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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Demos vacaciones al demonio

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 19 de enero de 2010, 05:27 h (CET)
WASHINGTON - La tragedia a menudo saca lo mejor de algunas personas. Y a veces, saca lo peor.

Dirija su atención si es tan amable a las Pruebas A y B de la acusación, Pat Robertson y Rush Limbaugh.

Nadie se sorprenderá de que Robertson invoque la ira de Dios o los trucos de Satanás cuando se presenta el horror. Ya se trate de un huracán, un ataque terrorista o un terremoto, se puede estar seguro de que la mesa Ouija de Robertson dará la explicación sobrenatural.

Invariablemente se culpa a las víctimas o a alguna tercera parte favorecida por Satanás y mal visto por Dios. ¿Qué había detrás de los ataques terroristas del 11S? La decadencia moral de Estados Unidos. ¿El huracán Katrina? Por el aborto. ¿El terremoto de Haití? Un pacto con el diablo.

La "verdadera noticia", decía Robertson en su programa de televisión "El Club de los 700". Explicó que, cuando Haití era colonia francesa, los rebeldes "hicieron un pacto con el diablo", diciendo, "Nosotros te serviremos si tú nos libras de los franceses.

"Y así dijo el diablo... "
Disculpe sólo un segundo, mientras hago una pausa para saborear este momento. Estoy bastante segura de que es la primera vez en mi vida que cito al diablo. Continuemos:

"Y así el diablo dijo, 'Vale, tenemos un acuerdo'".

¿Vale? ¿Tenemos un acuerdo? Como todo el mundo sabe, el diablo habla de forma prosaica.

Desde entonces, continúa Robertson, "ellos (los haitianos) han sido maldecidos por una cosa tras otra".

¿Cómo se puede interpretar una declaración así? Al parecer, Robertson se refería a una ceremonia vudú de 1791 que algunos historiadores creen fue la chispa de la revolución. La llamada a la rebelión fue difundida por Dutty Boukman, un sacerdote vudú líder de los esclavos cimarrones. El levantamiento resultante, que finalmente condujo a la independencia de Haití, se cobró la vida de miles de colonos y esclavos.

¿De qué parte pensará Robertson que se posicionó Dios? ¿De los propietarios de esclavos? ¿Y cree realmente que el diablo se está cobrando la deuda mediante la destrucción de miles de vidas en el terremoto y las mutilaciones innumerables?

El "Club de los 700" de Robertson pide oraciones, así como donaciones, algunas de las cuales llegarán a los indigentes y desplazados de Haití. Pero tener que escuchar a Robertson y razonar sus interpretaciones diabólicas de los hechos es un precio elevado por caridad. Si el pueblo de Haití está maldito, como insiste Robertson, es en parte el legado de la esclavitud - ¿sin duda el trabajo del diablo? - lo que tiene la culpa. Los terremotos no responden al demonio, y el desplazamiento de las placas tectónicas no debe ser un misterio para ningún hombre del siglo XXI.

En el mundo literal de superstición y miedo de Robertson, la ruptura de una falla puede significar un eructo del demonio, pero en el mundo real de la ciencia y el conocimiento, es un hecho natural, aunque perturbador, que no guarda ninguna mala intención hacia ningún hombre, mujer o niño.

Que estemos teniendo esta conversación es ridículo - sería obviamente de esperar. Que un porcentaje de los millones de espectadores diarios del "Club de los 700" pueda orar y dar el diezmo a los predicadores de bilis es mucho más aterrador que ninguna maldición vudú.

Igualmente inoportunos y estúpidos, por no decir igual de demenciales, fueron los comentarios de Limbaugh acerca de la noticia del terremoto:

"Esto hará maravillas por la imagen del Presidente Obama - humanitario y compasivo. Lo usarán para sacar a relucir su, digamos, credibilidad dentro de la comunidad negra - tanto en la comunidad negra como en la mulata de este país. Es algo que les llega llovido del cielo".

Limbaugh, como Robertson, ha sido debidamente condenado por sus comentarios. El hecho de que en parte se estuviera burlando de los ya famosos comentarios del líder del Senado Harry Reid sobre la piel clara de Obama (como un plus político) no resta horror al cinismo de Limbaugh. Lo que es peor: ¿la observación anticuada de Reid revela que Obama no traiciona ningún "dialecto negro" en su dicción, o insinúa Limbaugh que un presidente afroamericano, al ayudar a una población negra devastada, podría estar tratando de embellecer su familiaridad con la cultura?

¿Es posible que Limbaugh no sepa que la historia de Haití también incluye la opresión post-esclavitud de los descendientes de piel oscura de los esclavos por parte de los descendientes de los colonialistas de piel más clara con las esclavas?

Seguramente debería de haber un momento y lugar concretos en que las circunstancias van más allá de lo habitual y nos liberan del hostigamiento racial y el proxenetismo con la ignorancia que caracterizan a gran parte de la política norteamericana: Cuando Dios y Satanás se toman vacaciones de la actualidad. Cuando a un presidente se le pueden reconocer las intenciones puras de una nación buena. Cuando la ciencia no es un insulto a la divinidad y ningún demonio tiene el mérito de la miseria humana.

Haití es uno de esos lugares. Ahora debería de ser una de esas veces.

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