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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Elegía al rebuzno

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 16 de enero de 2010, 09:56 h (CET)
Nada es más forzoso que un sentido homenaje a estas memorables editoriales, a esas insignes corporaciones municipales o a esos mecenas de las Artes que promueven y financian con ingentes dineros (por lo común, públicos, por proceder de subvenciones) la enorme cantidad de paja encuadernada que nos abruma y los incuantificables metrajes de cine y televisión, dignos del peor estercolero. Gracias a ellos, y a los insaciables devoradores de paja comercial, librera o peliculeira, nos hemos convertido en los líderes mundiales de la náusea y hemos sumergido la Cultura hasta los procelosos abismos del vómito. ¡Qué fortunones se emplean hoy en día para pagar con un premio inmerecido (ad hoc) un servicio a los poderes!, ¡qué infausta millonada de dineros públicos se usan para promover los servicios lamedores de los de la ceja!, ¡qué barbarie de dineros ciudadanos utilizan ayuntamientos y corporaciones para regalar a un amiguete o un pariente un pellizquito de soberbia!... Vaya, pues, mi homenaje más sentido, y a la vez esta elegía al rebuzno, a estos insignes y probos inversores que obsequian a los devoradores de basura con las perlas de su talento.

Las pantallas se han convertido, merced a estas subvenciones torcidas que la delegada de sus intereses proporciona a los inversores cejilleros, en un sórdido disparate, vestíbulo de la vergüenza que sentirán las futuras generaciones. Es la prehistoria del atraco cultural, es la protohistoria de la decadencia de la inteligencia, es el ignominioso pretérito de un futuro hacia el que mirarán sonrojados los historiadores, como hoy lo hacen hacia lo que se llamó “El Destape” quienes, sin temor a lo de Sara, miran hacia el pasado. Pero no les importa a estos impávidos filántropos que de paso se llenan los bolsillos con el dinero de todos, porque sostienen heroicos el Sistema de la truculencia que favorece sólo a sus criaturas mas desmañadas. Hazaña ímproba de gentes de leal corazón negro, porque a los cachorros del dedo en el ojo hay que sostenerlos cuando aúllan, amamantarlos cuando lloran y premiarlos cuando lo demandan, en misas negras al estilo hollywoodiense, en esa patética imitación a caballo entre los Oscar y El Presidente, de Cantinflas.

¡Ah, los inversores!..., ¡qué sería del Arte sin ellos…, y sin las subvenciones, claro…, y sin esos cejilleros que han visto un pezón del que mamar sin cuento…! ¡Adelante, criaturas mías!: ¡hasta que la teta se seque, mamad como mamones! Así es la cosa en lo del cine, y así en los de los premios literarios, en los que los concejos reparten por turnos, para mayor renombre de la ciudad, un premio para el pariente, el amigo o aquél que designa el partido, con la coartada de un jurado amañado a tantos euros la firma. Jurados que, siendo casi siempre los mismos asnos… flautistas, son personas que otras veces merecieron el laurel del guarrido literario, esposas de no se quién, mariquitas mediáticos de postín o queridas de no sé qué otro. Con tales méritos, cómo no estar cualificados y en disposición de, insobornablemente, no obedecer a don dinero y elegir con tan acertado tino la paja sobre el trigo. Lo que les manden quienes pagan, ¡faltaría más!

Así, pasito a paso, hemos ido cayendo por el despeñadero, pudiéndose encontrar mejores actores en la patronal o el Gobierno que en el cine o la tele, y mejores autores en las puertas de los retretes públicos que en la paja encuadernada de las editoriales de mucho nombre. ¡Qué capitalazo hemos empleado en precipitarnos al vacío en el que nos gallamos!; pero lo hemos conseguido. Aquí estamos, con Planetas y Alfaguaras, con Premios Goya, Ondas o TP, sumergidos en la cochambre, concediendo laureles a quienes que tendrían problemas para dar palmas con ambas manos o dificultades más que serias para hacer la imposible O con el culo de un vaso. Basura a paletadas se arraciman en los estantes de las librerías y grandes almacenes; basura sin tasa, en las pantallas de los cines y televisiones; basura, en las bibliotecas y tenderetes; y basura sin colmo en pinacotecas y museos, en los que críticos de muchas maneras y florido verbo llaman Arte al excremento y genialidad a la ocurrencia del tonto del pueblo.

Y así tenemos las glorias que tenemos, claro, gracias a los desvelos de esta recua inigualable. Los televidentes, videntes a secas y lectores, a tenor de todo esto, ya rebuznan también y nombran por autor al escribano de infausta sintaxis que ignora qué es ornamento y qué fundamento, por actor al que se disfraza y por cantante al parrandero. Ya se oye, ya se siente, el rebuzno colectivo al que los poderes empujan a la ciudadanía con tanto premio, tiroriro y subvención que saquea el Erario. Están consiguiendo el país de asnos al que aspiran, pudiendo así manejarlo a su antojo y fascistamente prohibir cuanto les plazca sin contestación alguna.

Un blues para todos ellos, una elegía del rebuzno para todos estos tramposos editorialistas, promotores, gobernantes y jurados de verbo corto y lametón largo, por hacer lo que han hecho con el Arte, con la Literatura y con España. Vaya, pues, esta elegía del rebuzno para los que han dado con tal aberrante éxito la vuelta a la tortilla, convirtiendo la cuna de los mayores genios en estas disciplinas en este asco, en esta repugnancia, en esta innombrable náusea.

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