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Etiquetas:   Política   PSOE   -   Sección:   Opinión

PSOE: Gobernar o morir

Los partidarios de la abstención piensan mantenerse como líderes de la oposición
Mario López
jueves, 6 de octubre de 2016, 00:59 h (CET)
Se abstenga o no el PSOE, todo parece indicar que Mariano Rajoy no acudirá a la investidura. La sola abstención del PSOE pondría en serios aprietos a un hipotético gobierno del PP. Basta con ver lo que está ocurriendo estos días en el Parlamento para darse cuenta de ello. El PP, aún con el apoyo de C’s, ha sido incapaz de frenar las iniciativas legislativas de la oposición, iniciativas tan importantes como los proyectos no de ley para la derogación de la LOMCE o de la pena de prisión permanente revisable; de seguir el reparto de escaños en el Parlamento tal y como está configurado ahora, difícilmente el PP podría sacar adelante una sola ley de su cosecha. Mariano Rajoy es consciente de que, en el caso de ser investido presidente del gobierno, su mandato sería un auténtico vía crucis y ese será el argumento que esgrimirá cuando el PSOE acepte abstenerse para declinar acudir a la investidura. El PP necesita ir a unas terceras elecciones para conseguir la mayoría necesaria que le permita gobernar en condiciones favorables y eso es lo que hará.

Los socialistas partidarios de la abstención probablemente no lo ven así y piensan que Mariano Rajoy, con su abstención, se convertiría en el presidente del Gobierno y ellos mantendrían el liderazgo de la oposición. Pero el problema es que a Mariano Rajoy no le salen las cuentas; probablemente (aun a sabiendas de que su proposición es absolutamente inaceptable para el PSOE) volverá a proponer a los socialistas la formación de un gobierno de coalición, la Gran Alianza. De esta manera, el PP se garantiza ir a las terceras elecciones cargándole al PSOE la responsabilidad de haberlas forzado.

Si el PSOE se abstiene, perderá gran parte de su electorado y tendrá que enfrentarse a unas elecciones en las peores condiciones imaginables. Si no se abstiene, será acusado de forzar las terceras elecciones y provocará una ruptura dentro del partido de una magnitud impredecible, con lo que también acudirá a las elecciones en unas condiciones lamentables.

Descartada la Gran Alianza, la única salida que le queda al PSOE es intentar formar gobierno con Podemos y los partidos nacionalistas/independentistas; algo que, si bien causa rechazo en muchos barones del partido, parece que está bien visto por la mayoría de su militancia y parece lo más razonable para un país que quiere el cambio y desea resolver los dos problemas más acuciantes a los que hoy se enfrenta: el territorial y el social, representado este último en la emergencia de nuevas fuerzas políticas surgidas de la indignación provocada por la corrupción y la desigualdad. Es una alternativa difícil que obligará a los dirigentes del PSOE a dar un giro radical a su discurso, pero es una alternativa que tiene futuro.

En definitiva, el PSOE se enfrenta a un gran dilema que solo a él le corresponde resolver: gobernar o morir.
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