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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

… y cuando lo llenan todo de soledad, lo llaman paz (Tácito)

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 11 de enero de 2010, 01:08 h (CET)
Creo, firmemente, que el Ejército español es la institución que, con diferencia, se ha distinguido más por su gran labor, a través de los siglos, en la defensa, conservación y mantenimiento de las más esenciales virtudes del pueblo español. Son incontables las muestras de valor, heroísmo y entrega por la Patria de los miembros de la milicia, que han tenido lugar a lo largo y ancho de la geografía española y desde los mismos albores de nuestra Historia hasta épocas recientes, en las que el valor, el deprecio por la vida y el amor a la bandera han sido norte de nuestros soldados a ala vez que motivos de orgullo para todo español que se precie de amar a España y que se sienta satisfecho de pertenecer a un país que cuenta con un palmarés tan brillante en la Historia mundial. Por ello nos duele que, en los tiempos que corremos, de la sensación de que, por parte del Gobierno que rige los destinos de la nación, exista una cierta tendencia a desmerecer la labor de nuestras unidades militares y el restarles el reconocimiento a sus acciones que verdaderamente se merecen. Porque los que están dispuestos a morir por España deben ser tratados como soldados y no como meros emisarios encargados de misiones de pacificación, tarea que corresponde a organizaciones humanitarias y civiles.

Debemos decir que, la principal humillación que se le inflingió a nuestras Fuerzas Armadas fue, sin duda, el ponerlas a las órdenes de una señora que, entre otras “cualidades”, tenía la de ser antimilitarista, catalanista y contraria a la guerra de Irak. Como ya he dicho en otras ocasiones, es evidente que el señor ZP la colocó en el cargo de ministra de Defensa con una misión concreta y perfectamente definida consistente en procurar desmontar todo el entramado de disciplina, amor a la patria, orgullo por la profesión, sentido del deber, obediencia a sus superiores y convencimiento de que su misión básica estaba en cumplir los cometidos expresos que, la Constitución de 1978, les atribuye en su artículo 8º: “ Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”; de forma que cualquier alusión a la palabra “guerra” quedara desterrada del léxico militar, para ser sustituida por la menos impactante, descafeinada e inofensiva expresión “misión de paz”, en la que se han convertido todas los cometidos que nuestras fuerzas armadas vienen realizando fuera de nuestras fronteras. Es obvio que la señora Chacón se ha dedicado, en cuerpo y alma, a seguir las directrices de su jefe de filas y, en cada ocasión que puede, en que se le presenta la oportunidad o en la que le dejan meter baza, introduce el bisturí de la desafección para intentar desvincular a los militares de aquellos principios básicos, entre ellos el honor y el amor a la Patria, que les fueron inculcados en las academias militares cuando todavía no estaban infectadas por el virus socialista.

Es evidente que, en España, quedan militares que representan el verdadero espíritu del Ejército español; nadie duda de que en nuestras FF.AA. hay muchos oficiales, de distintas graduaciones, que están en desacuerdo con la política del gobierno socialista; es posible que muchos militares se sientan ultrajados y vejados por verse tratados como meras ONG’s y no como soldados que se juegan la vida en sus escaramuzas con los talibanes, pero, de lo que no me cabe la menor duda es de que, una buena parte de la milicia ve con asombro, incredulidad y sorpresa, como España está sometida a la voluntad de aquellas organizaciones separatistas que, cada día con más intensidad y descaro, están avanzando en la tarea de convertir a nuestra nación en un conglomerado de pequeños países, con distintas lenguas, con distintos gobiernos y con distintos posicionamientos políticos. Naturalmente que, se mire como se quiera mirar, esta situación a la que estamos abocados si nadie lo remedia, nada tiene que ver con lo que la Constitución tiene previsto, no sólo en cuanto a la lealtad que las distintas comunidades deben de mantener como partes integrantes de España, sino tampoco con el mandato que se les ha conferido a los militares de velar por su soberanía e integridad territorial y hacer cumplir el ordenamiento constitucional.

Si SM el Rey, en la Pascua Militar, ha dicho que el Estado debe de estar preparado para afrontar “de manera dinámica amenazas complejas e inciertas” refiriéndose a nuestra presencia militar en el ámbito internacional, aludiendo al terrorismo; algunos nos preguntamos, ante recientes y preocupantes acontecimientos ocurridos en Catalunya
(consultas separatistas en 160 municipios) o, en Baleares, donde que quemaron, impunemente, banderas españolas ante la pasividad de las autoridades y, todo ello, acompañado de gritos secesionistas de “no queremos ser españoles”; si, aparte de preocuparse por nuestra actividad de guardianes de la salud de Europa, no sería útil que echase una mirada a los que está sucediendo dentro de la piel de toro, para advertir a nuestro Ejército de que, también en casa, se perfilan con claridad verdaderas amenazas para nuestra unidad, para el cumplimiento de las normas constitucionales ( hace tiempo que se están infringiendo en materias como la lengua, la educación y los derechos de los padres a la educación moral de sus hijos) y, sin duda, para el mantenimiento de nuestra soberanía, amenazada por las, cada vez más temerarias y osadas, actividades de los grupos independentistas.

Verán, seguramente estoy influido por lo que era la milicia de otros tiempos, pero eso de que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, después de esquivar preguntas de un periodista sobre si era guerra o no lo de Afganistán, como única salida se le ocurriera decir: “cuanto antes nos podamos marchar mejor”, a mi me suena a poco “heroico”, a muy acomodaticio, vamos, que sería como si un trabajador dijera que lo mejor sería no ir a trabajar. Y es que, a veces, nos preguntamos si tanta pacificación, si tantas ONG’s, si tanta misión de paz y tanto preocuparse para convertir a los soldados en “ciudadanos” con derecho a discutir las órdenes de sus superiores; si tanto minar la disciplina y tanto sindicalismo dentro de las FF.AA, resulta ser lo más conveniente para un Ejército que tiene por misión defender a la patria. Los españoles nos deberíamos preocupar y el principal partido de la oposición, el PP, también, de lo que están intentando hacer la señora Chacón y el PSOE con los militares; porque mucho nos tememos que algunos mandos de la milicia se hayan olvidado de lo que les tiene encomendado la Constitución de 1978, acomodados a esta plácida vida a que los ha confinado el Ejecutivo de ZP. Las FF.AA tienen el deber de estar vigilantes, alerta y prevenidas, porque el mandato constitucional no las supedita a las autoridades civiles en cuanto está en peligro la soberanía, la unidad e integridad de este país, al que algunos aún llamamos España. Quizá, de tanto poner la vista fuera de nuestras fronteras, pueda suceder que el cáncer de la disgregación lo tengamos en casa, entre nosotros mismos y que, si el bisturí no corta con precisión y decisión todo aquel tejido canceroso, lo más probable es que se produzca una metástasis, contra la cual las medidas pueden ser dolorosas y, muchas veces, ineficaces. Mutatis mutandis la situación actual de España tiene similitudes con épocas históricamente no muy lejanas.

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