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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Do what thou wilt

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 25 de enero de 2010, 02:34 h (CET)
“Haz tu voluntad” ó “Haz lo que quieras”, serían las traducciones más convenientes del título de este artículo, síntesis del Libro de la Ley que, por supuesta inspiración de una entidad preterhumana llamada Aiwass, escribió Aleister Crowley. Una síntesis que hoy parece implantarse en nuestra sociedad de punta a término, a tenor del desvarío legislativo de una enorme facción de nuestro espectro político y aun de otras autoridades paralelas o complementarias.

La OTO y la OTS y sus inclinaciones al albedrío y la sexualidad exacerbados parecen implantarse sólidamente en nuestra sociedad, por tal y como lo hacen buena parte de sus principios. Menores de 13 (número mágico) años que son consideradas mayores de edad sexual, pudiendo mantener relaciones con un repugnante anciano, verbigratia; adolescentes que pueden abortar libremente, sin más requisitos que su innata inmadurez; promoción de la aberración sexual con un énfasis social nunca antes visto; y legalización de la barbarie intrusista, como lo son la reglamentación familiar, la regulación de la conducta íntima personal, la discriminación de género, el ninguneo de la figura de autoridad y, recientemente, la autorización al copieteo, con el mensaje de “no te esfuerces, ¿para qué?” que lleva implícito, implantado ya en la Universidad de Sevilla, no son sino contundentes reflejos de la institución de ese credo que mencionaba al principio.

¿Es que acaso piensas volver a la escuela?..., le dijo el político a su auxiliar cuando éste le afeó que invirtiera tanto en comodidades penitenciarias al tiempo que desatendía las enormes carencias de la escuela. Y no, nadie legisla contra lo que es su deseo más íntimo, especialmente si éste es ilegal o amoral. El que tiene poder de legislar, procura crear una sociedad a la medida de sus intereses y desviaciones personales, importándole un ardite los derechos de los demás o lo que el bien público podría demandar: quien no fuma o le molesta el humo, legisla contra los fumadores; quien tiene deseos pedófilos, legisla a favor de la mayoría de edad infantil; quien ha obtenido su título copiando, o quien no lo obtuvo porque le pillaron haciéndolo, procura convertir el copieteo en un acto lícito; y así con todo. De este modo, pasito a paso, y a medida que han ido pasando por el Gobierno o aledaños cierto tipo de personajillos de dudoso pelaje, hemos ido dando en este despropósito de sociedad en que nos revolvamos como marranos en la cochambre.

Avanzamos, en fin, como los cangrejos. En buena medida, todo esto es producido, curiosamente, por personas a las que se les supone una gran formación intelectual y frecuentemente con una serie de conocimientos herméticos o mágicos que lindan con el desvarío. Debe ser que, como reza el aforismo de la Grecia clásica, “a quienes procuran tentar a los dioses, primero les vuelven locos”, pero no hay duda de que algunos tienen toda la pinta de estar tocados del ala, y que mejor estarían con un gorro de papel en la cabeza que con una vara de autoridad en la mano.

Nada, que al paso que vamos en breve será legal lo más desquiciado. Decía la infausta Bibiana Aído, en una reciente entrevista, que las denuncias falsas de mujeres que acusan falazmente a sus parejas de malos tratos para obtener seviciosa ventaja legal o venganza personal eran una excepción, eximiéndose así de tener que legislar para corregir el desvarío, cual si la excepción delictiva no fuera perseguible y punible. En esta línea de pensamiento tan avanzado, ¿no será lógico que el siguiente paso legislativo es que no se persiga el crimen porque es una excepción social?..., ¿y no lo será también, por ser también una conducta excepcional entre los hombres, la permisividad de la violación?..., ¿y el canibalismo, no será también algo consentido debido a su excepcionalidad?...

Los dioses se ve que hace tiempo volvieron locos a algunos hombres, y comenzaron por los políticos. “Haz lo que quieras”, en fin, parece ser que será de aquí en más el eslogan de nuestra sociedad, y la Thelema que proclama el Libro de la Ley, al paso que vamos, el Código Legal que impere, derogando todas las demás leyes.

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