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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Alarmante tasa de rupturas matrimoniales

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 13 de enero de 2010, 13:45 h (CET)
Al Dr. Juan Sabater, el periodista le pregunta: “¿Hombre de una sola mujer? “ El doctor responde. “Literalmente. Margarita ha sido mi amiga, mi compañera de curso, mi amante, mi alter ego”. El informador le sigue preguntando: “¿Cómo se consigue que las cosas funcionen bien en el matrimonio? La respuesta es esta. “Hay una regla que yo siempre les he dicho a mis hijas antes de la boda: no apagar la luz de la mesita de noche sin haber solucionado un problema por pequeño que sea, porque no son las cosas gordas las que rompen un matrimonio, sino el gota a gota”.

El Dr. Sabater se declara “cristiano crítico con la jerarquía católica”, lo cual me da a entender que el siguiente texto bíblico le habrá servido de inspiración para dar el consejo que daba a sus hijas antes de la boda: ” Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). El contexto de esta cita trata de la nueva vida que hay en Cristo y que el cristiano nacido de nuevo no puede vivir de la manera como lo hacía antes de creer en el Señor, ni puede vivir de la forma como lo hacen las personas que están a su alrededor, a pesar de que se consideren cristianas.

La época en que vivió el apóstol Pablo y escribió sus cartas, la vida familiar romana estaba arruinada. Séneca dice que las mujeres se casaban para divorciarse y se divorciaban para casarse. Los romanos frecuentemente databan los años, no con números, sino con los nombres de los cónsules. Séneca dice que las mujeres los databan con los nombres de sus maridos. Marcial cita a una mujer que tuvo diez maridos. Juvenal se refiere a otra que tuvo ocho en cinco años. El emperador Augusto exigió a un marido que se divorciase de su esposa Lidia, embarazada, para casarse con ella. Cicerón, ya anciano se deshizo de su mujer Terencia para poder casarse con una joven heredera, de la cual era administrador, para así tener parte en su fortuna.

Los tiempos actuales tienen un gran parecido con los de la Roma del siglo I. Según datos aportados por el Instituto de política Familiar, cada 4,1 minutos se rompe una pareja en España, lo que supone 350 rupturas diarias y 31.571 durante el primer trimestre de 2009. El presidente del Instituto, Eduardo Hertfelder, ha dicho que “los datos sobre rupturas familiares del primer trimestre de 2009 presentan y confirman un panorama desolador para los matrimonios. Trimestre tras trimestre, las rupturas en España siguen aumentando sin que las administraciones hagan algo par evitarlo o al menos amortiguarlo.

La familia se está arruinando a marchas forzosas. Si no deseamos que nuestro matrimonio se rompa en mil pedazos con la ayuda del concepto tan ligero que la sociedad actual tiene del matrimonio, es preciso que tengamos en cuenta el texto previamente citado de Efesios y su contexto. Antes de conocer a Cristo los efesios tenían el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que había en ellos, por la dureza de su corazón. Su estado les inducía a cometer con avidez toda clase de impureza. Pero ellos, los cristianos efesios no habían aprendido así de Cristo. Tenían que despojarse de la pasada manera de vivir y vestirse del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad. Cuando un hombre y una mujer han sido hechos nuevas criaturas por la fe en el nombre de Jesús, están en condiciones de prestar atención al texto citado para aplicar su enseñanza en el matrimonio. El consejo que Pablo da a los efesios, despojado de su sentido espiritual es muy bonito, forma parte de la filosofía del pensamiento positivo, que por cierto, aplicado en el campo matrimonial, también es imposible de cumplir sin la fortaleza que otorga el Espíritu Santo.

Cuando uno está en Cristo y se ha recibido al Espíritu Santo es inevitable que en la vida diaria se den situaciones que provoquen enojo. La presencia del Espíritu Santo capacita al afectado para que el enojo no perdure más allá de la puesta del sol. Si se tiene en cuenta que en la cultura judía el día empezaba con la puesta del sol, el texto nos dice que el día empieza libre de enojo.

El Dr. Sabater nos dice que el gota a gota, es decir, las insignificancias son las principales causantes de las rupturas matrimoniales. Pablo, el autor de la cita bíblica nos viene a decir que los creyentes en Cristo pueden caer en el pecado de enojarse, pero pueden evitar que al irse a dormir lo hagan con el enejo trabajando secretamente en el alma para despertarse habiéndose convertido en una fijación enfermiza. Por ello, los verdaderos cristianos son quienes en gran medida pueden impedir que los simples enojos almacenados en el corazón se conviertan en fuertes sentimientos de rencor que rompen en mil pedazos la ilusión que en su día se puso al decir: ‘Sí, quiero’.

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