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Etiquetas:   Estados Unidos   Política   -   Sección:   Opinión

Palabras groseras

El mal hablado es una persona que ha perdido el favor de Dios
Octavi Pereña
martes, 18 de octubre de 2016, 00:06 h (CET)
Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos es un buen ejemplo del dicho popular: “Por la boca muere el pez”. Los exabruptos del político contra todo el mundo y de manera concreta contra las mujeres, le pasan factura. Personas importantes de su parido le niegan soporte y evitan aparecer juntos en las fotografías, porque no desean que se les vincule a persona tan grosera. Entre nosotros García Albiol, candidato del PP a la presidencia de la Generalitat de Catalunya, le traicionaron los sentimientos cuando despectivamente se refirió al sudor del sobaco de Anna Gabriel, portavoz de la CUP en el Parlamento de Catalunya. Se ve que a determinados políticos no les gustan las mujeres. ¿Tienen miedo que les pasen la mano por la cara y que su presencia activa en política les haga sentir menos machos? Llegará la hora que la misoginia de los políticos les pasará factura porque el voto femenino representa aproximadamente el 50% del electorado.

Donald Trump es un representante destacado del político mentiroso. La mentira forma parte del quehacer político. A corto plazo es posible que dé buenos resultados electorales. A medio y a largo plazo se convierte en un bumerang que se revuelve contra quien lo lanza, hiriéndolo gravemente. Se dice que los políticos son muy políticos, es una manera de decir que son dados a la mentira, que son expertos en el arte del engaño al electorado. Para conservar el voto de los suyos y conseguir el de los indecisos, son muy halagadores. Aseguran que mantendrán el poder adquisitivo de los jubilados y se limitan a subir las pensiones un 0,25% que es lo mínimo legal. Que se crearan centenares de miles de puestos de trabajo y lo que se consigue son trabajos temporales con salarios de hambre. Que se mantendrá la asistencia social, la educación y la sanidad pública y se realizan recortes presupuestarios que impiden ofrecer buenos servicios. En el momento en que se sientan en la butaca del poder miran hacia otro lado cuando llega la hora de cumplir las promesas electorales, eso sí, no les tiembla el pulso a la hora de poner a los suyos que están afectados por la corrupción en cargos políticos muy bien remunerados. Excusas de mal pagador son las justificaciones por el incumplimiento de las promesas electorales. Mienten sistemáticamente. Entonces se quejan, al menos en apariencia, de que la ciudadanía se desentienda de la política y que muchas personas consideran ir a votar una pérdida de tiempo. Si es para que todo siga igual o peor, ¿por qué votar? Prometen combatir las causas del desinterés. Las promesas se las lleva el viento. Pronto vuelven a tropezar en la misma piedra y el clientelismo reflota. Si no se produce un cambio en el corazón de quienes se meten en política, no cambiará la manera de hacerla.

David que mató al gigante Goliat y yerno del rey Saúl tuvo que huir precipitadamente porque los celos del suegro le llevaron a intentar matarlo. En sus idas y venidas para deshacerse de sus perseguidores se encuentra con los pastores de las ovejas de Nabal. Durante el tiempo que pastores y fugitivos convivieron no se perdió ninguna oveja. Llegado el tiempo de la esquila Nabal celebra un banquete. Sabiéndolo David envía diez de sus hombres para informarle de la protección que se le prestó a sus pastores. A la vez para pedirle comida. La respuesta fue iracunda: “¿Quién es David, y quién el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores. ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de donde son? (1 Samuel 25: 10,11). Uno de los testigos de la reacción iracunda de Nabal avisa a Abigail, la esposa de su señor, de lo sucedido. Abigail se apresura a cargar unos asnos con comida y parte para encontrarse con David. Cuando se ven la mujer le dice al fugitivo y futuro rey de Israel: “No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal, porque conforme a su nombre, así es. Él se llama Nabal, y la insensatez está con él” (v.25).

En un mundo en que la palabra a menudo se utiliza como arma para destruir al otro, nosotros debemos utilizarla como instrumento de edificación del prójimo. En concreto, cuando las personas se meten en política no deben ser insensatas como Nabal. Todo lo contrario, en personas humildes, conscientes de la responsabilidad adquirida al convertirse en servidores de los ciudadanos que los han votado. Los políticos que se consideran amos del país se convierten en unos insensatos como Nabal que al saber lo que su esposa había hecho “desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra” (v.37). Diez días después murió. Su insensatez le mató.

El Señor Jesús avisa a los ciudadanos, sin excluir a los políticos: “a que no sean insensatos como Nabal dejando brotar de sus corazones pensamientos que se convierten en lenguaje grosero: “Pero yo os digo que toda palabra inútil que digan los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36,37). “Es posible curar una herida de bala, pero una herida causada por la lengua nunca cicatriza” (proverbio persa).
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