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Las rutas de la nueva sociedad

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 11 de enero de 2010, 01:20 h (CET)
La sociedad se está rompiendo o divorciando. En realidad, siempre estuvo rota o dividida entre buenos y malos, entre progresistas y carcas, entre creyentes de un Dios u otro, entre rurales y cosmopolitas, entre halcones y palomas y, en fin, entre cuantas cosas contrarias hay. La división siempre ha sido la operación favorita de la especie humana, y, ahora, sucede un poco lo mismo con este Sistema que se agota.

Ya pocos –y todos ellos con no demasiadas luces- son los que ignoran que Izquierda y Derecha son los brazos de la misma bestia, que blanco y negro son matices de la piel del mismo monstruo, y que no importa del par de contrarios del que se trate, son artificios del Sistema para seguir adelante y perpetuarse, porque el Sistema lo controla todo desde hace algunos años, especialmente la información. No en vano Alemania perdió la II Guerra Mundial pero la ganaron los nazis. Nazis fueron los que desarrollaron el Programa Espacial de la NASA y de la URSS, los que crearon los platillos volantes, los que establecieron las bases de la propaganda que nos uniforma y fueron los maestros en el control de la información, así de la que aparentemente y de forma inocua se promovía desde las editoriales como de la que cada día llenaba los diarios (y hoy, televisiones). Los nazis manejaron su sociedad, tal y como hoy se maneja la nuestra: exactamente igual. Si aquéllos creyeron bueno y justo exterminar gitanos, judíos, disminuidos o disidentes, hoy los objetivos son los mismos, aunque centralizados en quienes aún están en gestación; si los nazis crearon escalas sociales y segregaron a unos sobre otros, tal cosa sucede hoy con las leyes mal llamadas de género o de discriminación positiva; y si aquéllos controlaron a quienes pensaban, creando listas negras y cierto tipo de gulags para ellos, tal cosa, acaece hoy, por más que se use guante blanco y los gulags sean prisiones de silencio o de ninguneo.

Nada escapa a la influencia de aquel pensamiento nazi, y, aun siendo poco observador, cualquiera puede constatarlo en cualquier aspecto de la sociedad que nos concierne. Incluso en breve -ya hizo Mabus algún comentario en este sentido- tendremos una sociedad y un credo mundial, bajo un gobierno que, con o sin cruz gamada, controlará todos y cada uno de nuestros movimientos. Las cámaras están instaladas, los satélites en órbita, el escenario bélico preparado y los chips listos para ser insertados. Pero los hay que se niegan y resisten.

Los disidentes, la otra facción de la humanidad que no se plegó a los nazis ni se pliega a esta nueva versión de lo mismo, buscan nuevas rutas de rebeldía y comunicación, lejos de los medios controlados por el Sistema, lejos de esas editoriales que difunden mediante premios trucados la ideología del Sistema, la nada a la que nos quieren recudir, y se intercambian archivos, ponen sus ideas al alcance de sus semejantes en los márgenes de Internet o las difunden en restringidos ámbitos de auténtica libertad. La sociedad ésta no funciona como la otra. Ha quedado sobradamente constatado que en los ámbitos del Sistema no hay libertad alguna, que quienes en su dominio operan han de comulgar con sus principios, ponerse el código de barras en la frente y aleccionar a los demás, ya sea desde el conformismo o el cínico inconformismo. Los pensantes, por pensantes, ya están al tanto de esto, y prefieren buscar lo que desean en los tenderetes ajenos al Sistema, bajarse una buena novela de Internet a alimentar al sistema comprándola en una librería. Los establecimientos del Sistema, después de todo, sólo venden artículos del Sistema.

Hay una sociedad libre que late y piensa bajo la sociedad alineada; se alimenta con otros pensamientos, busca otras rutas para moverse y declarar su libertad, se nutre de otros frutos que los contaminados por el alienalismo y la vacuidad de un Sistema que lo quiere someter. Una sociedad subterránea que sabe que ninguna solución a nuestros problemas puede venir de la corrupta sociedad oficial que los produjo, que no vota, que no se traga sin más cuanto escucha, que no recurre a las vías caducas hacia las que les empujan los poderes del pan y circo, y que renuncia a modos y maneras que ya no son válidas para su realidad: se niegan a ser manejados, instrumentalizados, convertidos en bienes de consumo o en esclavos que sostengan a los poderes corruptos que nos dominan. Han abierto nuevas vías de comunicación y de expresión que son del todo ajenas a las oficiales, y el Sistema se ha alarmado, tiene miedo de que prospere, de que cuaje en algo real y anule el ajedrezado tradicional de las logias iluminadas.

Por todo ello, el Sistema, ha desplegado todo su márquetin para proclamar esperanzadores Mabuses, SGAEs que controlen y limiten la libertad de los libérrimos, leyes prohibicionistas y coercitivas, y mil artificios que procurarán anular los movimientos de esta sociedad paralela que, habiendo ya nacido, ni cree en sus guerras falsas, ni en sus crisis mentirosas ni en sus sofismas. Quieren música, y se la cambian, ceden o regalan; un libro de calidad, y se lo bajan directamente desde sus autores; hablan, conversan, crean redes de comunicación libres, sin limitaciones ni condicionados previos donde se puede gritar y hasta donde es ventajoso el exabrupto. Las tecnologías de los vencedores de la II Guerra Mundial se están empleando contra los vencedores de la II Guerra Mundial. Nuevas vías se están abriendo, y por ellas respira la sociedad más libre y prometedora: la sociedad del futuro.

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