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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Nadie atiende a razones si, éstas, son incómodas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 25 de enero de 2010, 02:32 h (CET)
“Señor ministro Gabilondo: me suspenden por utilizar el español en el colegio”. El señor ministro Gabilondo es el “hermanísimo” del conocido locutor de radio Iñaki Gabilondo, gran amigo de Rodríguez Zapatero y un valioso peón de brega para apoyar, a través de las ondas hertzianas, al gobierno socialista dirigido por nuestro Presidente. El señor Gabilondo era rector de universidad y, por supuesto no es ajeno, aunque lo disimula, a lo que está ocurriendo en determinadas regiones de España, en cuanto al uso del castellano, mejor dicho, en cuanto a las trabas, impedimentos, amenazas, chantajes e ilegalidades cometidas por algunas comunidades autonómicas, empeñadas en desterrar de su circunscripción el uso del idioma patrio y, en especial, del ámbito concreto de la enseñanza; para sustituirlo por las lenguas vernáculas. Una niña de diez años, Inmaculada, ha tenido que acudir al ministro de Educación para reclamar “que le devuelvan sus sobresalientes” porque unos profesores obtusos, fanáticos, descerebrados y transgresores de las normas constitucionales, prefirieron causarle un trauma a una buena estudiante antes que aceptar que “se atreviera” contestar su examen en español.

Pero el señor Gabilondo estaba seguramente “muy ocupado” que no pudo dedicarle a la niña diez minutos para darle una explicación convincente. Evidentemente que, con todos sus estudios, con toda su cátedra y toda la pompa de su cargo, le hubiera sido muy difícil, si no imposible, al señor Ministro poder darle una respuesta racional a esta simple pregunta de una niña, una niña que saca sobresalientes y que, a cambio de su esfuerzo, a cambio de su interés por el saber, a cambio de ser, seguramente, de las mejores de su clase; se le da una bofetada en el ego, se la desmoraliza y se la castiga injustamente por hacer uso del castellano, la lengua española protegida en nuestra Constitución de 1.978 y, cuyo conocimiento y uso es obligatorio para todo ciudadano español. Pero, señor Gabilondo, ya no es una niña de diez años a la que se le ha privado de sus derechos y se la ha sancionado ilegalmente, la que reclama justicia, no señor, ya somos los adultos, los que conocemos la Constitución, por lo visto mejor que usted y los que entramos en cólera ante las injusticias que, repetidamente, se están produciendo en nuestro país por estos gobiernos autonómicos, por estos nacionalistas y separatistas que, lo mismo queman las imágenes de los Reyes, que incumplen las sentencias de los Tribunales Superiores de Justicia, que desafían abiertamente al orden constituido promoviendo consultas populares, quemando banderas españolas o satanizando a quienes profesen la religión católica; mientras, por otro lado, favorecen, obligan e imponen una asignatura, la EpC, en la cual, partiendo del pensamiento único doctrinario, antirreligioso y de una moral laica y permisiva, se les induce a los adolescentes a que investiguen sobre sus tendencias sexuales, se manoseen los unos a los otros y, si cabe, que experimenten libremente para comprobar si les apetecen más los varones que las hembras o viceversa.

Pero, cuando uno ya entra en el colmo de la exasperación es cuando se entera de que, la misma carta se la entregó, la pequeña, al líder de la oposición, señor Rajoy. Este señor, en lugar de hacer suya la causa de la niña, en vez de denunciar el hecho con bombo y platillos y pedir la revisión de la actuación de aquellos profesores causantes del estropicio, su suspensión definitiva y la expulsión del centro docente donde ejercían su profesión; no ha sabido hacer otra cosa que mirar hacia otro lado y no ha querido recibir a la pequeña reclamante que así, se ha visto ninguneada en sus legítimas quejas, tanto por parte de los representantes del Gobierno como por los líderes de la oposición encargados de velar por el cumplimiento de las leyes y, en especial de la Carta Magna, hoy en día convertida en una especie de hazmerreír de todos aquellos que, sin el más mínimo respeto por la ley, se dedican a saltar por encima de ella, como si ya hubiera dejado de tener vigencia. Claro que, cuando el señor Feijoo, de Galicia, no ha tenido empacho en desdecirse de sus promesas para establecer una solución salomónica que no ha contentado ni a los nacionalistas ni a los defensores de la Constitución ni a aquellos padres que exigen que se les reconozcan sus derechos a que sus sean enseñados en el idioma oficial de la nación; de poco nos vamos a extrañar ya.

Me gustaría que alguien me explicase en qué clase de enredo está metido el PP, cuando las contradicciones de sus dirigentes están a la orden del día. Si el PP ha venido sosteniendo, desde siempre, la necesidad de conservar y potenciar la energía nuclear por ser la más limpia, rentable y adecuada para nuestras necesidades energéticas; si se reprochó al señor ZP su cacicada de negarse a prorrogar la vida útil de la central de Santa Mª de la Garoña –cuyo cierre está programado para el 2.013, después de que se debatiera el tema por los que se basaban en los informes de la Comisión de Vigilancia, que afirmaban que tenía vida para diez años más, y la tozudez y empecinamiento de ZP, empeñado en anteponer sus promesas políticas a la evidencia de la realidad nacional – me gustaría que la señora Cospedal nos diera una explicación respecto a su desautorización al alcalde popular de Yecla, por ofrecer su ciudad como sede del cementerio nuclear. Se intuyen intereses de tipo electoral, se presienten ansias de poder y se constatan que, en este PP, todo va manga por hombro y que, ante la posibilidad de obtener un escaño más, ya no hay quien quiera sostener los valores fundamentales, el apoyo a la unidad de España, el respeto y defensa de la Constitución, los intereses generales de los españoles, como es la cuestión de los ríos, donde se disputan entre ellos si son propiedad de todos los españoles o se trata de cotos cerrados de cada autonomía. Vergonzoso, decepcionante y gravemente perjudicial para evitar que nuestra nación acabe en manos de sus enemigos: los izquierdistas totalitarios, jacobinos y defensores de un país federal, en manos de reyezuelos o pequeños dictadores, que impongan, como lo hacen Chávez o Evo Morales en sus países, la ley del embudo.

Señores, no veo como es posible que, estando nuestra Constitución tan clara, que siendo el tema de la lengua tan manifiestamente regulado; resulte ser que, en esta nación, sólo lo sabemos interpretar los ciudadanos de a pie, porque ni los jueces, ni los políticos, ni las más altas instituciones de la nación parecen enterarse de que, en media España se tiene proscrito el español, es sancionada su utilización, se ponen trabas administrativas para quienes lo usan y se multa a quienes se atrevan a rotular sus establecimientos con él. El chantaje de los nacionalismos, nuestro anticuado e injusto sistema electoral, la falta de una clase política que ame a su país y no se limite a velar por sus intereses particulares y, el evidente pasotismo de una gran parte de los ciudadanos que, viendo como se desmoronan los pilares básicos de nuestra civilización, prefieren permanecer inanes, desinteresados por los problemas de la ciudadanía, absortos en sus egoísmos, y entregados, temerariamente, a un Gobierno que no sabe como reaccionar ante una situación de recesión, como la que estamos padeciendo y que viene incurriendo en continuos errores, sin que haya nadie que levante la voz para reprochárselo. Como la pequeña de Valencia, pedimos que se nos atienda y, quienes gobiernan, se vuelven de espaldas. Se apoya a los amigos de la farándula, se despilfarran millones en ayudas inútiles y se favorecen iniciativas ruinosas, pero no hay quien se ocupe de poner sentido común, orden, sensatez y sabiduría en el gobierno de la nación. Lo pagaremos caro.

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