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El virus de la necedad
Víctor Corcoba
Andamos siempre en vueltas y revueltas sin preguntarnos el por qué, para qué y por quién.
Afirmamos y nos reafirmamos, sin escuchar ni escucharse asimismo. Lo sabemos todo y todo es nada, cuando nada se medita y nada se duda.
No basta querer hay que saber amar. No basta saber hay que ser sabio. Y el sabio observa, mira y calla, porque calza muchos puntos de vida; tantos como deseos, tantos como mundos.
Mundos diversos y diversidad humana en los que hay que pensar colectivamente y sentir que uno tiene que ser él mismo, con la humildad de no ser nadie sin el otro.
Saber, pues, es conciliar lenguajes, reconciliar lenguas y hablar lo justo, recordarse que uno se debe a los demás, y acordar que el débito exige respeto.
Sólo así la necedad, causa de mil males, pasará a ser historia que no mueve labios. Saber más es entenderse mejor.
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