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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Umbrales de la dignidad

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 11 de enero de 2010, 01:00 h (CET)
La repetición de una cantilena, aunque se tratara de palabrería vacía o estropeada, la presenta como una verdad indiscutible. ¡Así ocurre con tantas cosas! Pues bien, con TRETAS semejantes, nos vienen vapuleando los teóricos y practicones que nos zarandean. De no cambiar las maneras, vamos a terminar ahogados. ¿Quién será capaz de mantener el resuello con las abrumadoras manipulaciones que se propagan? No se llegan a encender las alarmas, los múltiples disimulos de una facción y la pasividad del otro bando, permiten cualquier realidad. Lamentable, pero real.

El afán de dominación no es algo novedoso. Si antes era más directo y a lo bruto, ahora se disfraza bajo ropajes distintos, nos engañan de muchas maneras. Con algún beneficio o satisfacción nos distraen, para colarnos abusos y deformaciones intelectuales. Las áreas afectadas abarcan contenidos variados. ¿Acaban convenciéndonos? ¿Nos timan? ¿El límite está a la vista? Michel Foucault pensaba sobre estos límites, umbrales epistemológicos; situaba lo tolerable ante el tope de la IMPOSICIÓN con la que traten de impedir nuestras aportaciones. Es decir, cuando nos ponen delante los conceptos, los argumentos y las normas para contrastar la validez de esos mismos procedimientos. Cuando todo lo dan hecho, no nos dejan cancha. La crítica o las comprobaciones no puede imponerlas el mismo que propicia el dominio. Por lo tanto, la detección de esa dominación impuesta es la principal alarma; ahí comienza la degradación de la dignidad para cada individuo en concreto.

Las cosas no son tan sencillas como pudieran parecer a la primera ojeada. Del blanco al negro se registra una enorme gama de colores. Con la precisión de los conceptos y las verdades sucede algo parecido; la complejidad dificulta hasta lo extremo la toma de posiciones. En eso radica la importancia de las informaciones aportadas y de los debates sein trabas, para el másximo conocimiento de lo tratado. Digamos que un FORO adecuado, libre de ocultamientos, se convierte en básico, si pertendemos una convivencia digna, donde cada uno se sienta partícipe y con capacidad decisoria. Esa zona abierta para la exposición de argumentos y críticas, no permite subterfugios. Sin embargo, con frecuencia, esos focos están cegados por intereses solapados, generalmente procedentes de los grupos rectores y poderosos.

Prescindimos con demasiada ligereza del BROTE VITAL que surge de cada persona; sin apercibirnos de que sin esa vitalidad, las grandes estructuras, instituciones o grupos de asociados, degeneran en unos entes inhumanos. Que raro resulta, en los tiempos modernos, la tendencia dirigida al estímulo de los brotes individuales. De ello deriva el deterioro progresivo de la mentada dignidad. ¿Consideramos desfasados los umbrales de uso habitual? No viene mal que nos planteemos esa pregunta, si contamos o no, como sujetos particulares.

Para el mantenimiento de las organizaciones comunes, la eficiencia de una solidaridad necesaria y los servicios convenidos, se hace imprescindible atender a los gastos originados. De por sí, este es un primer debate en torno a la cuantía del montante. Pero las cosas han ido mucho más allá, nos agreden con abusos y comportamientos desvergonzados, por no llamarlos robos auténticos y desfalcos, incluso legalizados. En ese sentido, el umbral de la USURA no debiera alcanzarse, y menos sobrepasarse; y lo hacen a diario. Como denominar sino a esos beneficios estratosféricos de los banqueros, con esos cobros voraces de cada operación bancaria con nuestro dinero. Con los partidos políticos y sindicatos, subvenciones, comisiones, empresas satélites camufladas; ocurre más de los mismo. Queda pisoteada la labor diaria de cada ciudadano. ¿Habrá que tolerar esas actuaciones para siempre? ¿No hay respuesta eficaz? ¿No debe haberla?

La bandera de la rendición tremola alrededor de las personas. La ilusión y la tenacidad mantienen la reserva para superar esa tentación. Por el contrario, en determinados momentos, cuando acucian y se acumulan los problemas, suelen fallar esas reservas y la personalidad del protagonista se rinde, se siente superada por los acontecimientos. Se acomoda al son de los posicionamientos pergeñados por ciertas agrupaciones; se adhiere a las manifestaciones de los artistas sectarios, se arrastra tras las proclamas políticas con intereses camuflados, se confía al sentir de grupos sacerdotales con mucho perfil político a costa del religioso; en algunas ocasiones se introducirán en grupos mejor enfocados. En cualquier caso, esa cesión supone su integración en posiciones ajenas. Requeriría el establecimiento de otro umbral, el de PERTENENCIA. Dado que estas cesiones provocan consecuencias, a veces graves para la sociedad, se echa de menos una mayor elaboración del razonamiento crítico individual, consecuente e intransigente; de manera especial, a la vista de los manejos con poco fundamento. Suele cederse la responsabilidad de uno, en aras del grupo, con la excusa de esa pertenencia. Se diluye la presencia personal digna.

Para mantener el decoro de la presencia humana, la intervención de cada persona, hemos desplegado la conveniencia de poner alguna frontera frente a los abusos o las desviaciones lamentables. Del mismo modo, se aprecia la conveniencia de elevar el listón, o como mínimo pretenderlos; para que sirva de estimulante, de reto positivo al que debamos aspirar y sobrepasar. El umbral de COHERENCIA servirá para este propósito, pero exige un mínimo de voluntad por parte de cada individuo. Si este se encuentra a gusto como “nulidad”, su dignidad se elevará muy poco desde el cero absoluto; pese a lo extremo de la actitud, se observan muchos ejemplos vivientes. La coherencia se entiende en referencia a unas aspiraciones. Dicho de otra manera, no basta con la reclamación de unos derechos, que quizá antes no se defendieron o incluso se menospreciaron; la dignidad exige anhelos primero y actividad en consonancia con las cualiidades de que se disponga. Se trata por lo tanto, de un umbral de participación activa.

Somos muy propensos a creernos la última bobada que circule por ahí, y circulan en abundancia; noticieros, redes sociales o tertulias de entretenimiento vociferante. Pero también suele exagerarse con el supuesto dato contrastado; una simple encuesta o una valoración estadística, pueden pretender la categoría de saber absoluto. El umbral del CONOCIMIENTO nos situa ante algunas verdades y adolece de misterios insondables por el momento. ¿Libros, ciencia, estadísticas? “Debajo hay cosas que ningún libro puede explicar”, escribió Stephen King, acostumbrado a bucear entre esas sensaciones limítrofes. A poca atención que prestemos, es notoria la importancia del filtro utilizado; de lo contrario, pensarán con acierto que las explicaciones frívolas son la cumbre de la sabiduría, que no existen resistencias a sus dislates.

Si no somos, las espaldas se ensanchan, puestas a cargar con casi todo, serviles y conformados. Si somos, habrá de percibirse ese contacto mágico por alguna parte. El umbral nos aboca a la terca disyuntiva un tanto hamletiana. ¿Hasta qué punto estamos presentes?

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