superación: jamás esperé que llegáramos a tan poco.

Da la impresión, no de que se actúa con el cerebro, sino que el Gobierno es mucho más diestro y maneja para la cosa de pensar lo mismo el hígado que el páncreas o los riñones. Lo que ayer era delito, hoy es promocionado, cuando no se trata de convertir al Ejército en una pacifista ONG, se ayuda a no ser detenidos a los perseguidos por cruentos delitos y crímenes, hay –o ay- leyes contradictorias contra y a favor de los inmigrantes (a gusto del consumidor), se legisla a favor de las multinacionales del parrandeo y de los saqueadores legales de la SGAE, se sirven espurios intereses con esto de las vacunas pandémicas de las farmacéuticas y de las crisis bancarias, y, en fin, estamos todos más perdidos que una monja en un prostíbulo.

No sé qué le pasa a mi país que no se parece a mi país. Incluso muchos varones del propio partido del Gobierno atacan despiadadamente a su Gobierno, acusándole veladamente o públicamente no de haber perdido el rumbo, sino de haberse vuelto completamente loco. Cosa nada extraña si consideramos los babosos y pelotilleros halagos de quienes se llenan los bolsillos de haberes gracias a sus lamentotes, como los voceros de acontecimientos universales y cosas por el estilo, dando más la impresión que el Presidente ha preferido rodearse de chicharrones encomiásticos que de personas competentes. Y así va la cosa, claro.

Esto, sin embargo, estaba visto que llegaría más pronto que tarde, lo mismo que está asentándose en todos y cada uno de los países de Occidente. Cosa de un hombre, un voto, en esta sociedad estupidizada por la propaganda, los realities y esa cultura basura que asoma por todas y cada una de las esquinas de la sociedad, donde lo que mola, lo moderno, lo cabal, lo que se premia, es la mamarrachada, la simpleza o el dar patadas a lo que sea, ya nos refiramos al buen gusto, la capacidad, una pelota o a la cultura. He aquí los efectos de treinta años de estulta levedad televisiva: Berlusconi en Italia, Sarcoçy en Francia, Chávez en Venezuela, Obama en EEUU y Zapatero en España. Los demás países de nuestro entorno…, lo mismo. No olviden al converso Blair, por poner un caso, y cómo los izquierdistas como Jack Straw protegieron de la Justicia a los sangrientos dictadores como Pinochet.

Que me duele España, en fin, a causa de su levedad insoportable, que es lo más grave que podría haberle aquejado. Mi país, ya digo, ni siquiera se parece a mi país. Un llanto, un gorigori.

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