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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los sindicatos elevan la factura

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 15 de enero de 2010, 09:38 h (CET)
WASHINGTON - Lo mejor de los dirigentes sindicales estadounidenses es que no se andan con rodeos. A juzgar por las informaciones que he escuchado desde ambas partes, los dirigentes sindicales que se reunieron con el Presidente Obama el lunes por la noche para expresar su preocupación por el proyecto de reforma sanitaria casi finalizado estuvieron a la altura de esa reputación.

Dejaron claras sus objeciones y las situaron en un contexto político que nadie podrá pasar por alto.

Como resultado, Obama y su Casa Blanca se enfrentan a la primera prueba real de sus valores y su fortaleza - una decisión que indicaría a amigos y enemigos por igual lo que es importante en última instancia para esta administración en su política interna.

Desde el inicio del largo debate de la sanidad, Obama ha insistido en que además de ampliar la cobertura sanitaria a millones de estadounidenses, cualquier proyecto de ley que sea aprobado debe reducir el gasto de la atención para la mayor parte de los que ya están asegurados.

Tanto la legislación de la Cámara como la del Senado están a reventar de ideas de ensayos y experimentos con ideas de ahorro. Pero sólo la versión del Senado tiene algo que la Oficina Presupuestaria del Congreso y la mayoría de los expertos independientes creen que podría - de funcionar - dar lugar a miles de millones de dólares de ahorro durante la primera década desde su aprobación.

Es la propuesta de imponer de golpe una subida del 40 por ciento a los impuestos indirectos que pagan las pólizas privadas más caras, las que cuestan más de 8.500 dólares a los asegurados y más de 23.000 a las familias al año.

Sus partidarios dicen que tendría el efecto de convencer a las empresas y los individuos de optar por pólizas más baratas y con menos cobertura, reduciendo así la presión al alza que ha hecho crecer los precios de los servicios médicos a un ritmo mucho mayor que la inflación general.

Nadie puede garantizar los resultados, pero la única alternativa que se le ocurrió a alguien del Congreso fue la integrada en el proyecto de la Cámara - un impuesto adicional a las rentas más altas que presumiblemente no tendrá tanto efecto sobre la inflación médica.

La Oficina Presupuestaria estima que 31 millones de personas estarían inicialmente sujetas al impuesto del Senado y su número crecerá rápidamente, ya que el costo del seguro sanitario sigue creciendo.

Menos de la mitad de ellos, se cree, son sindicalistas cubiertos por pólizas de seguro negociadas con los empresarios durante años. Pero los sindicatos han tomado la iniciativa de protestar por esta parte del plan del Senado, y la idea central de su reunión con Obama fue disuadirle de apoyarla.

Como he escuchado por ambas partes, no fue un debate teórico. Para reforzar su invitación, los dirigentes sindicales recordaron a Obama que durante la campaña de 2008, criticó a John McCain por defender un impuesto aún más elevado sobre estos planes para rentas altas. Un funcionario de la federación sindical decía a Obama, "Saturamos el correo ordinario advirtiendo a nuestros afiliados de que McCain quiere gravar sus prestaciones. No podemos decir ahora que Obama es quien lo va a hacer".

Para subrayar la amenaza, el secretario de la federación sindical Richard Trumka repetía a Obama una idea que volvía a mencionar el lunes en un discurso en el Club Nacional de Prensa, recordando lo sucedido en 1994.

En ese año, el presidente Bill Clinton desafió a los sindicalistas forzando la aprobación en el Congreso del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, con la oposición firme de los sindicatos. La votación del TLC y el fracaso el mismo año del proyecto de ley sanitaria que habían apoyado los sindicatos condujeron a una caída masiva en el índice de participación de los miembros del sindicato en las elecciones legislativas. Y durante los próximos 12 años, los Demócratas fueron minoría en Cámara y Senado.

Trumka advirtió públicamente de que podría suceder de nuevo. Como me decía otro dirigente sindical: "Cuando se apruebe este (proyecto), si nuestros miembros descubren que se van a reducir sus prestaciones, se van a enfadar de verdad. Será igual que un barreño de dinamita".

Otros no están tan seguros. Un encuestador con fuertes vínculos sindicales me decía: "Estas elecciones van a girar en torno al empleo, no la sanidad".

Sin embargo, Obama tiene un verdadero dilema. ¿Puede permitirse el lujo de arriesgar su alianza con los sindicatos en aras de cumplir su promesa de tratar de reducir el gasto sanitario?

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