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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Con los lobbies de la banca toparás, Obama!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 26 de enero de 2010, 07:50 h (CET)
Como ya he manifestado en otras ocasiones creo que existe una gran semejanza entre Rodríguez Zapatero y Barak Obama, no física, por supuesto, pero sí en cuanto a carga ideológica, reacciones bruscas y poco meditadas, pánico a las encuestas de popularidad, locuacidad medida y sincopada y una gran, grandísima y enorme dosis de demagogia; que les sirve para escudarse detrás de su estela, cuando pintan bastos. El señor Obama ha calculado mal los tiempos, ha fiado demasiado en la FED y se ha enlodado en ese pantanal de Deuda pública, para ir tapando los agujeros causados en la economía de los EE.UU por la recesión. Tanto él como Zapatero, incurrieron en el error de ayudar masivamente a la banca pensando que, con ello, evitarían que la crisis se extendiese al resto de la economía. Pronto se han tenido que dar cuenta de que los bancos no siguen las mismas pautas que el resto de los comercios o industrias; los bancos son como hidras de siete cabezas que, mientras se aprovechan de la coyuntura para obtener dinero barato de los bancos centrales o ayudas de las Administraciones, en lugar de destinarlos a aquello para lo que se les fue concedido (conceder créditos y apoyo a las empresas), han seguido, impertérritos, especulando, manteniendo en sus puestos y gratificándolos con “bonus” multimillonarios a aquellos directivos que, en gran parte, fueron los causantes del desencadenamiento de las hipotecas basuras (sub-prime), que tan catastróficos efectos han causado en toda la economía mundial.

Ambos mandatarios han ido cosechando traspiés y todos aquellos proyectos faraónicos que se habían forjado en sus mentes utópicas, se han ido desmoronando como un castillo de naipes; con el agravante de que, inmersos en este empecinamiento, no han sabido rectificar y reconocer sus errores. Son hábiles para convencer a los que les han apoyado, son sibilinos en traspasarles las responsabilidades a los gobiernos que los precedieron y, no tienen el más mínimo rubor en, cuando les conviene a sus intereses particulares, echarles el “mochuelo” a los partidos de la oposición de lo que sólo han sido sus propios errores. Lo que sucede es que, la realidad, el pragmatismo de la vida cotidiana, y la fuerza de la lógica, acaban por desenmascarar a todos estos políticos de gabinete que se han valido de su imagen, de sus descalificaciones implacables contra sus adversarios políticos y de sus trucos de cara a la galería, para mantenerse en sus puestos que, al fin y al cabo, es todo lo que pretenden.

Obama ha sufrido un serio revés político y lo sabe. Ha perdido un escaño en la Cámara Alta y ello ha puesto en grave peligro su proyecto señero, la reforma sanitaria, que si ya estaba en dificultades para conseguir el apoyo necesario para sacarla adelante; se puede decir que, a partir de ahora, sólo un milagro podría conseguir resucitarla, al menos, en la forma en la que estaba presentada en la actualidad. Por ello, Obama, consciente de su debilidad, ya intenta salvar como pueda las apariencias, cambiando su discurso y hablando de una modificación sustancial que dejaría reducida la ley a una mera caricatura de aquella reforma radical que pensaba implantar; cuyo coste – así se lo reprocharon muchos demócratas y la mayoría de republicanos – podría resultar, sin duda alguna, excesivo para el Tesoro de la nación; en un momento en el que, la deuda externa del país, está amenazando fuertemente la cotización del dólar y le está creando problemas con China, que está empezando a preguntarse si, la gran cantidad de deuda pública americana que lleva adquiriendo, será, en definitiva, una buena inversión o si está pagando un precio demasiado elevado para conseguir compensaciones comerciales de los EE.UU.

Lo mismo que Zapatero, cuya incompetencia para enfrentarse a la recesión económica lo tiene contra las cuerdas; Obama se ha dado cuenta de que su popularidad se está desplomando vertiginosamente, no porque los votantes sean unos veletas, sino porque, en los EE.UU se dice que los ciudadanos votan más “por el bolsillo” que por principios. Ante el ejemplo de lo ocurrido en Massachussets, donde el candidato republicano, Scot Brown, descabalgó a la candidata demócrata, M Coakley; el señor Obama se ha apercibido de que pierde apoyo de la masa tirada más a la izquierda, que lo votó confiando en que llevaría a cabo una reforma más radical de la que, en realidad, dada la estructura de la economía americana, el señor Obama podría llevar a cabo. Por mucho que se empeñen, en los EE.UU existen grandes centros de poder, entre los cuales se pueden encontrar tanto a demócratas como republicanos, unidos por intereses comunes; los lobbies, tanto económicos como de tipo político, masónico, religioso y de comunidades étnicas, como la judía, gozan de un poder suficiente para poner a cualquier gobernante en la picota, si es que se atreve a entorpecer o limitar sus actividades. Obligado por su instinto, Obama se ha tenido que escorar a la izquierda, lo mismo que le ha ocurrido al señor ZP, cuando la mayoría que le proporcionaba del PNV en el Parlamente se le escapó de las manos, lo que le ha obligado a echarse en los brazos del PSC y sus socios del Tripartit, así como buscar el apoyo de la misma IU que, sin duda, ha sacado partido de la debilidad del Ejecutivo en cuanto a sus perspectivas electorales.

No digo que la prohibición de que bancos comerciales especulen invirtiendo en hedge funds (fondos especulativos) no sea algo razonable, como lo es el que no se permitan que las estructuras bancarias se conviertan en mastodontes capaces de que, un fallo en alguna de sus filiales, sea capaz de generar una crisis como la que estamos padeciendo. Pero no debe olvidarse que, estas medidas, juntamente con las de poner un impuesto a los bancos en los que el Estado haya invertido dinero o, aquellas otras, en las que el Estado garantiza las cuentas de sus depositarios; si bien puede proporcionarle algún puñado de votos de los más izquierdistas, no deja de tener un componente peligroso consistente en que, al poner en manos de los republicanos el poderle acusar de un intervencionismo del Estado en la economía privada, por no haber sabido, el Gobierno, hacer sus deberes, endeudándose excesivamente sin conseguir que, este endeudamiento, haya servido para la contención del desempleo que, durante el pasado mes de diciembre, subió, contrariamente a lo previsto, en 85.000 parados más; con lo que se ha alcanzado un fatídico 10’1% cifra que, sin duda, pone en cuestión la esperada recuperación del mercado laboral.

Lo peligroso de estas decisiones es que, como ya viene ocurriendo, el mercado bursátil mundial, tan íntimamente interconectado, suele ser muy sensible a cualquier acto de un Estado encaminado a limitar la libre iniciativa privada y, cuando los inversores se huelen que, en alguna nación, ¡ya no hablemos de una tan poderosa como los EE.UU! se fijan determinadas medidas intervencionistas, lo interpretan como una muestra de debilidad, algo que, directa o indirectamente, pueda afectar a sus propios intereses; máxime, cuando estamos hablando de un mundo interconectado, donde es corriente que empresas, bancos o comercios nacionales tengan sus delegaciones en el extranjero. No perdamos de vista lo que pueda ocurrir en los EE.UU, porque ZP, sin duda, va a seguirles los pasos y, esto, en Europa, puede tener importantes repercusiones si es que le dejan actuar a su arbitrio; cosa poco probable, afortunadamente.

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