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Eurovisión, de Massiel al patetismo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 25 de enero de 2010, 02:26 h (CET)
Llevamos unos días en que en todos los medios de comunicación se habla de Eurovisión gracias a la decisión de Televisión Española de excluir a algunos de los concursantes aspirantes a representar a España en el certamen canoro de las televisiones europeas. Hasta hace un par de años cuando llegaban las fechas de su celebración el festival eurovisivo pasaba con más pena que gloria y los medios de comunicación, a no ser que fueran especializados en el tema, prestaban escasa atención a las evoluciones canoras de unos participantes que, generalmente, eran unos desconocidos.

Lejano queda ya aquel primer festival de Eurovisión celebrado en la ciudad de Lugano el 24 de Mayo de 1956 y en el que alzarse con el triunfo no debía ser difícil pues tan sólo compitieron siete países por alcanzar el galardón de canción triunfadora. España no comenzó a presentar sus cantantes al festival hasta el año 1961 ya que por aquel entonces todavía era bastante acertado el dicho de que “Europa comenzaba en los Pirineos” y ante las democracias europeas la dictadura franquista no era bien vista hasta que los norteamericanos le dieron el visto bueno con la aquiescencia de Ike Eisenhower que vino a Madrid en 1953 a darle el espaldarazo a Francisco Franco. La primera que cantó representado a España en Eurovisión fue Conchita Bautista, después lo harían nombres suficientemente conocidos en el mundo de la canción incluso antes de pasar por los escenarios de este festival televisivo. Peret, Mocedades, Julio Iglesias, Raphael durante dos años, Betty Missiego, Karina, Sergio Dalma, Azúcar Moreno, y, cómo no, Massiel y Salomé, ambas ganadoras del trofeo festivalero aunque la segunda lo tuvo que compartir también con los representantes de Francis, Reino Unido y Países Bajos.

Estos conocidos nombres y otros más hacían que el sábado en que la televisión retransmitía el festival cines y restaurantes vieran mermada la afluencia de público que apostaba por quedarse en casa para ver si el españolito o españolita de turno tenía suerte y los pérfidos europeos nos votaban pese a que todavía faltaban bastantes años para que dejaran de mirarnos por encima del hombro y nos integráramos plenamente en Europa con todas las consecuencias. Por fin en 1968, y después de que Joan Manuel Serrat se negará a ir al festival si no era cantando en catalán, una jovencísima Massiel resultó ganadora con aquel “La, la, la” que tuvimos que aprendernos de memoria de tanto como se repitió en radios y televisión, así en singular porque televisión sólo había una.

Al año siguiente también recibimos las mieles del triunfo en la figura de Salomé y después ya nada más, ni una victoria, tan sólo algún que otro puesto destacado. Y el Festival de Eurovisión fue decayendo al tiempo que se ampliaba y hasta cantantes de Marruecos e Israel participaban en el mismo. Y los participantes comenzaban a ser desconocidos o bien venían precedidos por su paso televisado casi en directo en un conocido programa de televisión. Hace un par de años se quiso hacer participe al público en la elección del representante español para el certamen y los votantes se decantaron por un personaje, interpretado por un actor, fiel reflejo de la ola de frikis que invade la mayor parte de las cadenas televisivas.

Este año desde el programa “Sálvame” de Tele 5 han intentado hacer lo mismo, al fin y al cabo es una manera de tener alguna cosa de la que hablar en un programa que se basa en no dejar hablar a nadie, en interrupciones continuas entre el presentador y los contertulios y en olvidar en el cajón las noticias que alguno de los pocos periodistas que por allí pasan pueda llevar. Importa el grito, el vocablo soez como ese “me lo paso por el potorro” de la co presentadora garbancera, o el patetismo de una periodista que ha decidido pasar los días previos a su jubilación entre la supervivencia en una isla de atrezo previo suculento emolumento y el desfile paramilitar y patético por el plató desentonando canciones cuarteleras y legionarias. Y dicho y hecho, los cerebros pensantes del programa de la cadena de Berlusconi escogieron para candidata de España en Eurovisión a Karmele ya que lo mismo les servía para desde el plató mostrarse seguidora de Carod Rovira y reclamar una selección catalana de fútbol que al día siguiente entonar el estribillo que reclama un” Gibraltar español” o cualquier canción cuartelera de las que cantaban Millán Astray y sus hombres. Cómo ven todo un prodigio de camaleonismo, del independentismo a la Legión pasando por el nacionalismo españolista reclamante del Peñón.

Pero les ha salido la criada respondona y en Televisión Española la han dejado fuera de juego por haber hecho, según el ente televisivo, trampas con la canción titulada “Soy un tsunami”- título de muy mal gusto si recordamos los miles de muertos que pusieron de moda la palabra tsunami hace pocos años-. Partes de la música no original y la cita a una conocida marca comercial, aunque disfrazada según la aspirante a cantante como “cruce de calles” dicho en francés, han dejado fuera de los escenarios a quien nunca debió entrar en este juego. La caja de los truenos se ha desatado en TeleBelén y acusan a Televisión Española de anticonstitucional y antidemocrática, tiene gracia que desde una cadena propiedad de Berlusconi, ese gran demócrata italiano, y desde un programa que con la excusa de divertir remueve los más bajos instintos y la parte más morbosa de las personas se intente ampararse en la constitución para seguir teniendo en el candelero la oportunidad de ir aumentando el share, que es lo único que les interesa. Han estado presumiendo que detrás de Karmele estaban los votos de 127.000 personas y yo afirmo que no hay 127.000 personas detrás de estas votaciones. Se votaba mediante una página WEB y cada persona podía hacerlo cinco veces cada día, así que hagan cuentas y verán como Karmele Marchante, Sálvame y Tele 5 mienten como bellacos cuando dicen que 127.000 personas le han votado, la verdad es que tenía esos votos pero no había ese número de personas detrás de los mismos.

Si el festival de Eurovisión va a seguir por los mismos derroteros que parece llevar más vale que Televisión Española deje de gastar nuestro dinero y su tiempo en el mismo ya que no sirve para nada, ni tan siquiera para descubrir voces nuevas. Y a los mentores de la televisión de Berlusconi en España les digo que ya tienen lo que querían, un nuevo tema para seguir llenando de basura horas y horas de televisión, pero por favor cuando lleven invitados que quieran hablar y decir la verdad como José Luís Uribarri el pasado viernes, déjenle hablar, aunque su verdad no sea la de ustedes.

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