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Xeno… dementia

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 20 de enero de 2010, 13:15 h (CET)
Lo tenemos casi todo, menos cordura. Al menos, y según se desprende del tango legislativo que parrandean algunos partidos, por parte de ciertas autoridades. Si la infausta ministra socialista de la vivienda de entonces se marcó una de peteneras con la cosa aquélla de los pisitos de 30 metros cuadrados para una familia media española (que está formada por dos y pico personas), ahora algunos miembros de su partido y de otros afines de gobiernos autónomos se marcan otra de soleares con que los inmigrantes, para ser censados, deben justificar disponer al menos de 20 metros cuadrados de vivienda por persona. Cosa lógica porque los inmigrantes que vinieron a engordar a España necesitan más espacio que los nacionales, ya algo famélicos por virtud de las acciones de Gobierno.

Este baile político socialista de no saber qué se quiere, cómo se quiere y dónde se quiere, nos tiene a algunos los nervios fané. No sabemos si la legislación de hoy servirá para mañana, o si, como en los pasos del tango, tendremos que hacer unos firuletes sobre la baldosa, revoleándonos sobre nosotros mismos. Si la ministra A dice Diego, la B dice digo, la N que si quieres arroz y la X jode, para hacer honor a su distintivo. La cosa se está poniendo tan peliaguda con esta desorientación gubernamental, que deberían ver si en el mercado negro les cambian a pelo las inútiles vacunas contra la gripe-A de las multinacionales por píldoras antimareo, porque la singladura de este Gobierno que padecemos es como ir en un bote de remo en medio de una fenomenal galerna.

La situación, pues, vista desde la óptica del PSOE y mónagos, es que los españoles se arreglan para la cosa de que no les llueva sobre la cabeza con algo así como 10 metros cuadrados por testuz, entretanto los inmigrantes precisan 20. Y es que no es por xenofobia, sino por distinción, por simple deferencia, por cariño y promoción de la realidad multirracial y pluricultural de la venidera España, a la vez que por entretenimiento del personal patrio, para que tenga un poquitín de qué hablar y le dé a la húmeda entre fumbo y furbo.

¡Ah, el Gobierno! ¡Qué aburrida sería la vida sin un PSOE que nos entretuviera con sus demencias!... No sólo se traen a los inmigrantes a paletadas para luego perseguirles, sino que les exigen que, como poco, vivan el doble de bien (en cuanto a espacio sugerido) que los currantes patrios, sobre todo ahora que desciende el desempleo porque ya van quedando pocos nacionales (con perdón) que tengan un trabajo, y muchos menos que gocen de un empleo digno. Al fin y al cabo, es desvivirse por nuestros invitados y nada hay en ello de racismo o de desprecio, sino que es una hábil maniobra para que, ahora que somos los presidentes de Europa en este fenómeno cósmico de repercusiones universales en todos los ídem paralelos del orbe cuántico, vean los ciudadanos de los veinticinco que aquí atamos a los perros con longanizas. Veinte metros cuadrados por inmigrante se me antoja, a tenor de todo lo dicho, cosa de poco, y aún para que rimara con el número de países miembros de este corpus tentacular de las estrellas flamígeras, debieran ser 25. Como suena, para que vean que sabemos hacer pareados con el cinco… a estos ingenuotes que vinieron a aumentar la bolsa del Erario arrastrados por interesadas propagandas, y ahora les enviamos de vuelta a sus países remando... o a patadas (propulsión gratuita).

Todo sea por el bien de España, porque ya que no abunda el trabajo, afea mucho pasear por las ciudades y ver que todos los miserables que creyeron que podrían tener casa y coche y niños, habitan los arrabales chaboleros ésos en que las máquinas de la impiedad no dan abasto derribándolas. España podrá estar mal, e incluso muy mal, pero no debe notarse ni tanto así, un poco como sucede con la economía sumergida, ese proceloso océano donde han obligado a bucear a la mitad de la población activa, especialmente a todos los que no laboran por recomendación o chanchullo para administraciones diversas o de gracia en grandes multinacionales.

¿Qué hay que cambiar la ley de ayer para actualizarla al ahora mismo?..., pues tal cosa; ¿que hay que modificar lo de antes a lo de luego?..., pues al tajo. ¡Faltaría más! Aquí se modifica lo que sea menester, no importa implicando qué consecuencias o haciéndole gastar al personal lo que sea, siquiera sea la paciencia. ¡Que viva el entretenimiento en ésta nuestra sociedad del ocio y la demencia! Así nos luce el pelo, claro.

¿Xenofobia?..., no señor: xeno... dementia, que es la última moda. Si hace unos pocos años se jugaba en Europa a ese aleccionador tiro del enano, ahora casi ya podremos hacer lo mismo con el inmigrante, con el morito o el sudaquilla que pensó que podría ser como nosotros…, o como ellos, los que mandan, los que tocan el bandoneón y los que nos hacen bailar al son que les plazca. Después de todo, los inmigrantes ya hicieron su trabajo, y, con su artificio y uso adecuado, pudieron los poderes atenuar los salarios engreídos de los nacionales, restarles derechos y reducirles a simples manos prescindibles. Ahora, ya, sobran. ¿Veinte metros?..., pocos me parecen. Habría que pedirles al menos doscientos por persona, para que no quede en todo el suelo patrio ni uno solo. Así, nuestro Presidente, ilustraría a Europa de cómo se combate con eficacia suma el desempleo: con xenodemencia.

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