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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los juegos, terapia infantil

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
viernes, 22 de enero de 2010, 14:33 h (CET)
El escenario lúdico es el mas favorable para la formación y el crecimiento de los hijos. El esparcimiento es el enlace para que los chiquillos comiencen un camino que les deje llegar a las cosas posibles, siendo auténticos descubridores de los misterios invisibles, que los adiestrarán para incorporarse al mundo de los mayores.

El chaval mezcla todo en el juego; cuerpo, conocimiento y entusiasmo. El niño tiene derecho a corretear y así hay que contemplarlo. Impedirle jugar es despojarle de su niñez, y por lo tanto, representa la destrucción de su primera etapa para su existencia como adulto.

Muchas investigaciones aseveran que, además de ser el juego un medio para la educación psicológica del chiquillo, los ajetreos que hacen los críos al juguetear evita muchas dolencias, en su paso por la vida, como persona adulta.

La tendencia creciente de la gordura infantil ha sido relacionada con los cambios monetarios, gubernativos, demográficos y de estilo de vida. Las conductas en el uso de las nuevas tecnologías suponen un peligro para la mejora física de los críos. Los recreos populares han pasado a un lugar secundario por el desafío de las videoconsolas e Internet.

Para impedir que los videojuegos, la televisor y el ordenador puedan lesionar al niño, la clave no reside en vedarles que los empleen sino en adiestrarlos para un empleo cabal. Ningún chiquillo debería pasar mas de dos horas al día frente a una pequeña pantalla.

El italiano Franco Frattini asevera que la Unión Europea ha vedado los videojuegos “Rule of Roses y “Man Hunt” y sugiere tomar como referencia el sistema PEGI (Pan European Game Information paneuropea sobre juegos), una institución independiente de la Unión Europea que determina, desde 2003, una escala de “grados violentos” aparte de señalar el contenido soez o referencias carnales no idóneas para menores de edad.

La influencia provechosa del juego en el chiquillo crea autoestima, urbanidad y una profusa relación de efectos saludables para el cerebro infantil. El crío se forja en un proceso de juego, de interacción lúdica con otros chavales, con las cosas, con los irracionales y con los hechos. El juego tiene una razón en sí mismo.

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