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El timón de la cultura en la Unión Europea

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
martes, 12 de enero de 2010, 09:35 h (CET)
Europa es una diversidad cultural aún sin explorar. Una mina de tradiciones, de artes escénicas, plásticas, religiosas o lingüísticas, que deben extenderse a la humanidad. Conserva un paisaje de misceláneas singulares y de sensaciones heterogéneas, todavía por descubrir y acoger como incentivo de recreo y diálogo. Sin duda, pues, es un acto de justicia que la Unión Europea quiera mantener la multiplicidad, fomentarla y hacerla accesible al resto del mundo. Abrirse en verdad a todas las lenguas, creencias y costumbres, aparte de favorecer el entendimiento, nos enriquece como pueblo europeísta. Una Europa que respete la cultura de su ciudadanía y se injerte con otras culturas, en un proceso libre de intercambio de dones, allana caminos a la comprensión. La cultura es el timón que mueve los corazones. Ya se sabe que un espíritu cultivado puede mirar las cosas desde muchos puntos de vista y que, con estas mimbres de la sabiduría, siempre será más fácil entrar en razón y conducirse bajo este sentimiento.

El invento de la capitalidad cultural europea, con veinticinco años de vida tras de sí, debe tomar raíces y conciencia crítica. Será efectivo, lo de la capitalidad, en la medida que se radiografíen las gestas, folklores, leyendas; en suma, estilos de vida de su ciudadanía. Las gentes deben sentirse protagonistas en el reflejo de las hazañas artísticas, pictóricas, musicales… Este año, las ciudades europeas de Essen (con la región alemana del Ruhr), Pécs (ciudad del sur de Hungría), y Estambul (Turquía), han sido las elegidas para presentar al mundo un creciente programa repleto de eventos. Los organizadores del programa del Ruhr quieren contribuir a rehabilitar esta región del oeste de Alemania. Hace un siglo, sus numerosas acerías y minas de carbón la convertían en la mayor zona industrial de Europa. Hoy sus abandonadas fábricas, altos hornos y canales industriales acogen museos y atracciones turísticas. Estambul apuesta por su tradición como encrucijada de civilizaciones y puente entre Europa y Asia. La ciudad húngara de Pécs hará gala de su rico patrimonio multicultural. Escenario histórico de encuentros entre comerciantes y ejércitos venidos de todo el continente. Esta población desea estrechar lazos con los países vecinos (sobre todo de los Balcanes) para convertirse en centro cultural de la región.

También la presidencia española de la Unión Europea quiere apostar fuerte por la cultura. Junto al refuerzo de la identidad cultural de los pueblos de Europa, los objetivos de la cultura como factor de desarrollo local y regional y el impulso de los contenidos culturales y creativos en el entorno digital. Si ciertamente se quiere contribuir al florecimiento de todas las culturas europeístas, lo primero a considerar es el respeto a la diferencia, a la diversidad cultural, inyectándole valor a esa multiculturalidad. La cultura europea para que sea relevante tiene que ser más valorada por los diversos poderes nacionales y europeístas e incluso más responsable con sus creadores. No lo está siendo en absoluto. La Unión Europea tiene que propiciar más directamente la cooperación entre las artes de las diversas culturas, prestar más atención en su ámbito de intervención comunitaria, sobre todo a la hora de la conservación y protección del patrimonio cultural de importancia e identidad europeísta y en la transmisión de la cultura creativa. Hay que seguir avivando el diálogo intercultural para que el escenario europeísta no se divida y se afiance, junto a una economía de mercado sostenible, otras ramas humanas tan vitales como el conocimiento y la creación.

Sería una buena noticia para este 2010 que “el sello del patrimonio europeo” se hiciese realidad. Con este nuevo programa de cultura europeísta, aparte de la valorización y promoción, se podrían salvar patrimonios notables europeos que necesitan ayuda para poder salvaguardarlos. Por cierto, España figura como uno de los países que menos protegen y cuidan su patrimonio. Sin embargo, todo hay que decirlo, la iniciativa del “sello” es un trabajo impulsado por España y Francia desde 2006. Asimismo, la Comisión Europea también está trabajando en un libro verde de industrias culturales. Podría ser otro gran avance, pero habría que poner límites para no caer en el retroceso; por ejemplo, en la capacidad manipuladora de la industria cultural. Las culturas tienen mucho que aprender unas de otras y la imposición de industrias con determinados puntos de vista y valores, pueden dar lugar a un imperialismo cultural.

De todas maneras, mientras se perfila la nueva economía europeísta, hay también tres temas culturales de la agenda europea que se abordarán en el Consejo durante la Presidencia española: el cine digital, la biblioteca digital europea y contenidos creativos en línea. Que “la brecha digital” no afecte a la Europa de los pueblos, de entrada me parece, igualmente, una noticia positiva. Al fin y al cabo “la brecha digital” es una forma de discriminación que separa a los ricos de los pobres, tanto dentro de las naciones como entre ellas, sobre la base del acceso o no a la nueva tecnología de la información. Ahora bien, si nuestra aspiración es la de estar conectados al arte y al conocimiento, ya sea literario o científico, el derecho a esa cultura no debe implicar que esa sapiencia sea gratis. A los creadores de esa cultura les debe proteger la propiedad intelectual, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. No a la gratuidad cultural, ya está bien. Una cultura regalada no se valora, ni se considera, y para colmo de males, suele vestirse de arbitrariedad.

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