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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Soluciones al fracaso político

Mikel Agirregabiria
Redacción
miércoles, 13 de enero de 2010, 15:39 h (CET)
Estamos acostumbrados a leer "fracaso escolar", pero suena duro el término cuando se aplica a los políticos, ninguno de los cuales aprueba en el País Vasco de acuerdo al último Euskobarómetro. Ha habido suspenso general, incluso con muy deficiente. Las malas notas decaen en un retroceso generalizado, del que ningún partido se libra. Además, peor valoración cuanto más conocidos son los líderes (muchos con escasa notoriedad).

En educación aparecen tres tipos de fórmulas para promover el éxito: Cambiar las leyes-marco (frecuente, pero poco efectiva); formar mejor a los agentes implicados (válida, pero aplicada escasa y tardíamente) y actuar sobre la ciudadanía para su mayor participación y compromiso (inmejorable, pero dificultosa). Estas recetas son válidas y trasladables al campo de la política.
La partitocracia se rige por turbios mecanismos internos de selección por una camarilla dirigente que encumbra a los más fieles, que deben su designación a quienes les ponen en esas listas cerradas y no al electorado (que sólo puede votar al partido). Nunca hubo mayor distancia entre cúpulas de los partidos y sus potenciales electorados. La cuestión más preocupante es que los líderes que podrían aprobar el Euskobarómetro, y con notable alto ante el conjunto de la población, jamás serán elegidos... por sus propios partidos. Josu Jon Imaz pudo acercarse al notable o sobresaliente en este tipo de encuesta, en la misma etapa en la que era rechazado por batzokis de su propia Gipuzkoa.

La democracia debe residir en la ciudadanía siempre; en la era Internet debe y puede residenciarse directamente en el electorado. En los próximos años de comunicación y participación 2.0 sólo prosperarán las formaciones políticas que agilicen la transferencia de poder al conjunto de la militancia (siempre menos extremada que sus más activos componentes) y, sobre todo, a todo su electorado (aún menos radical que el electorado de la formación con la que simpatizan).

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