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La toma de Granada

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 14 de enero de 2010, 12:20 h (CET)
El dos de enero de cada año conmemora Granada la entrega de la ciudad, que hizo Boabdil a los Reyes Católicos en el 1492, completando con ello la reconquista de España invadida en el 711 por los musulmanes.

La celebración consiste en un acto religioso y otro civil y festivo. La Corporación Municipal desfila desde el Ayuntamiento a la Catedral para la función religiosa, portando el pendón de Castilla escoltado por el ejército, luego vuelve a la Casa Consistorial y desde el banco principal el edil más joven dice: ¡Granada! ¡Granada! ¡Granada! ¡Granada por los ínclitos reyes de España Don Fernando II de Aragón y Doña Isabel I de Castilla! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Andalucía! ¡Viva Granada! Y tremola el pendón por tres veces, mientras suena el himno nacional. Los granadinos que abarrotan la Plaza del Carmen, cada vez que el concejal dice ¡Granada! responden festivamente con un estentóreo ¿qué? Ha sido siempre una fiesta popular y las jóvenes han subido a tocar la Campana de la Vela para casarse en el año.

Desde hace varios años algunas minorías han tratado de empañar la fiesta. Unos para reivindicar la unidad de España puesta en crisis por la división autonómica y otros para denigrar aquella vieja conquista cristiana que consideran injusta. Este año ha aparecido además otro grupo que desea una autonomía distinta para la Andalucía Oriental.

La minoría que lleva tiempo tratando de eliminar esta fiesta silba e insulta al ejército que rinde honores con gritos de ¡fascistas, racistas, no a la Toma! Pero este año el General Jefe del MADOC se encaró con los que gritaban diciéndoles: “Soy General de un ejército democrático y no consiento que me chiflen, yo entré en Sarajevo para dar agua y luz a los musulmanes.” Callaron los autotitulados antifascistas, hubo algunos momentos tensión, pero con el fuerte aplauso de la mayoría la fiesta continuó.

Las facilidades a la emigración han hecho que cada vez sea mayor el número de musulmanes residentes en Granada, que formen parte de la población haciéndose notar las mujeres con su atuendo, que ocupen determinadas calles con sus comercios, que tengan una gran mezquita en un lugar emblemático del Albaycin, que hayan anunciado la creación de un partido político, que creo se titula Renacer de Granada, con el que pretenden concurrir a las próximas elecciones municipales. Hasta el momento no hay problemas con ellos, aunque de forma permanente reciban las consignas de recuperar Al Andalus para lo cual no tienen que hacer otra cosa que esperar, como ha dicho Gadafi.

Lo curioso es que, como en tiempo de los godos, haya facciones españolas que están dispuestas a ayudar a estos nuevos invasores. Son esos que gritan contra la Fiesta de la Toma, los que vituperan la conquista, los que inventan una Granada musulmana culta y tolerante en el siglo XV que los “perversos cristianos” destruyeron. Hasta un sesudo profesor y político propone conceder no sé que beneficios a los descendientes de los moriscos que salieron de España en 1609, expulsados por el peligro que representaban ante la alianza de Francia con el Imperio Otomano.

Hay una realidad que actúa a favor de los musulmanes en Europa, y por tanto también en España, que es el envejecimiento de nuestra población. No hacen falta grandes estudios demográficos para comprender que si cada pareja solo tiene un hijo, la población se reducirá a la mitad en una generación y si la siguiente sigue la misma tónica se reducirá a la cuarta parte. En cambio los musulmanes con una tasa muy superior de natalidad, irán cubriendo los huecos demográficos de todos los países europeos. Es una invasión silenciosa pero imparable.

Ahora no se trata de las invasiones de los pueblos del Norte, que terminaron por asumir la cultura de Roma, incluido el cristianismo, en un largo proceso. Por el contrario vienen dispuestos a conservar a ultranza su propia cultura e imponerla a los demás en cuanto puedan. De Occidente solo le interesan los adelantos técnicos. Si Europa continúa con su relativismo, su laicismo y su envejecimiento acelerado, no tendrá nada que oponer ante el Islam.

Esta Fiesta de la Toma de Granada de 2010 puede hacernos reflexionar, no tanto sobre el pasado de 1492, sino sobre nuestro futuro.

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