Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las mujeres mexicanas y la migración a EEUU

Talía Dánae Romero-Sánchez (México)
Redacción
lunes, 18 de enero de 2010, 07:22 h (CET)
Actualmente la migración es un fenómeno globalizado que va en aumento, sobre todo provocado por la búsqueda de mejores oportunidades de empleo y de una mejor calidad de vida de las sociedades de países subdesarrollados económicamente. La globalización ha sido un fuerte impulso para dicho fenómeno, pues las fronteras sociales y culturales se desvanecen paulatinamente, lo que permite un mayor contacto con otras regiones así como un mayor conocimiento mundial. La esencia de la problemática que origina dicho fenómeno en México es su incapacidad para retener a la población, pues hay sectores sociales que viven en condiciones inadmisibles y que no tienen otra opción que salir del país para poder sobrevivir.

La pobreza de México y su fuerte interrelación con Estados Unidos ha favorecido el aumento de la migración. Esto permite que no solamente sea la población masculina la que emprende el viaje para cruzar la frontera, sino que en los últimos tiempos se ha integrado la población femenina a este fenómeno. Han sido muchos y variados los cambios que ha tenido la sociedad mexicana en los últimos años, lo que ha traído consigo el surgimiento de la migración femenina. Por su indiscutible importancia, se analizará a fondo este tema en el presente ensayo y cómo dicho sector de la población migra en peores condiciones que los varones, lo cual no ha sido siquiera considerado por las autoridades concernientes.

El tema de la migración femenina y los abusos que las mujeres sufren en su viaje a Estados Unidos no ha sido atendido adecuadamente por los gobiernos, tanto el mexicano como el estadounidense. Son varios los factores que han propiciado tal descuido, como el hecho de que ambos países reciben grandes beneficios de la migración ilegal: México es receptor de remesas sin tener que sustentar a la población que se marcha al país vecino y Estados Unidos obtiene mano de obra barata que no exigirá un trato digno ni sus derechos. Por esta razón es que ha habido una gran negligencia por ambos gobiernos para solucionar dicha problemática y para crear leyes claras que protejan a las mujeres migrantes y castiguen a los agresores.

La necesidad de Estados Unidos de tener migrantes ilegales es evidente, pues hoy en día es impresionante la cantidad de hispanos que viven en el país. De la población latinoamericana que habita en EE.UU, por lo menos diez millones son de origen mexicano. Es inminente el aumento que ha tenido este sector de la población, así como su posicionamiento en diversos sectores sociales y el surgimiento de una clase media hispana. Hace algunos años la mayoría de los latinoamericanos que habitaban en nuestro vecino del norte, pertenecían a la clase social baja, desempeñando cargos en la agricultura. Ahora la nueva clase media hispana ya tiene la posibilidad de desempeñar cargos importantes, incluso dentro del gobierno. (González López, 2008)

Estados Unidos necesita a los migrantes ilegales, así como ellos necesitan de dicho país, por lo que no le es conveniente solucionar el problema de raíz, pero debe mostrar ante sus ciudadanos que realiza acciones para evitarlo.

Precisamente por esto es que ha llevado a cabo proyectos para disminuir la cantidad de migrantes ilegales que cruzan la frontera y que habitan en el país.

EE.UU. no ha puesto genuino interés en evitar las consecuencias negativas que el fenómeno implica y evitar la corrupción dentro del personal que cuida la frontera, permitiendo o ignorando que éstos cometan delitos, como violaciones a mujeres migrantes a cambio de no deportarlas (problema que no es exclusivo de Estados Unidos, sino también de México).

La zona fronteriza entre ambos países se vuelve difícil de delimitar, pues el muro que se ha construido no necesariamente separa dos culturas y dos territorios distintos, así como se expresa el sentir de alguien originario de la zona en la siguiente cita.

Mi niñez estuvo marcada por la frontera, crecí en Reynosa, Tamaulipas, viendo cientos de mexicanos que atravesaban la línea, pero jamás los observé. Vivía en un país que no era México, y cruzaba los fines de semana a otro que no era Estados Unidos; porque “la frontera es un país en sí mismo. La frontera se redimensiona día a día lejos de los procesos del “centro”. La frontera es la periferia que se reinventa a sí misma cada minuto que cruza un mexicano “al otro lado”. La frontera crece sola, es “centro y periferia” de su misma territorialidad. (González Velázquez, 2008: 15)

La frontera es algo más que una línea divisoria, pues ha construido a lo largo del tiempo su propia cultura, además de que se encuentra en circunstancias especiales y distintas al resto de la República Mexicana y a Estados Unidos, causado por el constante flujo migratorio y la continúa movilidad de quienes la habitan.

Para comprender plenamente el fenómeno de la migración femenina, es necesario analizar inicialmente los elementos que la propician. En general, no cualquier persona puede emprender el complicado viaje a Estados Unidos de forma ilegal, pues se deben dar diversos elementos que contribuyan a tomar esta decisión. El movimiento migratorio no es algo que constituya un deseo en los ciudadanos, pues la mayoría de ellos se sienten afianzados a su tierra y a su comunidad por los lazos familiares, además del temor que implica integrarse a otra sociedad totalmente distinta. Por dicha razón, la decisión de migrar es difícil y dolorosa, sin embargo millones de mexicanos, tanto mujeres como hombres, se han marchado a Estados Unidos en las últimas décadas.

Considerando la dificultad en el aspecto psicológico y social que implica ser un migrante ilegal, es importante que se cumplan ciertos criterios. Para convertirse en un migrante ilegal es necesario encontrarse en un punto en el que se vuelva algo inevitable para la supervivencia. El viaje resulta muy costoso, por lo que sólo las personas que tienen la posibilidad de conseguir el suficiente dinero para costearlo, lo realizan. También son importantes las razones por las que toman tal decisión; en el caso de las mujeres, predomina la necesidad de enviar dinero a sus padres, hijos o esposos, los cuales aún permanecen en México; el alcanzar a sus esposos, que también son migrantes; el deseo de mujeres jóvenes de tener una mejor calidad de vida y permanecer indefinidamente en el país vecino, entre otras.

Entre los cambios que han surgido actualmente en la migración femenina, encontramos que ha ido en aumento la cantidad de familias completas que migran. La aparición de la migración femenina y su progresivo aumento, es uno de los factores que ha propiciado esto. Cuando hay más mujeres que migran a EE.UU., las barreras que ellas tenían para viajar desaparecen y aumenta el número de posibilidades de que familias completas hagan el viaje. Anteriormente los migrantes ahorraban para sustentar a sus parientes que permanecían en México, pero las últimas investigaciones muestran que ahora muchos ahorran para que éstos emprendan el traslado. Este cambio ha afectado la economía mexicana, pues las remesas se basan en el dinero que envían los migrantes a México, pero cuando toda la familia se muda, ya no existe la necesidad de enviar dinero al país de origen.

En los últimos análisis generados por la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF), se ha mostrado que existen diferencias importantes entre las características de la migración masculina y la femenina. Uno de los datos que diferencia una de la otra, es que casi la mitad de las mujeres que migran a Estados Unidos viven en zonas cercanas a la frontera. También se ha aclarado que en la migración femenina, la mayor parte de las mujeres pertenecen a ambientes urbanos, es decir, a ciudades muy pobladas, contrariamente a lo que se esperaría. Otra diferencia importante entre los migrantes de ambos géneros, es que la mayoría de las mujeres cuentan con mayor grado de escolaridad, lo cual nos indica que las migrantes tienen diferencias sustanciales de los migrantes varones, no solo en sus circunstancias, sino también en sus razones y pensamiento. (Ávila, Fuentes, & Tuirán, 2000)

Como ya se ha mencionado, en fenómeno de la migración femenina es relativamente reciente, por lo que se marca una tendencia en las mujeres migrantes a contar con ayuda de parientes o amigos, a diferencia de gran cantidad de hombres migrantes. La lógica anterior, también nos da como consecuencia que la mayoría de las mujeres optan por ciudades estadounidenses altamente pobladas por latinos, como lo es California, no así los hombres que migran a lugares donde hay gran necesidad de mano de obra, como Texas. A pesar de que existen muchas y variadas diferencias entre los migrantes de ambos géneros, se detecta que el grado de empleo que obtienen es igual.

Es conocido que los migrantes ilegales en Estados Unidos son muy vulnerables, pues no pueden exigir prestaciones o derechos en sus empleos por temor a ser deportados, pero incluso en este aspecto existen diferencias en la migración femenina. El salario de un migrante ilegal es mucho menor que el de un migrante “con papeles” o el de un ciudadano nacido en el país, pero el salario de las migrantes es generalmente treinta por ciento menor al de los hombres migrantes en el sector de servicios. Por otro lado, no existe tanta desigualdad en otros empleos donde fungen como mano de obra, pero los salarios de dichos empleos aún continúan siendo mal pagados, razón por la que la mayoría de ciudadanos estadounidenses no quieren ocuparlos y los dejan a los migrantes. (Ávila, Fuentes, & Tuirán, 2000)

Las mujeres migrantes que han logrado cruzar la frontera son víctimas de las situaciones laborales ya descritas, pero el viaje que realizan es, por mucho, más peligroso para ellas. La violencia sexual es el problema más grave al que se enfrentan las mujeres migrantes en su trayecto, pues son cien veces más agredidas en este aspecto que los hombres, según lo menciona la ONG Sin fronteras. En la cultura que tiene nuestra sociedad, la mujer es considerada como un ser más débil que el hombre, por lo tanto más vulnerable cuando se encuentra en circunstancias desventajosas y bajo la amenaza de ser deportada o asesinada, en algunos casos. En muchas ocasiones, no son otros migrantes los que violan a mujeres, sino que están involucradas autoridades mexicanas y estadounidenses. (Velázquez, 2008)

Las constantes violaciones a mujeres migrantes es uno de los factores más importantes que se debe tomar en cuenta al analizar la propagación del SIDA en la zona fronteriza. Esto se debe a que una mujer que migra puede ser violada más de una vez y, sin saberlo, puede contraer el virus y propagarlo. También es conocido que muchas mujeres que intentan cruzar la frontera y son deportadas, se establecen temporalmente en ciudades que se encuentran en la zona y, para poder sobrevivir, entran o son forzadas a trabajar en prostíbulos. Estas violaciones a los derechos de las mujeres migrantes ha sido la principal causa de la alarmante transmisión de enfermedades venéreas en la frontera y la entrada de las mismas a Estados Unidos.

Otro factor que también suele ser el responsable de la dispersión de dichas enfermedades y que afecta a mujeres que no son migrantes, son los hombres migrantes que regresan a sus comunidades. Hay pequeños pueblos en muchas partes de México cuya población está constituida únicamente por mujeres y niños, ya que se ha creado una tradición en la que los hombres adultos migran a Estados Unidos. En estas circunstancias, cuando los hombres regresan de nuestro país vecino, traen consigo enfermedades que han contraído al tener relaciones sexuales en el trayecto o en su estancia en EE.UU. Al llegar a su comunidad, ignoran que se han infectado y contagian a sus esposas, pero cuando son enfermedades virales infectocontagiosas, pueden propagarlas a todos los que los rodean.

Las mujeres que migran y que sufren de abusos sexuales, no son únicamente de México, pues muchas de ellas pertenecen a países centroamericanos o sudamericanos, como Guatemala, El Salvados, Nicaragua, Colombia, etc. En cuanto a la responsabilidad sobre los abusos sexuales en mujeres migrantes jóvenes, se ha contabilizado que aproximadamente el setenta por ciento de ellas son violadas por elementos de la Policía Federal Preventiva y en general por hombres pertenecientes al sistema de seguridad fronterizo. En otro aspecto, también estos organismos dependientes del gobierno están involucrados en la venta de mujeres para ser prostituidas y las autoridades responsables de proceder en contra de ellos, se escudan en que si castigan a los responsables, las migrantes que quieren denunciar a agresores estarán en riesgo. (González López, 2008)

Las mujeres que denuncian abusos por parte de las autoridades en la frontera, se enfrentan a un grave riesgo, por lo que las denuncias se vuelven difíciles de realizar y muchas de ellas, por temor, no lo hacen. La organización Sin Fronteras realizó estudios en mujeres que fueron detenidas en la frontera, por medio de la aplicación de un cuestionario en donde se les preguntaba si habían sido víctimas de algún tipo de abuso por parte de las autoridades. Del total de las encuestadas, el 46% afirmó haber sido víctima de violencia, mientras que el porcentaje restante lo negó o no contestaron, lo cual deja la posibilidad de que más mujeres hayan sido víctimas de violencia y por temor no hayan respondido. (Sin Fronteras, I.A.P, 2004)

En las encuestas, del porcentaje que afirmó haber sido víctima, la mayor parte de ellas contestaron que no pudieron identificar a cuál corporación pertenecían sus agresores; en segundo lugar, afirmaron que pertenecían a autoridades migratorias; un diez por ciento de las encuestadas afirmaron que los agresores pertenecían a la PFP, a la Policía Judicial y a policías municipales. Por otro lado, basándose en el porcentaje de mujeres que contestaron afirmativamente, se les preguntó de qué clase de violencia habían sido víctimas, a lo cual contestaron la mayor parte que había sido física y psicológica, seguida por la extorsión y finalmente por la violencia sexual, pero aproximadamente el trece por ciento de ellas no quisieron especificar. (Sin Fronteras, I.A.P, 2004)

Hay muchos tipos de violencia en la situación ya mencionada, pero se han determinado ocho principales riesgos a los que están expuestas las mujeres migrantes: robo, asalto, extorsión, acoso, discriminación, riesgo de muerte, violencia sexual y ocupación en sectores informales. Provocado por el agravamiento de la violencia en las fronteras de alto tránsito, y fungiendo como mayor ejemplo nuestra frontera con Estados Unidos, la O.N.U. creó dos protocolos para la protección de los migrantes: Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire y el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños. Estos acuerdos aseguran dar seguimiento y castigo a los casos que se presenten, siempre y cuando entren en los márgenes que se han establecido, pero como es evidente, no se ha puesto toda la atención necesaria en la frontera México – Estados Unidos para crear mejores condiciones para los migrantes y asegurar sus derechos. (Organización Internacional para las Migraciones, 2006)

Las razones por las cuales las mujeres son víctimas de la trata de personas, no radican en situaciones donde exista la posibilidad de escapar, pues en la mayoría de las ocasiones están en circunstancias de desventaja donde no tienen otra opción. Es común que los responsables de la trata de personas recurran a técnicas engañosas para convencer a las mujeres, como ofrecerles algún empleo cuando son deportadas y se han quedado sin recursos para trasladarse o sobrevivir. En otras ocasiones recurren a técnicas donde emplean la violencia física o psicológica, como cuando las agreden sexualmente y las aprisionan, utilizando amenazas en contra de sus vidas o de sus familias. (Organización Internacional para las Migraciones, 2006)

Es común que cuando una migrante llega a Estados Unidos, inmediatamente intenta conseguir empleo para poder pagar sus necesidades básicas. Por eso una gran cantidad de mujeres comienzan como sirvientas en alguna casa, pues les proporcionan alojamiento y reciben un salario fijo. En estas circunstancias, constantemente son víctimas de abusos sexuales por parte del “hombre de la casa”, bajo la amenaza de que si lo delatan con su familia, éste llamará a las autoridades para que sea deportada. De esta manera, la única opción que tiene la mujer es soportar los abusos por un tiempo y buscar la manera de cambiar de trabajo lo antes posible, pues no está dispuesta a ser arrestada después de lo que ha sufrido en el camino para llegar a Estados Unidos.

Al trabajar como empleadas domésticas en alguna casa, es común que las despidan antes de terminar la semana sin pagarles. Igualmente, también es común que, tanto mujeres como hombres en este caso, sean víctimas de abuso por parte de empresas que contratan grandes cantidades de obreros y los despiden antes de pagarles el primer sueldo y después contratan nuevamente otros empleados. Actualmente el gobierno estadounidense ha aplicado leyes estrictas que tratan de impedir que los empresarios contraten mano de obra ilegal, pero no ha tenido mucho éxito. Cuando ocurren estas situaciones, los migrantes ilegales no tienen forma de denunciar el abuso, pues corren el riesgo de ser deportados.

En las últimas noticias, a partir de la crisis financiera mundial, se ha dado seguimiento a los efectos que ésta ha traído en la migración ilegal, mostrando que la migración continúa. A pesar de la grave crisis que está viviendo Estados Unidos, en este año la cifra de migrantes ilegales que intentan llegar a dicho país solo ha disminuido levemente. La crisis que ha afectado a EE.UU. también ha afectado, incluso de manera más grave, a México, a los países centroamericanos y sudamericanos, por lo que la migración continúa, ya que si no hay muchas oportunidades en Estados Unidos, hay menos en sus países de origen.

En el ambiente globalizado que estamos viviendo actualmente, además de los continuos movimientos por la igualdad de género, sería deseable que las circunstancias entre ambos realmente fueran igualitarias, sin embargo no es así.

Tan solo, cuando se analiza el porcentaje de personas que son víctimas de la trata de personas en el mundo, nos damos cuenta que aproximadamente el ochenta por ciento de ellas son mujeres. En la trata de personas con fines sexuales, las mujeres y niñas conforman el noventa y ocho por ciento de las víctimas (Organización Internacional para las Migraciones, 2006). El problema es principalmente para el género femenino, por lo tanto son necesarias leyes específicas que las protejan desde temprana edad, así como la realización de esfuerzos por parte de los gobiernos para protegerlas.

Las mujeres migrantes están expuestas a continuos abusos a lo largo del viaje, además de que el recorrido por sí mismo es muy difícil y lleno de riesgos, pues muchas de ellas tienen que cruzar todo México para llegar a la frontera y, en innumerables ocasiones, intentarlo más de una vez. Además de las violaciones a los derechos humanos de las migrantes, los problemas de salud generados por la migración, colocan a éste fenómeno en un estado de “atención urgente”. La problemática crece y no se ha atendido como es necesario, lo que afecta no solamente al sector de la población que está expuesta a esta situación, sino a toda la población de ambos países en general, precisamente por el carácter expansivo de ella.

Los gobiernos mexicanos y estadounidenses no deben quedarse impasibles ante la situación tan alarmante que viven las mujeres migrantes. Es necesario que se establezcan leyes para protegerlas, pero sobre todo es necesario que se apliquen. Para esto, es importante que ambos países se comprometan a crear organismos especiales y controlados para dar vigilancia y seguimiento a los abusos que miembros de las autoridades fronterizas cometen, cuidando la seguridad y bienestar de las migrantes. Además de lo anterior, también es primordial que se cuente con la ayuda de ONGs que apoyen de forma desinteresada los proyectos que se generen para mejorar la situación, proponer cambios administrativos y la organización de campañas para dar información a los migrantes sobre enfermedades y cuidados que deben tener en su viaje.

Noticias relacionadas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana

Trapisondas políticas, separatismo, comunismo bolivariano

Una mayoría ciudadana irritada

Prejuicios contra las personas

Es una malévola tendencia, favorecemos los prejuicios y protestamos contra sus penosas consecuencias
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris