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El fin del mundo

El ocaso de una civilización
Manuel Villegas
miércoles, 19 de octubre de 2016, 00:27 h (CET)
No. no me estoy refiriendo al fin del mundo según las profecías que anuncian cataclismos universales, caída de estrellas, terremotos y catástrofes sin cuento.

Eso nunca sabremos cuándo llegará, si es que llega, según se nos ha revelado en los Libros Sagrados.

El motivo de este escrito es señalar las manifestaciones que se están dando y que presagian el final del nuestro mundo conocido, de nuestra civilización que hunde sus raíces en más de dos mil años de antigüedad, y que, en estos tiempos, se están subvirtiendo y desmoronando todos los valores que han conformado esta antigua y vieja Europa.

Para Aristóteles en su ética a Nicómaco (su hijo), el fin del hombre es conseguir la felicidad en esta vida que no se puede obtener sin el logro de las virtudes.

La palabra virtud tanto en griego como en latín significa fuerza, pero no fuerza bruta e incontrolada, sino la que hace posible que obtengamos la virtud, que para el filósofo mencionado simboliza equilibrio, mesura, justo medio, negativa de todo exceso. Merced a ello el hombre logra la armonía. Según Aristóteles “el medio es el fin que ella busca sin cesar”.

Sin embargo la virtud no es algo abstracto, separado de la vida, sino al contrario, tiene profundas raíces en la vida misma, brota de ella y la forma. La virtud incide sobre la vida del hombre, sobre sus acciones y sobre su conducta.

Tomaremos algunas frases el abogado y filósofo Cicerón, cuando se refiere a la virtud:

“Se pretendía que con el estudio de la retórica, tanto como con el de la literatura, se diese a los estudiantes una base ética, una educación moral que inculcara las virtudes de la entereza, la justicia y la prudencia”.

“Por esta razón, la política se dirigía en gran parte desde una base personal y era vista en términos morales, más que colectivos”

“La tarea del hombre es vivir una vida activa en harmonía con la naturaleza; ésa era la manera de ser virtuoso, pues la virtud es el principio activo que infunde la naturaleza”.

Son muchos y grandes pensadores los que han hablado acerca de la virtud y cómo ésta se refleja en los valores que han sido los cimientos de nuestra cultura occidental.

Hoy hay un plan bien trazado y diseñado para derruir y desmoronar esos fundamentos, basado en un relativismo por el cual nada tiene valor per se, y todo está sujeto a una continua revisión cambiante.

La cultura, la educación, el cine, la música, la televisión, todo, casi sin excepción, ha ido configurando una concepción del hombre y de la sociedad que, se sea consciente o no, orienta las simpatías políticas hacia las opciones de la destrucción de los valores que han sido inmutables en todas las civilizaciones.

Se está menospreciando la cultura del esfuerzo, de la excelencia, del sacrificio, de la abnegación y de la satisfacción por la consecución de la obra bien hecha.

En una palabra, se busca la eliminación de los valores que hacen al hombre trascendente para que busque una calidad superior en su vida.

Se impone la mediocridad, la falta de una conciencia de superación. Los planes de estudios parecen que están pensados para que los alumnos, en una perenne indolencia, alcancen un alto grado de analfabetismo práctico porque siempre se domina mejor un país de incultos que de quienes por su educación son capaces de reclamar sus derechos y de no tener un comportamiento de borregos.

Holanda intenta imponer la eutanasia por cansancio de vivir. En los países nórdicos se preconiza la necrofilia, la zoofilia y el incesto.

La implantación del aborto se está imponiendo cada vez más con lo que la pirámide de población se ha invertido y hay más personas muy longevas que jóvenes, con el consiguiente perjuicio para poderles pagar las pensiones y la subsistencia de un país por falta sangre nueva que lo mantenga.

Le religión cristiana es perseguida, denostada y vilipendiada en favor de una islamofilia, agnosticismo, cuando no ateísmo que llevará a Europa a la ruina con la consiguiente desaparición de nuestra cultura y valores.

La formación de Europa tiene uno de sus valores fundamentales en el cristianismo. En su nombre se han edificado bellísimas catedrales, iglesias incomparables. Buena muestra de ello dan las construcciones religiosas tanto románicas cuanto góticas y barrocas. Y si hablamos de la música, ésta ha alcanzado un incomparable grado de perfección porque era cristiana la finalidad de su composición.

El Camino de Santiago ha sido vía de transmisión de cultura, costumbres, lengua y hasta de gastronomía.

¿Por qué ese afán de destruir todos los pilares que son la piedra basamental de nuestro conocimiento, forma de vida, civilización, educación… que son los cimientos de nuestra Europa? Porque hay un propósito bien delimitado y definido para acabar con ello e implantar una especie de nihilismo o negación de todo principio religioso, social y político en el que impere el desenfreno de las masas, encabezadas por adalides cuyo propósito y fin último es la destrucción de todo el mundo conocido hasta ahora

¿Panorama negro y desolador? No pura realidad comprobable y demostrable en todos los estamentos de nuestra vida.

Estas nuevas tendencias, que no valores, acabaran imponiéndose y lograrán el fin de nuestra civilización, si no tenemos los redaños suficientes para atajar esta pretensión que sólo desea nuestra destrucción. El fin de la civilización que nos ha sustentado durante milenios.
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