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Etiquetas:   Política   PSOE   -   Sección:   Opinión

Rizando el rizo

Nos cuentan lo que ya sabemos
Carlos Ortiz de Zárate
lunes, 17 de octubre de 2016, 00:22 h (CET)
Este domingo todo sigue igual; como si el gobierno en funciones no estuviera tomando, sin justificación alguna y sin control parlamentario, decisiones que afectan a nuestra cotidianidad, futuro y derechos. Eso sí; nos cuentan lo que ya sabemos: la financiación ilegal de los partidos del poder, la negociación entre ambos para la gobernabilidad y los conflictos del PSOE.

La firma del Tratado UE-Canadá por el gobierno español no era urgente. No hay posibilidad de seguir con el procedimiento hasta que se resuelva la negativa a la adhesión de Bélgica, más exactamente de una de sus regiones.

La decisión del gobierno de adelantarse a las manifestaciones ciudadanas convocadas para proclamar el rechazo a la firma no se explica sino por dejar claro que tiene el poder.

¿Cómo nos lo cuentan los “portadores de opinión? No mencionan mucho las protestas ciudadanas o plantean la oportunidad y legitimidad de la firma. Únicamente “El Diario Crítico.com” promete en su titular: “El gobierno en funciones autoriza la firma del polémico acuerdo con Canadá en plenas protestas”: http://www.diariocritico.com/nacional/gobierno-funciones-ceta-acuerdo-libre-comercio-canada El texto del artículo trata de las bonanzas del acuerdo.

Felizmente hay otras publicaciones que tratan del tema, entre ellas este medio; pero los hacedores de opinión están más interesados en mostrarnos lo que hay y lo que nos espera, como si de un imperativo categórico se tratara.

Así nos lo están contando, incluso medios que se proclaman de izquierdas. El poder tiene la opinión. No toda; tenemos que hacernos escuchar. La firma en el marco expuesto no es solamente una provocación y un atentado al Estado de Derecho. Es un adelanto de la que nos espera.
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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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