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Etiquetas:   Política   Regeneración   -   Sección:   Opinión

Regeneración política

Regenerar es hacer nuevo, no apedazar a los políticos para que persisten en sus corruptelas
Octavi Pereña
martes, 11 de octubre de 2016, 00:20 h (CET)
Los últimos acontecimientos políticos que en el momento de redactar el borrador de este escrito amenazan con desgarrar al PSOE, ponen de manifiesto la existencia de una enfermedad espiritual profundamente enraizada en el alma: animosidad hacia el prójimo y el placer que produce ver como el antagonista cae en desgracia. Este deleitarse en la desventura ajena no es un sentimiento inocuo. El veneno que contiene la satisfacción que produce ver la desgracia ajena la descubre Dios cuando en el Antiguo Testamento, los pueblos vecinos al reino de Judá se alegraban de su desdicha al ver como Nabucodonosor, rey de Babilonia destruía a Jerusalén i quemaba el templo que era el orgullo nacional de los judíos. A los países que se gozaban viendo como su enemigo desaparecía del mapa, el Señor les dice que su gozo se convertirá en desdicha porque recibirán el mismo deshonor. Podemos, pues, considerar que alegrarse del dolor ajeno es como un bumerang que se volverá contra quien lo lance, provocándole intenso dolor.

La salud del alma de una persona se pone de manifiesto cuando se busca el bien del prójimo, aun cuando este no nos caiga bien. Cuando las fuerzas se utilizan para levantar a quien le desagrada, en vez de pensar “se lo merece”, lo cogemos de la mano y lo ayudamos a salir del pozo. Puede ser que la desgracia sea bien merecida. A pesar de ello se le debe ayudar en la medida de lo posible. Según sea la reacción ante la desgracia ajena pone al descubierto la salud o enfermedad del alma.

La animosidad hacia el prójimo que es sinónimo de aversión, rencor, hostilidad, odio, se manifiesta en todos los ámbitos sociales. La política que está dirigida por personas de la misma naturaleza que el resto de los ciudadanos, la animosidad está bien representada en ella. Las distintas formaciones políticas, por ser partidistas, se envidian mutuamente y utilizan maneras de comportarse que rompen las normas éticas y morales más elementales. Cuando el presidente Felipe González dijo que la Democracia se consolidaba en las cloacas del Estado, estaba diciendo que todos los medios son legítimos para conseguir un fin. Cuando el ministro de Interior y el director de la Oficina Antifraude de Catalunya se reunieron para maquinar contra políticos catalanes independentistas, estaban afirmando que todo es válido para destruir al enemigo político. El caos político actual nos está diciendo que no todo es lícito en política.

Se dice que los valores cristianos que impiden que la animosidad se haga virulenta no sirven en política. Las enseñanzas de la Biblia sirven para todas las situaciones. Aportan luz a un mundo que está envuelto por una espesa oscuridad espiritual en que las personas no saben distinguir el bien del mal, que les hace decir que el mal está bien y que el bien está mal. Negar el valor de la Biblia que es lámpara que ilumina el camino de las personas nos ha llevado a la situación caótica actual tanto en lo privado, lo nacional y el internacional. Sin la luz que desprende la Biblia es totalmente imposible tomar decisiones correctas.

Los cristianos, si atienden las instrucciones de la Biblia y siguen a Jesús de cerca, no andarán en la oscuridad. Los cristianos, pero, que se mueven en un mundo envuelto de tinieblas espirituales pueden permitir que las tinieblas oscurezcan la luz de Cristo que hay en sus corazones y con ellos se conviertan en sal que ha perdido sus propiedades de frenar la corrupción que se despliega por doquier. A los cristianos que afirman ser creyentes no practicantes o que declaran que la fe pertenece al ámbito de lo privado, Jesús desmiente estas afirmaciones cuando dice: “Vosotros sois la luz del mundo, una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de una medida, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5: 14-16).

Cuando alguien se convierte a Cristo el Señor no se lo lleva con Él, lo deja en el mismo lugar en que se produjo el encuentro para que ilumine a los que están en la casa: familia, amigos, compañeros de trabajo, relaciones sociales…Hasta el presente había estado empleando armas carnales en sus relaciones domésticas, laborales, sociales, políticas…que habían aportado malestar en la familia, la empresa, el partido político, al país. Para el cristiano las armas carnales son cosa del pasado. A los cristianos en general sin excluir a ningún sector, el apóstol Pablo les da este toque de atención: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas, debilitando argumentos y toda altivez que se levante contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10. 3-5).

Hoy se habla mucho de regeneración política. A la hora de tomar medidas regeneradoras sigue imperando la vieja política. La regeneración soñada solamente será posible cuando los administradores públicos dejen de utilizar las armas carnales que nos han llevado al desbarajuste actual. Sin Cristo es imposible la regeneración política que nos preocupa.
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