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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Respuesta de un "exterminador de toros" a Javier Marías

Julio Ortega Fraile
Redacción
miércoles, 13 de enero de 2010, 13:13 h (CET)
Va Usted, Señor Javier Marías, de adalid de la libertad en su artículo publicado en un conocido Diario con el título de: “Los exterminadores de toros”, y no puedo menos que echarme a temblar cuando la defensa de la suya, es incompatible con dos conceptos a los que este valor debe de ir unido: justicia e igualdad. Ya me explicara, si es capaz de hacerlo, lo justo de torturar a un animal por diversión o lo igualitario de su elección para el papel de eterna víctima. No lo llame libertad, y diga mejor que defiende la dominación sangrienta de unos seres sobre otros, la actitud es igual de despreciable pero ganará en sinceridad.

Y claro, recalca que Usted no es aficionado a las corridas de toros, pues de ese modo pretende nutrir de objetividad sus reflexiones. Pero qué quiere que le diga, yo no tendría que emplear, como Usted indica, los dedos de las dos manos para contar las “escasas” veces que he acudido voluntariamente a algo que no me agrada. A menos que se trate de un caso de masoquismo. Y lo de que “no me gusta pero lo respeto” no sirve, no al menos cuando esa consideración tan peculiar, tan arbitraria, se evapora en el instante de atravesar al toro. Para ser escritor, tiene un conocimiento muy vago de los términos “libertad” y “respeto”.

¿Por qué se empeña en llevar el asunto a una cuestión de nacionalismos?, ¿acáso porque en el terreno del maltrato a los animales no tiene ni un solo argumento coherente que esgrimir?. Pues lidiar a un toro, Señor Marías, es sólo eso: hacer sufrir a un animal y causarle una muerte terrible, y todo por entretenimiento. El resto, se trata únicamente de las veredas por las que su egoísmo y sus intereses les hacen transitar, y es que prefieren no aventurarse por el camino directo y el único real, ese que les obligaría a meter los pies en el reguero de sangre de inocentes que su tradición va dejando. No hablamos de política, lo hacemos de crímenes legales. Aquí no hay conspiraciones “judeomasónicas”, es muerte protegida y subvencionada.

Y puede, pues así lo sugiere, eliminarnos el “ismo” a los animalistas, porque nosotros somos conscientes de nuestra condición de animales, humanos, pero animales. Usted y los suyos, en cambio, han ascendido otro peldaño y desde su realidad fisiológica han trepado, por la vía de la soberbia, al escalón de la dominación. Sin embargo eso nada cambia, es sólo una estratagema que les sirve de coartada, pero tan débil que no soporta el menor análisis desde la ética y el rigor. Por eso se aferran a las divagaciones y a los despropósitos. Desde allá arriba, contemplan a los animales como objetos y a nosotros, los que intentamos protegerlos de ustedes, como peligrosos subversivos. De nuevo, su táctica me recuerda a los tiempos del Caudillo.

¿Para qué repetirle que los toros bravos no son una especie en si mismos?, total, prefieren no atender a esa verdad y en su jactancia, no tienen el menor reparo en contradecir las tesis de los científicos. Nada en todo caso que pueda llamar la atención en los mismos que quieren presentar el sufrimiento del animal como placer.

Y recuerde que ese franquismo que trata de utilizar como arma arrojadiza contra el movimiento por la abolición de la tauromaquia, y con el que yo sí que le he identificado a Usted en un par de ocasiones, fue el que anuló los derechos obtenidos por la mujer gracias a la Constitución de 1931. La tauromaquia hace algo similar, pero el objeto de indefensión es, en este caso, el toro. No se escandalice, Señor Marías, porque esté comparando “animales racionales” con “animales irracionales”, pues dejando de lado su notable antropocentrismo, la mezquindad moral en la que se basan ambas discriminaciones es similar.

No hace mucho leí un estudio sobre sus novelas titulado: “Javier Marías, una estafa editorial”. En él se hacía un repaso a sus obras y se demostraba como en ellas, la sintaxis y la gramática resultan heridas de muerte. No es que me preocupe, yo nunca he comprado uno de sus libros ni tengo intención de hacerlo, lo que sí me afecta es que más allá de su discutible calidad como escritor (el autor del trabajo le califica como el “peor de todos los tiempos”), la zafiedad salpique la moral que rige su conducta al menos en lo que a la tauromaquia se refiere, porque con ello está contribuyendo a que la tortura de toros en las plazas de este País no llegue a su fin. Y eso que no es aficionado. Igual de sorprendente su argucia, y de retorcida, que cuando nos llama “exterminadores de animales” a los que exigimos respeto por sus derechos fundamentales.

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