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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Mitades humanas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 17 de enero de 2010, 08:09 h (CET)
El orgulloso y lleno de ímpetu cuando observa su parte favorecida; hacia dónde volverá su mirada o su sentimiento en los tiempos en que se muestren sus vertientes de miseria y defectos. Son como dos mitades contrapuestas. Ambas representan unas realidades, que cada uno sabrá como afrontar. ¿Las intentamos vivir a la vez? ¿Compensamos unas con las otras? ¿Nos limitamos a la ocultación de las miserias? ¿Se puede conseguir eso al arbitrio libre de cada cual? Somos muy dados a establecer compartimentos donde quizá no los hay.

Primero les voy a contar un cuento en relación a quienes adolecen de una sola mitad. Para ello, aprovecho el formato versificado de los “Indrisos”, tan cuidados por Isidro Iturat, y a los que me voy aficcionando. Veamos:

EL MITADES

Iba torcido, fija la postura;
Aunque su ramalazo era más mental.
Medio cuerpo dominaba su hechura.

Conducía siempre con un solo ramal,
Aravesaba tenaz la espesura
Con su mirada exclusiva y lateral.

La política era su gran tortura,

Él, y la otra mitad, jugaban fatal.

Sin tratarse de un derecho exclusivo de las actividades políticas, resulta bien cierto el rico aprovisionamiento que nos proporcionan de ejemplos partidos por las mitades, y aún en porciones de una pequeñez inusitada. ¡Qué gran tendencia a los sectores aislados entre sí! Muros y cámaras de aislamiento maquiavélicas, proliferan desde unos grupos a otros. Siendo famosa la frase de Ortega referida a la hemiplejía de quienes apenas parecen atender a su propia mitad, desconectados de los demás, porque no dan más de sí; las amplias exhibiciones de lo observado, impresionan como una ATOMIZACIÓN sin remedio. Está claro que se olvidaron totalmente de los vasos comunicantes, sobre todo sociales. A fuerza de comportarse así, nos van a convencer de que es inconveniente la comunicación verdadera allí donde se junten más de un personajillo. Esto se pasa de Babel varias estaciones, pasa a convertirse en un cascabel ruidoso, sin juicio ni asiento. Suponiendo la posibilidad de unas mejores artes, clamaremos por los buenos modos de esos artistas. ¿Dónde están? ¿Cómo identificarlos?¿Serán sólo una ficción onírica?

Lo artificioso, y lo falso en gran medida, es la tozudez empecinada en las barreras radicales; porque, desde la biología a la razón encumbrada, pasando por la convivencia, nos enseñan todo lo contrario. Resulta presuntuoso y sospechoso ese afán por detentar la clave de una incomunicación extremosa. La sospecha se acrecienta cuando esos afanes se transforman en intentos de manipulación y dominio. Sus falseamientos engañan a una serie de crédulos seguidores, o atraen a los que suelen beneficiarse al son de esas artimañas; ingenuos creyentes o interesados a tope, ambos se convierten en cómplices. Las mitades adquieren un formato en PORCIONES, que los hay de todas las tendencias, según el impulso que las genera. Creyentes o descreídos, de una determinada facción política, patrias excluyentes, intereses económicos escondidos; en definitiva, establecimiento de compuertas separadoras. Los extremos alcanzan tintes de crueldad, con los desfavorecidos, hambrunas, segregaciones en el mismo barrio, violencias, asesinatos, drogas, o todo junto; según de donde proceda el mal aire.

La deriva de la división, del distanciamiento buscado, consolida unas figuras humanas, que después de tanta reiteración devienen en clásicas. Hoy, apenas me acerco someramente a ciertos aspectos del fenómeno. Ciertos sujetos se convierten en promotores del desaguisado. Constituyen como unas diferencias desbocadas, plenas de orgullo y prepotencia, dos de sus características primordiales. De tal manera, que esos líderes crean un nuevo concepto de la mitad; YO soy la MITAD, los demás, juntos, componen la otra. Es decir, el resto de individuos no alcanzan las dimensiones del polifemo de turno. Nadie adquiere su densidad de pensamiento, a sus ojos sólo parecen minúsculos sujetos de poco significado. Vistas así las cosas, el fatuo personaje es quien debe elaborar los planes. Ocupan con profusión diversas áreas sociales. Ministras que definen lo humano y lo inhumano. Defensores de los Derechos Humanos que no practican ninguno si no redunda en su beneficio. Obispos que quieren ser país. Mequetrefes de la política con ansias de suplantar a la jerarquía eclesiástica. Variaciones de inmenso colorido.

Si, “Contra la estupidez hasta los mismos dioses luchan en vano” (Schiller); contra las mitades exclusivistas y despectivas, no es tampoco fácil el combate. Quizá la mejor defensa resida en la complejidad del ser humano y del mundo. A su vera, podremos surtirnos de las TRES FUENTES, cuántica, extensión y misterio; para consolidar con mayor fuste la presencia de cada persona.

Los físicos nos enseñan sorprendentes efectos CUÁNTICOS que dejan en ridículo a los orgullosos manipuladores. Las ondas y las partículas son poco apropiadas para el manejo de los caciques. Con estos estilos de la física se descubren impensadas vías para la memoria, nuevas influencias en torno a la captación por los sentidos y vías complementarias para la comprensión de los fenómenos. Los mequetrefes y las ministrillas circulan mal por estas fases físicas que no se dejan controlar. Son retrógrados al apuntarse al desdén por la variedad, al moldarse a lo uniformado.

La fuente centrada en la EXTENSIÓN viene a manifestar que nadie es capaz de englobar todo lo humano; por lo tanto, las suplantaciones, mitades y gigantones orgullosos, se quedan cortos. A la fuerza han de surgir brotes de sana rebeldía en múltiples focos. Un buen incentivo corrector consistiría en tentarles para que extiendan sus dominios, así surgirá antes la discordancia esclarecedora.

Por muchos adelantos habidos, lo único que se averigua es la mayor profundidad de los MISTERIOS. Universo, ¿Cuántos universos?; genes, ¿Cada uno de ellos, a cuántas variaciones está sometido?¿Que sabe uno de sí mismo y de los demás? Si algo queda patente es la profundidad de los abismos en que nos movemos.

Mitades y porciones serán inevitables y en algún caso convenientes; pero como signos de impotencia, como miserias encadenadas y colaboraciones. No se justifican ni comprenden como afán de dominio y anulación. Sin embargo, sus excesos son patentes.

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