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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Profesiones (I)

Ángel Morillo Triviño
Redacción
sábado, 9 de enero de 2010, 02:53 h (CET)
Según el diccionario enciclopédico Espasa, “Profesión” significa: Empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce públicamente.

Desde muy pequeño, mis maestros y mis padres me enseñaron que todas las profesiones son igual de dignas. Pero, ya de mayor, uno entiende fácilmente –y en los tiempos que vivimos más aún- que, para que sea bueno eso de “la excepción hace la regla”, hay, al menos, dos profesiones que atesoran poca dignidad. Quizás las dos más antiguas: La de prostituta y, al menos en la mayoría de los casos, la de político.

La primera, la de meretriz, refleja fielmente lo peor de la condición humana, ya que, entrega lo más grande del ser: el cuerpo y, en cierto modo, la voluntad. Y pone de manifiesto una despiadada falta de proceder y de sentido de la integridad, dándose al gozo de cualquier indecente acaudalado (cortesanas), de cualquier lujurioso degenerado (esquineras) y de cualquier machista pervertido (pelanduscas). Así pues, no, en absoluto, hay dignidad en esa profesión: Hay sólo podredumbre, miseria humana y degeneración. Quienes la practican –oficial y no oficialmente- son seres viciados que merecen el total rechazo de la sociedad. Por cierto que, España, tiene uno de los índice más altos del mundo de mujeres de la vida por número de habitantes, y sólo hay que darse una vuelta por el centro de Madrid o Barcelona para comprobar en que están convirtiendo las mejores zonas de transito de estas ciudades que, dicho vulgarmente, están invadidas por chulos y hetairas de todos las etnias. Seguramente, si tuviéramos el mismo número de médicos por habitantes que de éstas nos iría un poco mejor de lo que nos va.

La otra profesión indigna –que no debería serlo-, la de político, evidencia claramente (no sólo en España o Extremadura, sino en el mundo entero) otros de los peores aspectos humanos: La avaricia, el egocentrismo, el embuste, la traición (la famosa puñalada trasera), la asechanza, la demagogia, la conciencia errónea, la vileza, la explotación, la abulia en el trabajo, la glotonería sin límite, la mala educación, la perversión de los principios, el odio, la intolerancia y el abuso de autoridad y, por no alargarme más, todo lo que huela a falta de sensibilidad y aprecio por los semejantes.

Olvidándonos de la profesión de mujer pública, que no condicionan la vida de la mayoría de los ciudadanos, me centraré en la de político –politicastro, generalmente- que sí tienen mucho que ver, obviamente, en el desarrollo de la sociedad. Y, como para muestra con un botón basta (en este caso tres “botones”), haré un breve semblante de los personajes –trío de “Ases”- que en mi opinión han marcado el triste devenir en que nos hallamos en Extremadura y en España. En Extremadura porque es donde nací y donde vivo y en España porque es mi País).

De los años de “democracia” que llevamos (¿32?), ellos, si mal no recuerdo, han “mandado”, entre los dos nacionales, las tres cuartas partes de los años. Y casi la práctica totalidad de estos en el caso de Extremadura.

De uno de ellos (ex Presidente nacional) tenemos que estar los españoles muy agradecidos, ya que, cumplió su promesa y se fue a los ocho años. Claro que, menos mal, porque en esos años hizo de todo lo que se puede hacer para acabar de destruir, de arruinar diría, un País que, por otra parte, estaba ya muy tocado cuando él llegó:

Se flexibilizó el mercado laboral, ahondando la precariedad; mientras los beneficios empresariales crecían por encima del 30%, los salarios aumentaron por debajo del 3% y su aumento era menor al de los precios lo que dio como resultado que el poder adquisitivo de los trabajadores se redujese un 4% (único caso en la UE); los contratos temporales aumentaron hasta llegar a representar uno de cada tres puestos de trabajo, siendo esa cifra un 250% superior a la media europea; el salario mínimo interprofesional (SMI), que la UE recomienda en la Carta Social Europea sea igual o mayor al 60% del salario medio del país, en España alcanzaba el 34% en el año 2000, situándose en 424 € mensuales en lugar de los 742 € necesarios para cumplir con las recomendaciones de la UE (actualmente, una década después, ¡increíble!, aún no llega ni siquiera a esa cifra).

La modernización del sector público empresarial del Estado, la sistematización de las privatizaciones, trajo como consecuencia que Telefónica, Endesa, Aceralia, Argentaria, Tabacalera, Repsol y Gas Natural dejaran de ser propiedad del Estado; el precio de la vivienda no dejó de aumentar, hasta un 28% en tan solo cuatro año (eran los prolegómenos de la que se nos venía encima).

Recibió una huelga general porque, entre otras cosas, trató de culpabilizar a las personas en paro de su situación, una situación involuntaria de la que los trabajadores son exclusivamente víctimas.

El caso del “prestige”, durante su mandato, se saldó como el mayor desastre ecológico de España y el tercer accidente más caro de la humanidad sólo por detrás de la desintegración del Columbia y el accidente nuclear de Chernobyl pues costó 12.000 millones de dólares.

Del accidente del Yak-42 mejor no hablar, todavía colea. Y del medio ambiente que decir: su gobierno firmó el protocolo de Kioto en 1998, a pesar de la postura negacionista del presidente sobre el cambio climático antropogénico. Las emisiones de gases de efecto invernadero en España aumentaron, superando en 2000 un 32,7% el máximo permitido, incumpliendo así lo pactado.

Sin olvidar la participación española en el bombardeo de Yugoslavia llevado a cabo por la OTAN durante diez semanas en el que murieron al menos 500 civiles.

Pero aún así, no se conformó y nos metió en una guerra (la de Irak) única y exclusivamente por su sentido agudizado de servilismo hacia el poderoso para, como un fans cualquiera, salir junto a él en una foto; sin tener en cuenta el sacrificio económico que eso conlleva y, peor, peor, peor, el posible sacrificio humano de muchos de nuestros jóvenes, amén de las posibles repercusiones –como luego pudimos comprobar y tuvimos que llorar todos- del fanatismo árabe. Y, haciendo gala de una imbecilidad supina, este prójimo se encargó de recortar derechos de los trabajadores, de las mujeres, de los mayores y de todos los que no comulgaban con sus teorías neoliberales para favorecer al empresariado explotador y usurero mayormente. Y se convirtió en un farsante negociador a escondidas con el terrorismo y en un baluarte de apoyo a dictaduras y al fomento de golpes de estado, sin olvidar, la flagrante manipulación de todo tipo de información periodística y de radio y TV durante su mandato, como, así mismo, el proteccionismo a la arbitrariedad para favorecer eso que los aficionados al futbol llaman “la casa blanca”. Y, por supuesto, ni que decir tiene que no solucionó el problema del paro, ni el de los bajos salarios, ni el de las pensiones, ni el de… ninguno, excepto el de alimentar a una cuadrilla de explotadores y fachas de la peor calaña y de, con su chovinismo inmundo, producir grandes dosis de miedo y de resignación. Su famosa frase de ¡España va bien! fue el hazme reír de los españoles y la comidilla excepcional del chiste fácil de una persona –de un “As”- que se hizo acreedor al calificativo de “el peor Presidente de la nueva dictadura” (perdón, de la democracia”), y eso a pesar del patricio –el otro Ex Presidente nacional- que le había precedido y con el que iniciaré la segunda parte de este escrito.

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