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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un discurso made in ZP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 23 de enero de 2010, 23:55 h (CET)
Es posible que, en Europa, todavía haya países que no conozcan bien al señor Rodríguez Zapatero; acaso, en los medios del PSE puedan pensar que este señor es una persona capaz para hacer lo que propone y que, sus buenas intenciones, esconden algo de talento que pueda contribuir a dirigir a Europa hacia el camino de una recuperación y, de paso, a conseguir que todos los distintos estados que forman la CE dejen aparte sus diferencias endémicas, se reúnan a firmar una simbólica “pipa de la paz” y, disciplinadamente, se pongan a las órdenes de nuestro mandatario para que, juntos (pero no revueltos), emprender la gran cruzada de la unión social, la eliminación de las diferencias entre empresarios y trabajadores; el dar impulso a los cientos de miles de empresas de la CE para que aparquen sus intereses particulares, renuncien a hacerse la competencia y se amolden a las instrucciones emanadas del señor Presidente semestral que, sin embargo, está dispuesto a imponer, para los años sucesivos, un nuevo estilo económico, social, ecologista y, si tanto me apuran, impregnado de un claro marchamo keynesiano para que, ni los liberales ni las derechas que, por cierto son las que dominan el Parlamento Europeo, puedan meter su cuarto a espadas en semejante proyecto.

Todos sabemos que, el señor ZP, tiene un estilo muy especial de dirigirse a su auditorio; nadie se ha olvidado de su primer discurso que rezumaba melaza de “buenismo” demagógico, que se comprometía al diálogo con los partidos de la oposición; que prometía paz, puestos de trabajo, prosperidad y que se mostraba, con una inusitada firmeza, dispuesto a terminar con la lacra de la ETA, reafirmándose en el pacto que tenían suscrito con el PP, en la Ley de Partidos y en el estricto cumplimiento de lo establecido en la Constitución. Pero aquello fue un simple espejismo y, los años que este señor lleva instalado en el poder, han permitido descifrar cuales eran sus verdaderos propósitos que, por supuesto, nada han tenido que ver con aquellas promesas y sí, por el contrario, con un partidismo excluyente y totalitario, basado en un presidencialismo autocrático y egocentrista que ha dado por resultado la pobre España en que se ha convertido aquella nación solidaria, unida, sin fractura social, con los efectos de la guerra civil relegados al olvido y que conservaba sus costumbres, tradiciones y cultura cristianas como un tesoro del que pocas naciones podían presumir.

Lo que ocurre es que el discurso, que el señor ZP ha hecho ante el Parlamento Europeo, ha sido como todos los suyos, de mucha palabrería, muchos consejos, muchos gestos grandilocuentes, mucha saliva gastada en presumir de su sentido social y de su preocupación por todos los desamparados por la fortuna cuando, en España, tenemos la mayor concentración de parados de toda la UE, y todo debido a su empeño en no variar su sistema de entender la política propio izquierdismo más rancio; emperrándose en dilapidad el dinero del Estado en ayudas deslavazadas, carentes de coordinación, inútiles y, en muchos casos, ineficaces por no existir dotaciones para llevarlas a cabo. De ahí que, cuando le hemos escuchado referirse a una Universidad europea no hayamos preguntados ¿en qué modelo se va a basar?, ¿acaso en las de Barcelona copadas y dirigidas por el nacionalismo catalán?, o ¿en aquellas en las que, para conseguir un cupo determinados de “aprobados” se les obliga a los profesores a dejar pasar de curso a alumnos, sin la debida preparación? Hace años nuestros licenciados eran solicitados desde toda Europa, ahora, si no han pasado por Erasmus o no superan la selección de Polonia, pocos serán los que van a ser contratados debido a la poca estima que ya se da a los títulos concedidos en España.

Pero quizá lo más ilustrativo sobre la intervención de Zapatero ante el PE sea enterarnos de algunos de los comentarios de los eurodiputados. Por ejemplo: “Con palabras y retórica no se solucionan problemas” o “¿Su única iniciativa concreta es el coche eléctrico?´, o “Venga usted con humildad, aprenda. No pretenda dar lecciones” o “Usted es un matador prudente y yo voy a ser un toro prudente. ¿Quién tiene la responsabilidad en Europa: usted, Van Rompuy, Barroso, la señora Ashton? ¿Después de 11 días de presidencia, quién ha ido a Haití? Entre una retahíla de otros muchos puyazos de la misma índole y sentido. Por cierto, resulta verdaderamente impactante que, como es habitual, Europa se haya dormido en frases de condolencia, en buenas intenciones, en oferta de ayudas (conste que, en este caso, excluyo a España que sí ha enviado equipos de ayuda bien preparados y eficientes), en caras largas y en algunos ramalazos de envidia a cargo de Francia y algún otro país del norte, cuando se han quejado de la forma expeditiva que han utilizado los norteamericanos para poner orden, encauzar el reparto de ayudas y, de paso, darle confianza a la población, poner orden y ganarse el aprecio de los damnificados.

Y es que, esta Europa, no acaba de marchar y les puedo asegurar que, con el nuevo Presidente, si el señor Van Rompuy no le para los pies, no mejorará ni un ápice. Si no consiguieron aprobar una Constitución comunitaria y han tenido que esperar años para aplicar el tratado de Bruselas, a causa de las distintas sensibilidades políticas y nacionales; si no han podido ponerse de acuerdo en una legislación común y si han sido incapaces de establecer unos parámetros para todos los miembros de la comunidad que les sirvan para tomar decisiones conjuntas en materia de energías, de estructuración de legislaciones laborales y del problema de la inmigración; cómo puede esperar, el señor ZP, confiando en su supuesta “influencia” en Europa y teniendo en cuenta el ejemplo de los ruinosos resultados de su política económica en España; vaya a conseguir imponer y “sancionar” el cumplimiento de un pacto social europeo o la fabricación de coches eléctricos, sabiendo que, en este último caso, los dirigentes de las diferentes empresas automovilísticas europeas, muchas de ellas enraizadas a empresas norteamericanas, se van a oponer a que les den un vuelco en sus proyectos comerciales. Lo dije en otro comentario, “si ZP se cree que va a poder mover un solo ladrillo de la estructura europea sin que Francia, Alemania y los países ricos den antes su beneplácito” es que no está instalado en la realidad y sueña en utopías irrealizables.

Un programa, con fecha de caducidad el 2020, pergeñado desde una presidencia semestral, debería ser de una enjundia, una calidad, un rigor económico y financiero, una solidez estructural y una consistencia tal que fuese capaz de engatusar y encandilar a toda Europa por su brillantez y originalidad y, miren por donde, no me parece que un Presidente, que ha sido capaz de desgastar a una nación, como España, que gozaba de un estado de bienestar difícilmente superable por la mayoría de naciones del mundo a causa de su calidad; que ha consentido, por su tozudez, que se hayan registrado más de 4’3 millones de parados y que no ha dado ninguna muestra de estar capacitado para sacarnos de la crisis ya que, si salimos, seremos de los últimos en hacerlo; vaya a cambiar de tal manera que, entronizado en la vieja Europa, esté preparado, tenga el asesoramiento necesario y el liderazgo preciso, para pasar de ser el último gato de la comunidad a erigirse en el “salvador” el “mesías” esperado, capaz de sacarnos a todos del agujero en el que estamos metidos, unos más que otros, por supuesto. Hay milagros, como hay brujas; pero, de tal magnitud, cuesta creer que se puedan producir.

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