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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La cuenta numerada de 2,4 billones de dólares que tiene China

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
lunes, 25 de enero de 2010, 02:32 h (CET)
WASHINGTON - China reveló el otro día que sus reservas de divisa exterior han aumentado hasta rozar los 2,4 billones de dólares durante 2009. un incremento de 453.000 millones de dólares durante el ejercicio. Estas cifras mareantes -- y la probabilidad de que las reservas nacionales aumenten un importe comparable este ejercicio - se han convertido en una realidad financiera, económica y geopolítica de impacto difícil de exagerar. El impacto no consiste, como muchos imaginan, en que China pueda "liquidar" de la noche a la mañana sus reservas en dólares y destronarlo como la moneda internacional de referencia en el mundo, socavando el poderío económico y el prestigio estadounidenses. Se cree que dos tercios de las reservas de China o más están denominadas en dólares. Como estrategia económica, abandonar el dólar saldría por la culata. Equivaldría a una declaración de guerra económica en la que todo el mundo - chinos, estadounidenses y muchos otros - saldrían perdiendo.

Considere lo que ocurriría, hipotéticamente. China vendería en primer lugar los títulos denominados en dólares. Eso incluye alrededor de 800.000 millones de dólares en bonos y letras de deuda pública estadounidense, además de miles de millones en acciones y participaciones americanas. Tras liquidar todos esos valores y depósitos de dólares, liquidaría los dólares en los mercados internacionales de divisas en favor de las demás divisas: el euro, el yen y todas las que quiera.

La salida al mercado del torrente de dólares podría provocar otro colapso económico mundial. A medida que las ventas por parte de China salieran a la luz, los demás inversores extranjeros y nacionales se unirían a la tendencia, abandonando los valores denominados en dólares y canjeando en favor de las demás divisas. En cuanto cundiera el pánico, los mercados registrarían importantísimos retrocesos. Los bancos y los inversores verían evaporarse su capital y su riqueza. La reanudación de la recesión mundial, e incluso la depresión, castigaría a las exportaciones de China en los mercados extranjeros (sus exportaciones se desplomaron un 16 por ciento durante 2009). Para proteger el empleo, los demás países podrían imponer cuotas o aranceles a las importaciones chinas.

¿Por qué iba China a hacerse esto a sí misma? Respuesta: no lo hará.

La importancia de las enormes reservas de divisas hay que buscarla en otra parte. Para empezar, las reservas confirman las políticas mercantilistas de China. Un país que practica (BEG ITAL)el mercantilismo(END ITAL) se esfuerza por elevar las exportaciones en detrimento de sus socios comerciales. China ha hecho esto manteniendo su divisa, el renminbí (RMB), a un tipo de cambio artificialmente bajo que concede a sus exportaciones una ventaja competitiva en los mercados mundiales. Se han registrado enormes superávit comerciales, a pesar de que los excedentes del año pasado descendieron como consecuencia de la crisis económica mundial.

A menudo se dice que los Estados Unidos "piden prestado" a China, porque los chinos poseen muchos títulos de deuda publica estadounidense. Esto no describe con exactitud la realidad.

Cuando China recibe dólares, puede utilizar esos dólares para adquirir importaciones. O puede limitar la entrada de dólares permitiendo que el yuan se aprecie, encareciendo las exportaciones y abaratando sus importaciones. En 2005, China inició una modesta apreciación del yuan frente al dólar; a mediados de 2008, se detuvo. Desde entonces, el yuan se ha depreciado frente a las demás divisas, informa el economista del Peterson Institute Nicholas Lardy. Durante 2010 Lardy espera que el desequilibrio comercial positivo se agrave. De esta forma China acumula dólares, que deben ser invertidos. Los grandes excedentes hacen que China "nos preste" a nosotros y a los demás países, independientemente de que queramos o no los "préstamos".

Incluso si China no registrara desequilibrio en su balanza comercial, sus reservas de divisas probablemente crecerían a causa de los réditos de sus reservas existentes. Estas reservas cubren los restantes fines estratégicos de China. Ellos están acostumbrados a hacer inversiones en materias primas (petróleo, alimentos, minerales) y tecnologías importantes en todo el mundo; o compran influencia política a través de la ayuda exterior o los préstamos a tipos inferiores a los del mercado. En la práctica, China tiene un alijo de 2,4 billones de dólares que puede utilizar a placer. La ironía: a pesar de las quejas derivadas de sus grandes carteras de inversión en deuda pública, estas inversiones impulsan los objetivos económicos de creación de empleo de China mediante las exportaciones y la protección frente a los períodos de escasez de productos básicos. El propósito fundamental es apuntalar la permanencia del gobierno en el poder al garantizar un crecimiento económico rápido. Por supuesto, China intenta generar más crecimiento derivado del consumo interno; sin embargo, está promocionando exportaciones fuertes hasta que eso ocurra.

Pero lo que es bueno para China puede no ser bueno para el resto del mundo, incluyendo a Estados Unidos. No es simplemente la reorientación del poder económico, sino la cuestión de cómo se utiliza ese poder, consciente o inconscientemente, para modificar el orden económico mundial.

La expansión desequilibrada de la economía reviste muchos peligros. Ahora mismo las grandes reservas de China - invertidas en deuda estadounidense - se citan como una de las razones de los bajos tipos de interés que provocaron la crisis financiera. El yuan artificialmente deprimido perjudica a las exportaciones de los países en vías de desarrollo y no sólo a Estados Unidos, Europa o Japón. China crece a expensas de los demás. La manipulación de la actividad comercial arruina el apoyo a las políticas de comercio sin fronteras en el resto. Por el momento, China no tiene ningún deseo de sustituir el dólar por el yuan como moneda mundial de referencia. Sus ambiciones son más radicales: crear una economía mundial a la medida de los intereses de China y del resto, por ese orden.

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