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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Pasar al trilateralismo en Asia

Edward Schumacher-Matos
Edward Schumacher-Matos
sábado, 16 de enero de 2010, 09:54 h (CET)
NUEVA DELHI - Es una fórmula con aire de suficiencia inteligente. (i)El G-2.(/i) De cara a la galería, se refiere a los Estados Unidos y China e implica que aquello en lo que los dos están de acuerdo es lo que más importa ahora en el mundo. La Cumbre del clima de Copenhague fue considerada como la consolidación de un acuerdo oficioso G-2. Pero a medida que las cosas se tranquilizaban en Dinamarca, el avance geopolítico más importante que surgió fue otro G-2. Y no incluye a Estados Unidos por ningún lado.

Mientras Washington se centraba en el clima, China y su vecino gigante asiático, la India, se centraban uno en el otro en la misma medida. El apogeo se producía cuando el premier chino, Wen Jiabao - acusado de desairar al Presidente Obama - se reunía con el Primer Ministro indio, Manmohan Singh, y se ofrecía a adoptar una postura de cooperación en los asuntos políticos del sur de Asia. Fue un mensaje que la India venía deseando escuchar, y llegaba tras años de altibajos entre las dos potencias más pobladas y dinámicas económicamente del mundo. Las esperanzas occidentales de que la India fuera más flexible que China en las cuestiones del clima murieron en ese momento.

El mundo se divide en siglas - ASEAN, BASIC, BRIC, UE, OTAN, etc. - y cada una es fundamental para determinadas cuestiones. Sin embargo, la incipiente relación entre la India y China está cobrando un impacto más allá de regiones que antes se reservaba exclusivamente a Estados Unidos y Europa.

El centro de gravedad mundial se está desplazando desde el Atlántico Norte al Pacífico, y mientras que Japón sigue siendo un jugador relevante, el tema decisivo para el futuro será la forma en que Estados Unidos administre sus relaciones a tres bandas con la India y China.

La estrategia estadounidense hasta la fecha - con una notable coherencia más allá de administraciones Demócratas o Republicanas - ha consistido en garantizar que China emerge como potencia mundial pacífica consiguiendo que acceda a firmar acuerdos de cooperación internacional mientras se contiene a su ejército como protección.

La Secretario de Estado Hillary Clinton no tenía planes de hacer escala en China o la India en su periplo asiático ya aplazado, pero su intención era poner de relieve a los países de la zona que Estados Unidos seguirá desempeñando un papel central en el mantenimiento de la estabilidad. "El futuro de Estados Unidos está vinculado al futuro de esta región, y el futuro de esta región depende de Estados Unidos", dijo Clinton en Honolulu.

El problema es, simplemente, que Estados Unidos ha dejado de tener peso en Asia. Si pretende tener éxito en la contención de China, necesita alianzas. Japón es militarmente limitado, Australia está muy lejos, Corea del Sur y el resto son demasiado pequeños. Esto deja a la India, poseedor de un arsenal nuclear y del tercer ejército más grande del mundo.

Durante la Guerra Fría, la India fue un líder tan estridente del movimiento de los no alineados que a menudo se decantaba del lado pro-soviético. Sin embargo, Singh, como ministro de economía en 1991, desmanteló las fracasadas políticas socialistas del país en favor de las estructuras de libre mercado responsables del éxito económico actual. Más tarde, en el 2000, el Presidente Bill Clinton encabezó una visita de cinco días a la India que abrió una nueva relación como "aliados naturales".

Pero la India siempre se ha resistido a ser un brazo de América. Su creciente relación con China ahora complica aún más la estrategia norteamericana.

La India había perdido la guerra fronteriza de 1962 con China, que siguió su propia estrategia de rodear al país aliándose con vecinos como Birmania, empujando a su flota naval al Índico y ayudando a Pakistán a desarrollar armas nucleares. Las tensiones continuaron surgiendo a la largo de la frontera, durante la carrera armamentista, en la cuestión de Pakistán y el recibimiento por parte de la India al Dalai Lama. Pero el comercio entre los dos países viene creciendo a un ritmo exponencial durante los últimos años - China es el principal socio comercial de la India - y Pekín ha despertado a su necesidad de contar con un aliado en temas globales como el clima.

Los dirigentes de ambos países se han reunido cinco veces en el último año, sus buques de guerra han hecho escalas mutuas, y generales y ministros están despejando un sendero que atraviesa el Himalaya.

La cada vez más pragmática China quiere proteger su crecimiento económico y su autoritarismo de la presión internacional asociándose con el considerable poder blando de la India como líder del Tercer Mundo. Lo que brilla por su ausencia es una política india definida. Como dice Xenia Dormandy, ex jefe de la sección del sur de Asia en el Consejo de Seguridad Nacional y ahora directora de PeaceNexus: "La India ha pasado 40 años presionando según las directrices del movimiento de los no alineados, y ahora se da cuenta de que como potencia real, necesita su propia política exterior".

Ser hipersensible con su "soberanía" es un signo de dolores de crecimiento y no una política. Las diferencias entre la India y China seguirán existiendo, al igual que los intereses compartidos entre los dos y Washington. Es imprescindible una gestión más diestra que la simplicidad del G-2.

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