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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Reflexiones en el techo de cristal

Kathleen Parker
Kathleen Parker
jueves, 14 de enero de 2010, 12:27 h (CET)
WASHINGTON - Hágase la siguiente pregunta: ¿quién es probable que sea la primera presidenta de los Estados Unidos?

¿Alguien lo sabe? ¿Alguien?

A pesar de nuestra hipótesis de que una presidenta es inevitable, y puede que inminente, es sorprendentemente difícil llegar a un nombre.

En pocas palabras, Hillary Clinton parecía la respuesta obvia. Durante un abrir y cerrar de ojos, Sarah Palin fue una idea pasajera - y lo sigue siendo entre un contingente decidido de optimistas tercos. Otros nombres surgen de vez en cuando - Meg Whitman, Condoleezza Rice, Janet Napolitano, por dar algunos nombres.

Pero, ¿quién es realmente probable que rompa el techo de la Casa Blanca? ¿Y Estados Unidos, con toda la charlatanería de igualdad, quiere realmente una mujer en el cargo más alto?

La redactora del Washington Post Anne Kornblut explora estas preguntas en su excelente libro nuevo, "Notas desde el techo roto: Hillary Clinton, Sarah Palin, y lo que cuesta que gane una mujer". Como reportera de la campaña presidencial, Kornblut tuvo un asiento de primera fila en la historia, al ver a dos mujeres entrar y salir de las quinielas - presidencial una y vicepresidencial la otra.

Es fácil argumentar que Clinton y Palin son tan únicas, cada una a su manera, que no se pueden extraer deducciones en cuestiones de género en política. El papel de Clinton como ex primera dama y esposa de Bill, y todo el equipaje acompañante (por no mencionar el fenómeno Barack Obama), indiscutiblemente juega un papel más importante en su derrota que el sexo. Palin, a pesar de todo su encanto y logros, no era una candidata competente. Con sus guiños y coqueteos aparentó ser frívola para muchas que de otro modo habrían apoyado a una mujer en la vicepresidencia. Felizmente.

Aun así, es imposible argumentar que estas dos mujeres no fueron tratadas injustamente, a menudo con crueldad, tanto por los medios de comunicación como por la opinión pública - e incluso por sus propias campañas. Lo que se impone a las mujeres es de un orden diferente a lo que soportan los hombres - y ninguna mujer en el ámbito público insistirá en lo contrario.

Hago esta afirmación en calidad de (i)fleur(/i) no particularmente sensible. Después de haber vivido la mayor parte de mi vida en un ambiente rico en testosterona entre hombres y niños, soy bastante tolerante al sexismo. Es decir, cada comentario poco halagador sobre una mujer no es necesariamente "sexista" según mi manual de juego. Pero últimamente, por un abanico de razones, los inhibidores de costumbre que han mantenido la hostilidad abierta limitada al espacio privado se han desactivado. En política se ha levantado la veda, como documenta Kornblut meticulosamente.

De esta forma, tenemos temas tan inteligentes como Hillary Clinton la tarada o referencias públicas a ella como "puta". Rush Limbaugh le preguntó si los estadounidenses "quieren ver envejecer a una mujer ante sus ojos a diario".

Y tenemos el look "azafata cachonda" de Sarah Palin, cortesía de David Letterman, que también sugirió la violación de una de sus hijas. Internet perdió las formas con chistes e imágenes sexuales porno de Palin, en medio de acusaciones de que su recién nacido no era suyo.

Las mujeres nunca son más complicadas que en la vida pública, pero así ha sido siempre. Las observaciones de Kornblut, aunque ligadas a los acontecimientos recientes, se adaptan al marco ofrecido hace 15 años por Kathleen Hall Jamieson, en su libro "Más allá del doble vínculo". En esencia, un doble vínculo es una construcción retórica que liga dos, y sólo dos alternativas - restándole poder cualquiera de las dos.

Así, las mujeres son demasiado inflexibles o demasiado transigentes. O pueden ser asertivas e inmodestas, o pueden ser discretas y ser obviadas. Y así sucesivamente.

Uno de los cinco vínculos que describe Jamieson es particularmente relevante para Palin - el vínculo útero-cerebro. Las mujeres pueden dar uso a su útero o a su cerebro, se cree, pero no a los dos. Palin, además de ser una gobernadora popular, evidentemente era fértil.

En un giro peculiar de la ideología, las mujeres Demócratas cuestionaron si Palin podía ser vicepresidenta y madre de un recién nacido a la vez mientras también ayuda a su hija adolescente embarazada. Los Republicanos, siempre defensores de las normas tradicionales de la familia, se alegraron de que su candidata hubiera sabido conciliar la vida familiar con la profesional, con la ayuda de aquel bombón, el marido que colabora en casa.

Todo es complicado.

Lo que está claro es que las mujeres son medidas según un rasero distinto a los hombres y, cuando son consideradas indignas del cargo, son específicamente atacadas como mujeres con los estereotipos que pretendemos evitar.

En la medida en que pensamos sinceramente que las mujeres deben desempeñar un papel más vital en la sociedad estadounidense - y esta cuestión sigue abierta - tenemos que preguntarnos porqué una mujer debe ser sometida al martirio que hemos presenciado recientemente.

Desafortunadamente, la mayoría no lo hará.

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