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Monseñor Munilla crucificado por el PSOE

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 16 de enero de 2010, 09:53 h (CET)
¡La que se armó, señores! Y es que, cuando un lerdo en una materia, un perfecto ignorante de un tema o un obtuso que no quiere dar su brazo a torcer cuando discute sobre una materia que no domina; lo que le suele suceder es que caiga en el ridículo más espantoso, que cause la hilaridad de quienes juzgan con ecuanimidad sus argumentos y que se convierta en el hazmerreír de toda aquella gente que lo escuche. Por supuesto que los del PSOE están a la caza de cualquier resquicio que les permita desacreditar a los católicos y a sus ministros; evidente que en sus planes está la destrucción de la Iglesia católica, el más sólido baluarte que se erige en contra de sus propósitos deicidas y de su adoctrinamiento nihilista, relativista y materialista encaminado a socavar la cultura cristiana, para establecer su propia versión de lo que debe ser una sociedad dirigida por el Estado, con un pensamiento único, amoral, apátrida, y basada en una economía de subvenciones, funcionariado y recorte de libertades.

Desde hace un tiempo han decidido convertir, en blanco de sus ataques,a un hombre santo, a un eficiente y documentado predicador, a un defensor bien dotado de argumentos y verdaderamente incómodo para aquellos que pretendan encontrar en él un punto flaco para meterle el diente de la insidia, el descrédito o la descalificación. Así no nos deberíamos de sorprender ante el Vía Crucis que le montaron en su toma de posesión en la diócesis vasca de San Sebastián; donde, los de siempre, los miembros más “selectos” de los colectivos de gays y lesbianas, acompañados por estos nacionalistas vascos, que presumen de ser tan religiosos (siempre que la religión no se oponga a sus ambiciones separatistas), y, como no, de algunos de los dilectos frailes seguidores del inefable Setién y de un buen acompañamiento de activistas, seguramente enviados con la misión de crear la mayor confusión posible y, si llegara el caso, formar una zapatiesta para deslucir el acto. Pero no contaron con la circunstancia de que, en el pueblo vasco, hay multitud de personas que saben respetar a sus pastores, hay gente que sabe distinguir entre política y catolicismo y que, sin miedo, acudieron para apagar, con sus estruendosos aplausos, a aquella plebe multicolor, pero unificada por el odio a los católicos y a la religión, que buscaba empañar el lustre de la toma de posesión de su nueva diócesis del obispo, Monseñor José Ignacio Munilla.

El único error que cometió, a mi modesto criterio, Monseñor Munilla fue acudir a la SER para ser entrevistado. Es un hombre abierto, noble, ilustrado y valiente, pero meterse en semejante nido de víboras yo no se lo recomendaría ni al propio San Pablo. Como la KGB rusa son expertos en tender trampas, organizar celadas, preparar ratoneras y acudir a toda suerte de fullerías, con tal de llevar el agua a su molino que, sin duda, es el del PSOE de quien maman y reciben toda clase de ayudas y gabelas. Por supuesto que el anzuelo que le prepararon a Monseñor Munilla no tenía la menor posibilidad de tener éxito, entiéndanme, de tener éxito entre personas cultas, entre conocedores de la doctrina cristiana y entre gentes documentadas. Por desgracia el partido socialista no dispone de mucha de esta clase de afiliados y, los pocos que se llaman a sí mismo católicos, como el señor Bono o el señor Blanco, por la forma en que actúan, por lo que defienden y la ignorancia del tema que se manifiestan, serán de aquellos que han escogido al César para entregarle su óbolo, despreciando el camino que les marco Jesucristo. Pero esta España, señores, ya no es ni sombra de aquella que nos dejó Aznar, el vuelco que los socialistas han dado a una sociedad sana, próspera, que había decidido cerrar las heridas de la Guerra Civil, en la que los ciudadanos se respetaban los unos a los otros; sino que se ha convertido en una sociedad que sólo es un remedo oscuro, tétrico, amorfo, carente de principios morales y éticos y dominado por el relativismo materialista y descreído. Y así nos va.

¿Cómo vamos a conseguir que los del PSOE, con sus ministros al frente, puedan entender que, para los católicos, por encima de toda desgracia humana –sin despreciarla y lamentando todo lo ocurrido en Haití , por supuesto –, está la depauperación moral, el derrumbe ético; la violación de los derechos humanos; el aborto ( cien mil abortos cada año en España); la mortalidad infantil ( 25.000 niños mueren cada día, ante la indiferencia de estos que ahora se dan golpes en el pecho por lo que ha dicho Monseñor Munilla); las guerras racistas; las tiranías fraudulentas que llevan a la miseria a millones de ciudadanos etc?¿Son o no son estas lacras sociales, enteramente atribuibles a la degradación de la raza humana? Lo de Haití ha sido algo muy lamentable, verdaderamente horroroso, desde el punto de vida humano pero, sin duda, algo inevitable, aunque si paliable, que no es atribuible directamente a los hombres; en cuya mano no está el evitar una catástrofe producida por la misma naturaleza.

Sin embargo, la maquinaria demoledora de la propaganda socialista se ha lanzado como lobo hambriento con el fin de adulterar las palabras, tergiversar la intención y sacar las palabras de contexto para cebarse sobre Monseñor Munilla al que han bombardeado desde todos los puntos de la geografía patria, sin darle cuartel; con la evidente intención de remachar lo que ya empezaron a organizar con la oposición concertada contra la toma de posesión del obispado de San Sebastián. Todo forma parte de una misma estrategia, todo es el preámbulo de la famosa Ley de Libertad Religiosa, cuya única finalidad es desposeer a los católicos de cuantas prerrogativas cuentan por ser la religión más practicada en España, la más antigua, la que viene acompañada de la cultura romana, la que sostiene las instituciones educativas más selectas y la que, en caso de apuros, como ocurre en la actualidad, dispone de organizaciones de ayuda, como Cáritas Diocesana, que han sido las primeras en acudir a socorres a Haití por ser las más preparadas, las mejor organizadas y aquellas que se sabe que no van a aprovecharse del dinero recolectado para sus fines particulares.

Y, una recomendación a la señora Valenciano. Verá usted señora mía, sería conveniente que antes de criticar a una persona y de meterse con su aspecto físico, tuviera en cuenta algunas cosas. En primer lugar “los que no tienen alma”; supongo que se referirá a los que no tienen inconveniente en asesinar en el vientre de su madre a seres humanos (que sólo quieren tener los mismos derechos que ha tenido usted a venir al mundo, seguramente para incordiarnos). En otros tiempos se usaba la palabra “desalmado” cuando se referían a criminales y maleantes. Bueno, pues los católicos entendemos que los desalmados, los asesinos de niños, los criminales, los que aplican la eutanasia y los médicos abortistas, tienen un destino fijo en las “Calderas de Pero Botero”; de modo que ya tiene usted donde colocarlos. Pero donde se ha lucido usted, donde ha mencionado la soga en casa del ahorcado, señora mía, y debiera haberse callado es cuando a dicho aquello del “desagradable aspecto físico” de Monseñor Munilla. Me explico, no me va usted a decir que el señor Zapatero, en su aspecto físico actual, es como para llevarlo a un concurso de belleza masculina; tampoco Pepiño Blanco tiene porvenir en el Cine y, en cuanto a mujeres, no me dirá usted que la señora vice de la Vogue, doña Teresa Fernández de la Vega, por muchos miles de euros que se ponga encima para vestirse, sea una belleza para figurar en la portada del Play Boy. Un poquito de cuidado porque, si me apura, puede que usted tampoco esté como para tirar cohetes y nadie se lo ha dicho, acaso por buena educación.

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