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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

‘Skreemer’ de Milligan, Ewins y Dillon. Cómic negro del bueno, duro, sin concesiones

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 19 de enero de 2010, 05:41 h (CET)
Un skreemer es un asesino, aunque no un asesino cualquiera. Es un matarife de primer nivel de esos que ya han escalado varios peldaños en los entornos de la mafia, un ángel negro. La acción principal transcurre en el año treinta y ocho tras la Caída. Pero esa fecha, ese dato temporal, es únicamente el cuerpo central de este ‘Skreemer’, obra del guionista Peter Milligan y de los dibujantes Brett Ewins y Steve Dillon. Según cuenta en la Introducción el propio Ewins, la idea se les ocurrió a él y a Milligan mientras veían en el cine la película ‘Érase una vez en América’. Su visión les impulsó a dibujar un cómic sobre gángsters, una historia policial, negra, dura, pero ubicada en el futuro. El presente tomo, editado por Planeta DeAgostini en diciembre de 2009, es una reedición en un solo volumen de los seis tebeos que fueron publicados hace ya algún tiempo, concretamente en 1989.




Portada del cómic.


Decía antes que hay una historia principal, la del año 38, pero en ella confluyen otras: las vidas de Veto Skreemer, Dutch, Vicky y Finnegan. La narración, por tanto, transcurre en un continuo ir y venir entre el presente y el pasado de los personajes. Gracias a ello vamos a conocer la relación que existe entre todos ellos y como, paso a paso, la vida les ha ido conduciendo a la situación actual. Por supuesto, los dibujantes utilizan colores distintos para recordarnos constantemente cuándo estamos en el ahora y cuándo en el antes. Además, el guionista, Milligan, mostró en su día una habilidad compositiva singular para enlazar las historias, ya que los bocadillos finales de algunos microepisodios dan pie al inicio de los siguientes. Son palabras, frases comunes, que saltan de un momento a otro, del pasado al presente, del recuerdo a la realidad, ejercitando un recurso estilístico francamente interesante.

Como en toda historia de gángsteres que se precie, y Skreemer, futurista o no, lo es, siempre hay un trasfondo de poder. Y así nos encontramos con la lucha cerrada por el control del tráfico ilegal de alcohol, medicinas, alimentos o niñas raptadas entre bandas rivales. En el ambiente mafioso del año 38, flota la idea de que se viven otros tiempos, ni mejores ni peores, sólo distintos y que los antiguos métodos de poder han de dar paso a otros nuevos. Y a eso es a lo que el máximo presidente del momento, Veto Skreemer, se opone, se resiste. No está dispuesto a ceder parcelas de dominio aunque aparente lo contrario. Todo ello originará una lucha sin cuartel.

Los flashbacks nos muestran cómo pequeños delincuentes, en ocasiones simples muchachos que roban para subsistir, van desarrollando sus instintos criminales, afinándolos, en un puro afán de supervivencia o de “ascenso social”. La importancia y la gravedad de sus acciones, desde el simple robo a un borracho hasta el disparo a bocajarro más cruel e impío, van creciendo paulatinamente. Es la carrera por la vida, sólo que en este caso esa carrera se desarrolla en las cloacas de la sociedad, en un submundo infame en el que el balazo traidor aguarda, pacientemente, a la vuelta de cualquier esquina.

Los dibujantes, Ewins y Dillon, brillan en todas las viñetas y, me parecen, estupendos intérpretes del guión de Milligan. Especialmente elocuentes son los dibujos de los escenarios más sórdidos y pobres: pisos destartalados, hombres devorados por la decadencia de la miseria, calles devastadas, solitarias, siempre nocturnas, cuerdas con ropa tendida, paisajes sin futuro ... A este respecto, el lector puede quedar impresionado cuando Charles Finnegan, abuelo de uno de los protagonistas, descubre una vieja iglesia, todavía presidida por un Cristo, escuálido y destartalado, que parece atacado por las secuelas de una epidemia de peste medieval. Los tonos apagados que han utilizado en su elaboración, ocres, opacos, graves, acentúan la tristeza y desolación de la escena.

Otro de los muchos detalles que llama la atención de este ‘Skreemer’ es la figura de Veto, al que dibuja al borde de un balcón sin barandilla. Su amante, Claudia, que espera un hijo suyo, dice que la ausencia de barrotes se debe a que Veto “quiere saltar… pero no tiene pelotas. Así que se queda ahí, imaginando que cae”. El que suscribe se inclina por una interpretación diferente de una viñeta que se repite constantemente. El pretil del balcón no es más que un símbolo de que la vida del gángster de gángsteres, desde que vio morir a su padre a manos de un vagabundo en un cuartucho abandonado, siempre ha estado en el límite de algo: de morir o vivir o mejor dicho, de morir o luchar por la supervivencia.

Futurista o no, ‘Skreemer’ es un relato del más puro género negro, duro, sin concesiones, con sabor a ciencia ficción, y como tal posee todos los elementos para hacer disfrutar a cualquier aficionado: imaginación, buenos diálogos, violencia, sexo, alcohol, miseria, coacciones, asesinatos, chantajes, … Y no busquen humor. No lo hay. Ni siquiera negro.

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‘Skreemer’ de Peter Milligan, Brett Ewins y Steve Dillon. Editorial PlanetaDeAgostini. Colección Vértigo. Diciembre 2009. Color, tapa dura, 178 páginas, 15,95 euros.

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