No hace mucho oí decir del entonces lehendakari Ibarretxe que tenía un rostro mefistofélico. Mefistófeles es un demonio de rango inferior cuya labor consiste en conseguirle almas a su patrón Lucifer; algo así como el director gerente de una multinacional satánica, como Coca-Cola o McDonlad's.
Esa misma gente que tales cosas decían del líder vasco manifestaban su sorpresa al no detectar ninguna señal del maligno en los asesinos que aparecían de vez en cuando por el telediario. Un asesino debería tener cara de asesino, decían ellos. Según dejó escrito el poeta alemán Goethe, el Dr. Fausto le vendió su alma a Mefistófeles a cambio de sabiduría, fortuna y el amor de una bella muchacha en flor. La verdad es que no soy capaz de imaginar a Ibarretxe en la piel de Mefistófeles negociando con el Dr. Fausto la perdición de su alma; mucho menos ahora que la Justicia ha decidido no considerar delito la reunión que en su día el lehendakari tuvo con el entorno de ETA. Pues ahora hay quien acusa al president de la Generalitat de Catalunya, el meteco Montilla, de pertenecer a Batasuna; y eso que tal organización ya no existe. A mí el que sí me produce ciertos escalofríos es Mariano Rajoy en la cola del paro.
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Publicado el sábado 16 de enero de 2010 a las 10:48 horas.
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