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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El siniestro mercado de animales

Yolanda Plaza Ruiz
Redacción
miércoles, 13 de enero de 2010, 13:08 h (CET)
"Todo necio confunde valor y precio" así ha ocurrido antes y después de que Machado escribiese esta frase. En los bajos instintos de una cantidad considerable de ciudadanos permanecen bien arraigadas las miserias propias de antaño, el tiempo en el que una vida se podía pagar y comprar, hacer negocio, pasar de una mano a otra, como si de un objeto se tratase. Evidentemente hay individuos que se venden por un “plato de lentejas”, pero aun existen los que permanecen íntegros, con valor pero sin precio. Estos suelen ser personas que también respetan y reconocen el derecho a existir de otros, ya sean humanos o animales.

En estos días del año, es tradición el intercambio de regalos y buenos deseos. Pero desgraciadamente también es una de las épocas en la que más se comercia con la vida de individuos indefensos, recién nacidos. Me estoy refiriendo a los animales llamados domésticos, un negocio en aumento en nuestro país.

Se estima que más de 200.000 perros, gatos, etc. entran en nuestro territorio procedentes de lugares como Hungría, Eslovaquia y República Checa. Por supuesto en España existen criaderos legales e ilegales de animales como negocio rentable para quienes mantienen a estas criaturas como mera mercancía y en el caso de las hembras, como fábricas de cachorros a jornada completa.

La presidenta de Amnistía Animal en la Comunidad de Madrid, Matilde Cubillo ha expuesto recientemente la cruda realidad del tráfico de animales domésticos. Según su informe: «La mayoría de las tiendas españolas de animales venden cachorros procedentes de Europa del este. Los compran por unos 60 euros y los venden por 600, 800 e incluso más de 1.000. Muchos de ellos, con apenas 20 días, tienen que superar un viaje agotador de tres días en camión, sin recibir los cuidados necesarios». No hay que ser un experto para entender que muchos de estos animales mueren en el camino. Los más fuertes, los que logran sobrevivir están rodeados de los cuerpos muertos de sus compañeros, entre sus propias heces y orines, sedientos, hambrientos, enfermos, separados de sus madres a los pocos días de nacer, encerrados, atemorizados. Al llegar a su nuevo destino, siguen enjaulados, desorientados, expuestos a la vista de los irreflexivos compradores, ignorantes o no de su realidad, sin valorar su vida, sólo importa el “precio”. En ocasiones, estos animales tienen la suerte de ser comprados por personas responsables, sabedores de que se trata de un individuo vivo, con necesidades físicas y emocionales, con un compromiso adquirido de por vida.

Pero las estadísticas nos demuestran una realidad estremecedora: cerca de 200.000 animales fueron recogidos por abandono en el 2008. Cabe resaltar que en estas cifras no se encuentran los miles de ellos que no son localizados, que malviven y mueren en la más absoluta indiferencia. Según la D.G.T. el año pasado se produjeron 3000 siniestros en los que el protagonista involuntario e indefenso era un can.

Es vergonzoso cómo en un país donde la tasa de abandono es sangrante, las autoridades no ponen límites al negocio lucrativo de seres con valor pero sin precio. Miles de voluntarios en España sacrifican su escaso tiempo y recursos económicos para recoger y cuidar a estos inocentes, intentando encontrarles un nuevo hogar. Una compañero humano fiel que respete y aprecie su derecho a vivir dignamente, que no le compra por unas monedas, que lo adopta y lo acoge como uno más de la familia.

Como dijo Woodrow Wilson: “Si un perro no viene a ti después de mirarte a la cara, es mejor que vayas a casa y examines tu conciencia”.

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