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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Chris Dodd, el tipo que no se anda con chiquitas

David S. Broder
David S. Broder
lunes, 11 de enero de 2010, 01:07 h (CET)
WASHINGTON - Durante las tres últimas décadas que vengo cubriendo la política de Washington, nunca hubo un momento en que no pudiera contar con la opinión franca de Chris Dodd. No importaba que la pregunta se refiriera a unos comicios a la Cámara de Connecticut o las posibilidades presidenciales de alguien o las esperanzas de aprobación de algún gran proyecto de ley en el Senado, siempre había respuesta - directa, rápida e informativa.

En todo ese tiempo, no recuerdo haber hecho nunca un favor a Dodd. Nunca escribí una columna de elogio. Nunca me imaginé que hubiera una relación más estrecha con él que con cualquiera de mis colegas y competidores. Hasta donde sé, mi relación con el Senador Dodd no era diferente a la de cualquier otro periodista - excepto quizá por su duración.

Así que llegué a la conclusión de que mi experiencia con él era simplemente un aspecto del carácter de Dodd, una voluntad de tratar directamente con las personas y sus peticiones y una confianza que se prestaba fácilmente a menos que se abusara de ella.

Obviamente, un político de ese carácter es muy atractivo para los periodistas, por lo que me cuento entre los admiradores de Dodd. Pero lo que más me importaba era lo que le veía hacer en el estrado del Senado.

Cada vez que estaba allí y había pendiente una votación, Dodd estaba yendo y viniendo por el lado Demócrata del hemiciclo (y algunas veces también el Republicano) verificando el sentido de los votos. Muchos senadores se dedican a ello, pero pocos lo hacen con la pasión o la intensidad que Dodd aporta a casi todos los debates en los que se involucra.

Creo que esta intensidad se debe a sus orígenes como Demócrata acomodado de origen humilde cuya lealtad se decanta claramente hacia los obreros y obreras a los que representa y a sus sindicatos. Como su amigo Ted Kennedy, Dodd disfruta de un buen whisky y de la compañía de mujeres atractivas, pero sus gustos de burgués nunca comprometieron su lealtad a los rigores del Partido Demócrata en el seno del cual fue prosperando.

Sus causas son las más simples. Nunca pudo justificarse por qué, en este país rico, debemos permitir que los niños enfermen o mueran porque sus familias no pueden permitirse tener un seguro.

Así que volvía al estrado del Senado, una vez tras otra, año tras año, pidiendo a sus colegas que amparasen a más niños en los programas públicos subvencionados - forzándolos por vergüenza o empleando la táctica que fuera necesaria.

Cuando Dodd habla, los demás senadores escuchan. Él tiene el don de la palabra, y lo ha pulido en sus muchos años en el Capitolio. Eso es lo que más se echará de menos cuando se jubile este año.

¿Es necesaria esta jubilación? Los Republicanos (y algunos observadores independientes) afirman que Dodd seguramente habría sido derrotado de haberse presentado a otro mandato en noviembre. Yo no estoy tan seguro de ello. Un ex secretario de estado Republicano de

Connecticut hace mucho tiempo me dijo que pensaba que Dodd era el mejor político del país, con gran ventaja. Puede que haya descubierto la forma de sacarlo.

Pero con Richard Blumenthal, el ex reportero del Washington Post que lleva años esperando la oportunidad de presentarse al Senado como fiscal general de Connecticut, algunos Demócratas se sienten aliviados por la decisión de Dodd.

Lo que sé es que el Senado será un lugar más pobre, tanto en términos humanos como políticos, sin Chris Dodd en su plantilla.

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La respuesta del Presidente Obama al atentado frustrado de Navidad confirma mi convencimiento de que este suceso fue un verdadero toque de atención para él. Su ira justificada porque el complot no fuera descubierto antes por la Inteligencia norteamericana le empuja a exigir más a sus colaboradores - y es una precondición de un mejor rendimiento en todo. El Congreso y sus comités de Inteligencia pueden intervenir provechosamente ahora para garantizar que las consecuencias prometidas se materializan.

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